miércoles, 19 de diciembre de 2012

ÁLVARO DE CASTILLA, LAS CONCEPCIONISTAS DE GUADALCANAL - 8


Manuel Maldonado Fernández
Revista Guadalcanal año 2012

-         13.464 de la renta de las huertas que tenían compradas.
-         5.200 de la venta de 11 fanegas de cebada, a 14 reales.
-         7.480 abonados por los padres de una de las novicias en concepto de gastos por alimentos correspondientes a los dos últimos años[1].
-         11.220 ídem por los tres últimos años.
-         7.480 ídem de otra novicia parienta del fundador, por los dos últimos años.
-         7.480 ídem de otra novicia no parienta, por solo un año.
-         22.440 ídem por tres años de una novicia no parienta.

Total cargos o ingresos: 2.955.008 mrs.; es decir, 86.912 reales ó 7.902 ducados, en unas fechas en las que el jornal, trabajando de sol a sol, estaba alrededor de 2, 5 reales.

        Como descargo, gastos o salidas justificaron una cantidad idéntica, según la siguiente relación, también expresada en maravedíes:
-         6.800 de la presentación de estas cuentas.
-         228.837 de gastos ordinarios, que concretan con precisión en un cuadernillo anexo.
-         165.384 de gastos extraordinarios (pescado, garbanzos, sal, habas y otros alimentos precisos para el sustento de la comunidad religiosa).
-         72.522  de gastos de sacristía, cera, monumento, vino etc.
-         5. 389 de la enfermería y medicinas.
-         14.076 de obras de conservación del convento.
-         15.487 de leña.
-         7.038 en papeles de escrituras, censos, poderes y otros gastos de escribanías.
-         202.708 del trigo comprado para el pan (246 fgas.).
-         20.400 del salario del mayordomo, un administrador imprescindible, dado la condición femenina y de clausura de las concepcionistas.
-         26.180 de salarios pagados a distintos cobradores de los censos.
-         10.200 del salario de tres años de dos mandaderas.
-         10.200 del salario del médico.
-         1.496 del salario del sacristán por un año.
-         21.930 al cura por misas en sufragio del alma del fundador (4 reales cada una).
-         6.120 ídem.
-         1.360 de otras misas.
-         35.734 de los entierros de tres monjas.
-         3.672 de pago por los sermones de las fiestas de la Concepción.
-         13.000 de un censo que el convento pagaba a un vecino de Llerena.
-         1.020 de otro censo.
-         66.300 de deuda con un mayordomo antiguo.
-         2.720 de deuda con un particular.
-         97.980 de un censo no cobrado de un vecino de Cazalla.
-         930 ídem.
-         39.270 ídem.
-         1.799.223 de impagos, según la primera anotación de cargos o entradas.

Total, 2.955.008 mrs. de salidas, dando cuentas con meticulosidad en distintas carpetillas de los apartados más generales de los contemplados.




[1] Es decir, antes de profesar las novicias pagaban su alimentación, en este caso reducido a la mitad por ser la aspirante parienta del fundador. Después, cuando profesaban, pagaban la dote, establecida en 224.400 mrs., o media dote, si se trataba de una profesa emparentada con el fundador.


domingo, 16 de diciembre de 2012

ÁLVARO DE CASTILLA, LAS CONCEPCIONISTAS DE GUADALCANAL - 7


Manuel Maldonado Fernández
Revista Guadalcanal año 2012

No disponemos de documentos que nos informen sobre las operaciones financieras iniciales. Las primeras noticias que tenemos al respecto corresponden a 1666, concretamente nos referimos a la presentación de cuentas concernientes al trienio 1666-69, que la abadesa tuvo que hacer ante el vicario general de la provincia de León de la Orden de Santiago, como estaba prescrito.
Según dichas cuentas, los ingresos del convento procedían de tres fuentes: los intereses o réditos recibidos por el capital que tenían prestado a censo, la dote que imprescindiblemente debía aportar la familia de las monjas profesas, más la renta de ciertas tierras que habían conseguido comprar hasta esas fechas (varias huertas y olivares, más un predio de 66 fanegas)[1]. Concretamente, éstos fueron los ingresos en el trienio considerado, expresados en maravedíes:
-         1.799.223 mrs. en deudas atrasadas que no pudieron cobrar sus antecesoras, correspondiente a distintos deudores que no pagaron los réditos de los censos[2].
-         37.400 prestados a un particular, tras la autorización del prior de la Orden de Santiago.
-         635.871 de los réditos de tres años pagados por el concejo de Llerena, al que, como ya indicamos, tenían prestados 13 mil ducados de plata.
-         15.300 de réditos cobrados de otro censo establecido con un particular.
-         5.400 ídem.
-         918 ídem.
-         20.400 cobrados del juro sobre las alcabalas de Fuente del Maestre. Se trataba de cierta deuda pública que entregó al convento el padre de una de las profesas, como pago de su dote[3].
-         11.220 cobrados de los réditos de un censo establecido con un vecino de Sevilla.
-         5.625 ídem.
-         5625 ídem.
-         5.610 ídem.
-         309.702 cobrados de réditos de otro censo establecido con el concejo de Llerena, por un principal de 60.720 reales[4].
-         28.050 cobrados de  réditos correspondiente a un censo establecido con un particular.



