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martes, 28 de febrero de 2012

Visita Canónica de la Orden de Santiago a Guadalcanal el año 1494 - 3

VISITA DE LA ORDEN DE SANTIAGO A LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA ANA.
Fue visitada la dicha iglesia hallando por cura a Pedro Yanes clérigo seglar de la Orden de San Pedro preguntándole por que razón no había recibido el hábito de la Orden de Santiago y dijo que porque el beneficio es pobre y que no tiene renta alguna.
El vicario de Beas después de oída misa de dicho cura, se vistió un sobrepelliz y una estola y con dos cirios encendidos con mucha reverencia llegó al sagrario donde estaba el Santo Sacramento y hallo que estaba puesto y guardado con la limpieza que debía. Esto hecho visitaron los altares y miraron el altar principal en el cual estaba una imagen de Señora Santa Ana y con la de Nuestra Señora y su hijo precioso de bulto hecho de madera bien pintada y a las espaldas de dicha imagen, un paño de lienzo pintado y abajo arrimado un tergitur grande, viejo, roto y una cruz de palo verde con un crucifijo pintado, item encima del altar unos manteles y su ara guarnecida de madera con sus corporales y un pie de cruz, item dos candeleros de hierro de forma de blandones, un portapaz de madera dorado, un facistol para el misal, una palia de lienzo con cruz de seda negra; delante del altar, un frontal de lienzo pintado. En lo alto del altar por cielo y guardapolvo, una cortina de lienzo. Es vieja y remendada.
A la mano izquierda como llega al dicho altar, está el sagrario en que se guarda el Corpus Cristi en forma de cámara pequeña de cal y ladrillo con sus puertas doradas con cerradura y dentro otro armario con el cuerpo del Señor y delante de dicho sagrario, un paramento de lienzo con un crucifijo pintado y Nuestra Señora y San Juan puesto en una verja de hierro con sus sortijas, y a los pies del altar una estera morisca y debajo una alfombra vieja rota con unos escudos de armas y dos ciriales de palo, item una lámpara con un bacín de latón que arde delante del cuerpo del Señor.
Otro altar con imagen de Nuestra Señora de bulto de madera con su hijo en brazos vestida de un roquete de lienzo y debajo una saya de paño morado oscuro y otra saya verde vieja. Debajo de la dicha imagen, unos manteles, item otra figura de Santa Brígida en una caja de madera, dos candeleros de palo viejo en el altar. A la espalda de la imagen, un lienzo pintado con la Resurrección de Nuestro Señor y delante del altar un frontal de lienzo con la imagen de Nuestra Señora; encima del altar una cortina de dos piernas.
Otro altar con la imagen de Señor San Bartolomé de bulto de madera vestido con roquete de lienzo y a la espalda un paño pintado de la misma figura de San Bartolomé. A la una parte en que está pintada la Cena de Nuestro Señor con sus discípulos, en bajo de la imagen, unos manteles y otros sobre el altar y delante del altar, un frontal pintado con San Bartolomé y en lo alto por cielo, una cortina.
Item debajo de uno de los arcos del coro de la iglesia está una viga con un crucifijo y dos imágenes de bulto de madera y ante el crucifijo, colgada, una lámpara con un bacín de acófar.
Otro altar de madera con una figura de Nuestra. Señora con su hijo en brazos y otra de Santa Lucía hechas de madera con sendos roquetes y sendas sayas de paño azul, unos manteles, un frontal de lienzo pintado en que está la figura de Santa Lucía.
Un púlpito de madera viejo tiene delante un paño de lienzo con la imagen de Señor San José y dos facistoles para misales, item dos alcatifas viejas.
Libros.
Un oficiario grande canturía en pergamino que es dominical, otro igual viejo, tres dominicales, un oficiario viejo, un epistolero en pergamino viejo y roto, un santoral viejo, unas historias, un salterio y otro viejo maltratado, dos manuales, un libro de reglas, un Cuaderno de kíries y un misal.
Sacristía.