[1] AGAS, Sec. Justicia, Ordinario, Conventos, Leg. 3704 (13071), doc. 18.
[2] Se trata de una cantidad excesiva, propia de los años tan críticos que se vivían. Una buena parte de dicha deuda correspondía al concejo de Llerena, que llevaba varios años pagando sólo parte de los intereses de su censo.
[3] La dote estaba establecida en 600 ducados (6.600 reales ó 224.400 mrs.)
[4] Al parecer, este otro censo tuvo su origen en 1646, cuando el concejo de Llerena tuvo que dirigirse nuevamente al convento solicitando en préstamo a censo los 60.720 reales referidos.

viernes, 14 de diciembre de 2012

ÁLVARO DE CASTILLA, LAS CONCEPCIONISTAS DE GUADALCANAL - 6


Manuel Maldonado Fernández
Revista Guadalcanal año 2012

III.- EL CONVENTO DE LAS CONCEPCIONISTAS
Con tantos pleitos y desavenencias, parece ser que la primera comunidad de religiosas concepcionistas no se instaló en su convento y monasterio guadalcanalense hasta 1621, con monjas procedentes de Mérida, que tomaron en ese momento posesión del hospital, monasterio y convento, así como del capital que el fundador les había reservado para su decente mantenimiento. Al parecer, dicho capital ascendía a unos 20.500 ducados[1], que en aquellas fechas estaban prestados a censo al concejo de Llerena, según ciertas negociaciones establecidas entre don Rodrigo de Castilla Freyre, en nombre de su tío Álvaro, y dicho concejo[2].
        Instalada ya la primera comunidad de religiosa en su convento, don Rodrigo y el concejo de Llerena rompieron sus relaciones financieras para poner el dinero en manos de las concepcionistas. Y fue este momento en el que medió otro guadalcanalense enriquecido con el dinero procedente de Indias, ofreciéndose a prestarle dinero al concejo llerenense en unas condiciones de réditos más favorables, oferta que fue aceptada. El guadalcanalense en cuestión era Benito Carranco, personaje muy relacionado con la ermita y cofradía de Guaditoca, descendiente directo de Pedro Ortega Valencia,  aquel bravo paisano que intervino directamente en el descubrimiento y conquista de una buena parte de Oceanía, aprovechando esta circunstancia para dar el nombre de su villa natal a una de las islas descubiertas[3]. Esta intromisión de Benito dio pie a otro pleito, pues si bien en principio fue este último quien consiguió colocar su dinero a censo sobre los propios y rentas del concejo de Llerena, hubo una sentencia definitiva en favor de las concepcionistas, a resulta de la cual fue esta institución quien finalmente prestó a Llerena 13 mil ducados (4.895.000 mrs.) en las mismas condiciones ofrecidas por Benito, iniciándose así una relación crediticia del convento con el concejo de Llerena, que duraría hasta finales del XVIII.
Por lo tanto, al margen del carácter religioso y caritativo que debía presidir en la institución fundada por Álvaro de Castilla, observamos que el monasterio actuaba como una verdadera institución financiera y de crédito, con la finalidad de incrementar el patrimonio y garantizar su supervivencia a lo largo del tiempo.



[1] Ya se habían gastado otros tantos ducados en el levantamiento del hospital, iglesia y claustro, aparte de los derivados de los numerosos pleitos, sin que  se haya localizado  una clara contabilidad al respecto.
[2] AMLl, leg. 478-3, fol. 226 vto. y ss. Libro de Propios (1601-25).
[3] RUBIO VILLAVERDE, J., op. cit.

martes, 11 de diciembre de 2012

EL CANTO DE LA VERÓNICA

Semana Santa sobre 1930


 Desde hace unos días, varias personas se han interesado en Facebook, por el tema de la Verónica, que cantaba el Viernes Santo a Nuestro Padre Jesús y a Nuestra Señora de la Amargura.

Nuestra Asociación quiere aportar su granito de arena y ponemos a su disposición fotografías de la Verónica de varios años, tanto con las imágenes antiguas como con las actuales.
           
Semana Santa de 1950

En la reseña histórica que hace nuestro amigo José Miguel García, en la Revista de Guadalcanal del año 2004, aparece un acuerdo del Cabildo del 22 de Abril de 1957 que Dice: “…Se somete a votación el continuar o no, con el acto de la Verónica, “que en la Plaza y con letra antiquísima relataba algunos momentos de la pasión del Señor” y cuya votación resultó igualada. Decidiendo el voto del Sr. Cura Ecónomo de esta villa D. Félix Hidalgo Domínguez, el no seguir con la tradición antes dicha…”



Por lo tanto, debemos pensar que fue el año 1957 el último en que la Verónica cantó a las imágenes de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Guadalcanal.

La letra que la Verónica cantaba a Nuestro Padre Jesús, era la siguiente:

Dónde así, Jesús Divino,
camina su Majestad,
tan herido y maltratado
que me han movido a piedad.
Dónde, con ese madero,
que el peso os hace temblar,
caminas, siendo el desprecio
de la plebe desleal.
¡Oh! Quién pudiera, bien mío,
ayudaros a llevar
aquesa cruz con que el mundo
hais venido a remediar.
Ya ves que son mis culpas
la causa de tanto mal;
más si en esto os aliviare,
el rostro os he de limpiar.
Qué herido y qué renegrido
camina su Majestad,
siendo su rostro en gloria
alegría celestial.
Más si no hay otro remedio
y es preciso caminar,
al morir por nuestras culpas
será eterno mi llorar.

Al terminar el cante la Verónica, cogía un paño blanco que tenía guardado y limpiaba la cara del Cristo.


A continuación, a la llegada de la Virgen de la Amargura, le cantaba:

¿Dónde vais, Virgen María?
¡Oh! ¿Señora dónde vas,
tan triste y afligida
en tan triste soledad?
Si buscáis a vuestro Hijo,
por aquí pasó poco ha,
y para que veáis que es cierto
mirad aquí la señal.
(enseñándole en ese momento el paño donde aparece la cara de Cristo)
Este es, Señora, el retrato
que aquí quiso señalar,
con las inmundas salivas
de ciega gentilidad.
Más si queréis encontrarle,
volver los pasos atrás,
y veréis cómo lo han puesto,
de los hombres la impiedad.

Durante el tiempo que la Verónica cantaba a la Virgen, Nuestro Padre Jesús -todo en silencio- ha ido dando la vuelta a la Plaza, por lo que al terminar está muy cerca de la Virgen. Poco a poco volvían el paso de la Amargura, que quedaba frente por frente con el de Nuestro Padre Jesús.

El 25 de septiembre de 1981, grabaron en radio Alanís a doña Aurea Benítez Bravo, natural de ese bonito pueblo, que fue una de las Verónicas que cantó en Guadalcanal, creemos que no fue la última, ya que al principio de la grabación, dice que tiene 65 años y que hace 44 años que cantó en Guadalcanal, por lo tanto, sería por el año 1937 cuando cantó y según el acuerdo que indicamos al principio, fue en 1957 el último año del acto de la Verónica.

Hemos preparado un vídeo con imágenes actuales, al que hemos incorporado un extracto del cante que realizaba la Verónica, con la voz de doña Aurea Benítez, acompañada por Ramón Fernández, que pueden ver a continuación:



Animamos a la Junta de Gobierno de Nuestro Padre Jesús Nazareno, para que reponga este bonito acto de la Verónica, aprovechando que en la actualidad hay varias personas con voz suficiente para cantar, y unos músicos que podrían realizar un arreglo a la partitura que existía, para acompañarla con la flauta y otros instrumentos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

ÁLVARO DE CASTILLA, LAS CONCEPCIONISTAS DE GUADALCANAL - 5


Manuel Maldonado Fernández
Revista Guadalcanal año 2012

Álvaro de Castilla murió en 1614. En su testamento del 17 de septiembre de dicho año tomaba la decisión de fundar, junto con su mujer, doña María de Loya Menesse, un monasterio de concepcionistas en su villa natal, que debían instalarse en el claustro colindante al hospital e iglesia ya construidos. Para el mantenimiento a perpetuidad de sus monjas dejaba unos 20 mil ducados, los que quedaban de los 40 mil que al parecer mandó, una vez deducidos los gastos de las obras realizadas[1].
        Pero un año después se estableció otro pleito, en este caso por el patronazgo de la fundación, circunstancia que atrasó hasta 1621 la instalación de las primeras monjas en el monasterio y su claustro. Se disputaban dicho patronazgo doña María de Loya y Meneses y su sobrino político, don Rodrigo de Castilla Freyre. Doña María, enojada con este último al considerar que actuaba y tomaba decisiones como si fuese el patrón fundador, dio poder a don Pedro de Ayala (un guadalcanalense que había comprado a perpetuidad el oficio de veedor y obrero mayor de la Orden de Santiago; es decir, una especie de juez conservador de los edificios santiaguistas en su Provincia de León) para que administrase en su nombre dicho patronazgo, dado que ni ella ni sus hijas tenían intención de avecindarse en Guadalcanal. Alegaba doña María que su sobrino Rodrigo “era un simple y desnudo procurador variable (intermediario provisional) para la erección del convento y en ningún caso su patrono”, por lo que, tras la muerte de su marido, las instituidoras y patronas deberían ser ella y sus hijas.
El pleito pasó ante la autoridad competente, el juez eclesiástico ordinario (el prior de la Orden de Santiago en su Provincia de León, que solía residir en Llerena), quien dio la razón a don Rodrigo, alegando que si bien no dudaba de que el patronazgo correspondía a doña María, para ejercerlo era imprescindible su avecinamiento en este reino de Castilla, circunstancia que no se daba.



[1] AGAS, Justicia-Ordinarios, leg. 3716, doc. 20. Pleito por el patronazgo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

ÁLVARO DE CASTILLA, LAS CONCEPCIONISTAS DE GUADALCANAL - 4


Manuel Maldonado Fernández 
Revista Guadalcanal año 2012

Pues bien, Álvaro de Castilla fue uno de los que no pasó desapercibido, ocupando en la administración americana un puesto de responsabilidad, circunstancia que le permitió enriquecerse notablemente. La primera noticia que tenemos sobre este personaje corresponde a su embarque a Indias en 1567[1]. Más adelante, seguramente aprovechando el aprendizaje que tuvo nuestro paisano en la importante explotación minera de Guadalcanal, nos lo encontramos como alguacil mayor de la minas de Guanajuato (Méjico), cargo de extraordinaria importancia y de magro rendimiento pecuniario[2].
Por ahora no hemos podido averiguar otras circunstancias relevantes sobre su aventura en Méjico, salvo el hecho contrastado de su matrimonio con doña María Loya Menesse, con la que tuvo dos hijas (Agustina y Leonor), asentadas en Guanajuato y sin intenciones de incorporase a estos reinos peninsulares de la corona de Castilla. Por esta circunstancia, deducimos que los intereses pecuniarios en México de Álvaro y su familia estarían muy por encima de los 40 mil ducados que mandó a su hermano Rodrigo para que en su nombre fundara el hospital, claustro y monasterio de las concepcionistas, como más adelante narraremos.
Y el envío de dinero ya empezó a producirse gradualmente desde 1599, en un primer momento con la exclusiva finalidad de fundar un hospital para pobres y transeúntes, institución a la que progresivamente añadió una iglesia-monasterio, concluyendo con la fundación del claustro concepcionista que nos ocupa. En efecto, ya en 1599 Álvaro mando una primera partida de 140 marcos de plata, con un valor de 309.600 mrs.; el mismo año le siguió un segundo envío de 166 marcos, equivalentes a 367.550 mrs. Continuó en 1600, mandando en esta ocasión 3.688.596 mrs., completando en 1604 un total de 14 millones largos de mrs., equivalente a unos 40.000 ducados (cuando un jornal de la época rondaba los 30 mrs.[3]), todos ello a nombre de su hermano Rodrigo de Castilla y con las finalidades descritas[4].
En 1606, muerto en Guadalcanal Rodrigo, su hija Isabel se ocupó del encargo de su tío Álvaro, para lo cual contrató a un albañil (maestro mayor de fábrica) sevillano, un tal Juan Ruiz Castejón, con el que tuvo meses después de iniciada la obra ciertas desavenencias, que concluyeron en un enredoso y largo pleito. Al parecer, desconforme doña Isabel con el desarrollo de la obra, rompió el contrato con el albañil sevillano y éste, en connivencia con un vecino de Guadalcanal apellidado Tamayo, acusaron a los Castilla de recibir plata americana sin pasar previamente por la aduana de la Casa de la Contratación, donde deberían haber pagado los derechos reales correspondientes. El pleito concluyo con sentencia favorable a doña Isabel y Rodrigo de Castilla Freyre, su hermano[5]. Pero no fue este el único enredo jurídico relacionado con la fundación que nos ocupa, pues la institución se vio envuelta en sucesivas discrepancias, que no cesaron a lo largo del XVII.



[1] AGI, PASAJEROS, L.5, E.762. ALVARO DE CASTILLA, natural de Guadalcanal, soltero, hijo de Juan de Castilla y de Leonor Ramos, a Nueva España como criado del doctor Francisco Sande.
[2] AGI, MEXICO, 175, N.79.  Expediente de Confirmación del oficio de alguacil mayor de Guanajuato a Álvaro de Castilla.


[3] Un ducado equivalía a 11 reales; un real a 34 maravedíes.
[4] AGAS, Justicia-Ordinarios, leg. 3716, doc. 20. Pleito por el patronazgo del convento de la Concepción de Guadalcanal, entre doña María de Loya Menesse, mujer de Álvaro de Castilla, y Rodrigo de Castilla, sobrino del anterior.
[5] AGI, Contratación, 316B, N.1R.16

martes, 4 de diciembre de 2012

ÁLVARO DE CASTILLA, LAS CONCEPCIONISTAS DE GUADALCANAL - 3


                    Manuel Maldonado Fernández
                    Revista Guadalcanal año 2012

II.- ÁLVARO DE CASTILLA RAMOS
La arriesgada aventura por el Pacífico de Pedro Ortega de Valencia no fue la única en la que se involucraron muchos de los guadalcanalenses que emigraron a Indias en los siglos XVI y XVII. Decenas de ellos emprendieron la aventura america­na, como así ha quedado registrado en sus catálogos de pasajeros publicados por investigadores del AGI (particularmente, Ortiz de la Tabla[1] y Mensaque Urbano[2]). Sobre este asunto, el guadalcanalense Rubio Villaverde[3] nos ha novelado con habilidad la aventura de Ortega Valencia en la conquista y descubrimiento de las Indias y Oceanía, acontecimiento en el que se envolvieron cientos de guadalcanalenses, una buena parte de ellos reseñados por Andrés Mirón en su Historia de Guadalcanal[4]. Según Vargas Vega, se tienen noticias de hasta 192 indianos con este origen[5], aunque el citado Ortiz de la Tabla eleva la cifra a 315 durante el XVI, más 74 localizados en el XVII. Sin duda, estos datos son merecedores de un estudio más profundo, máxime cuando algunos de los indianos locales no pasaron desapercibidos en el Nuevo Mundo, inmiscuyéndose activamente en su descubrimiento y conquista, acompañando a Pizarro, Cortés, Almagro, Avendaño, Garay y otros destacados conquistadores y fundadores de ciudades. En ello está precisamente el guadalcanalense José María Álvarez Blanco, con un estudio aún inédito titulado “Compilación de pasajeros a Indias naturales y vecinos o hijos de naturales y vecinos de Guadalcanal”, referido a los años 1510-1599 y entre 1621 y 1724. En total, José María ha recogido por ahora la presencia de 520 guadalcanalenses en el Nuevo Mundo.



[1] ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, J. “Emigración a Indias y fundación de capellanías en Guadalcanal, siglos XVI y XVII”, en Actas de la I jornadas de Andalucía y América, pp. 443-450, Sevilla, 1981. “Rasgos socioeconómicos de los emigrantes a Indias. Indianos de Guadalcanal: sus actividades en América y sus legados a la metrópolis”, en Actas de las III Jornadas de Andalucía y América, pp. 29-61, Sevilla, 1985.
[2] MENSAQUE URBANO, J. “El mecenazgo artístico del indiano Alonso González de la Pava en Guadalcanal” en Actas de las III Jornadas de Andalucía y América, pp. 60-79, Sevilla, 1985.
[3] RUBIO VILLAVERDE, J. La lluvia infinita. Diario de Pedro de Ortega Valencia, Guadalcanal, 2000.
[4] MIRÓN, A. op. cit., pp. 149 y ss, Guadalcanal 2006.
[5] VARGAS VEGA, J. N. Andaluces en el descubrimiento de América y Filipinas, Sevilla, 1986. Según este autor, que nos remite al AGI, 192 guadalcanalenses emigraron a Indias durante el XVI, 44 de ellos mujeres. Nos proporciona otros datos interesantes, como el año en el que emigraron o su destino inicial. Respecto a este último aspecto, Méjico fue el más frecuente, seguido del Perú, las Antillas, Colombia, etc. Respecto al año en el que emigraron, 1536 fue en el que se registró más demanda, concretamente 91 de los 192 recopilados. Le siguieron: 1533, con 14; 1535, con 12; 1534, con 11; 1527, con 10; 1540, con 7, etc.