Una manga de cruz de cendal vieja y rota, dos vestimentos, una casulla negra de lienzo rota vieja, un par de cetros negros de palo, un bacín de latón que se puso por lámpara en el sagrario, un lienzo pintado y una esfera, un incensario de latón, un badil de hierro, una arra vieja con un misal en pergamino y un pie de madera para el cirio pascual.
Campanas.
En el campanario dos campanas grandes, sobre el tejado, una campanilla para cuando alzan, una rueda de campanillas para alzar y otra campanilla pequeña para cuando llevan el sacramento a los enfermos.
Cuerpo de la Iglesia.
Dicen los visitadores que no hay en ella edificio de bondad salvo los arcos por capilla e cubiertos de madera tosca e de cañas con su barro e teja encima e desta manera esta cubierto todo el cuerpo de la Iglesia salvo que los arcos están prolongados por medio de la iglesia e las maderas cuelgan de los arcos hasta las paredes cubiertos por cima como dicho es. Una pila de bautismo grande de piedra moleña con su cobertor de madera y porque el cobertor no era bueno mandaron que se hiciese otro mejor nuevo. En la entrada de la iglesia esta un portal bien hecho con sus arcos de cal e de ladrillo e bien cubierto de madera tosca e cañas e barro e teja como la Iglesia.
Plata y ornamentos que tenía en su casa Juan Fernández mayordomo de la Iglesia.
Una cruz de plata guarnecida sobre madera sin crucifijo con esmaltes y con un pie de plata antigua que pesa catorce marcos, una custodia de plata dorada de tres marcos y medio, un cáliz de plata de dos marcos, otro cáliz de plata viejo de un marco y medio y otro cáliz igual en la iglesia que pesa dos marcos. Una cruz de piedras de cristal y encima una cuenta redonda azul. Una casulla de carmesí con su cenefa bordada de imágenes de oro, otra casulla de sarsahan vieja, una capa de lo mismo verde, manteles, cortinas, ocho casullas de lienzo, roquetes, palias, seis asalejas, amitos y tonajas.
Cuenta de la Iglesia y ciertos propios.
Preguntado el mayordomo qué bienes y posesiones tiene la fábrica de la iglesia, declaró: una cuarta de zumaque que renta al año 280 maravedís, un censo de una viña, 68 maravedís, las ofrendas de los domingos que son al año variables, la cuarta parte en que se arriendan las penas de los ganados que entran en las viñas e panes e en los vedados y que son 4000 maravedís que debe a la dicha Iglesia, Fernando Sánchez Delgado arrendador que ha sido el año 1493 a 1494 que los paga al mayordomo. El mayordomo pasado fue Juan González de la Garzona que tuvo un alcance de 5390 maravedís, los cuales se entregaron a Juan Fernández de Ruy González mayordomo nuevamente nombrado por la Iglesia.
Posesiones.
Una casilla en la calle del Mesón del Toro del cabo de arriba de Alonso García que renta 300 mrs, mas en la calle Luenga hay una bodega que tuvola Juan González Calvo, que dios aya, que renta 100 mrs., mas hay una viña que tiene la de Hernando Bermejo que renta 50 mrs, mas hay un limal que tiene Diego Alonso de Alonso Pérez, 10 mrs., mas una viña de Fernando del Camino, 25 mrs., mas otra viña de los herederos de Ruy López cura que fue de Santa Ana, 25 mrs., mas otra viña que tiene García López hijo del dicho Ruy López, 25 mrs., una viña que Pedro Yanes cura de Santa Ana él mismo labra a la Cansadilla de que coge cinco o seis cargas de uva, mas otra viñuela que coge dos cargas de uva.
El pie del altar de la iglesia, lo que toca al pan que se ofrece, puede valer 300 maravedís un año con otro y el dinero que se ofrece los domingos es para la fábrica y el cura dijo que no sabe cierto lo que valen las primicias. Las otras obtenciones de la Iglesia y cabildo de los clérigos es de cuantía de 2500 a 3000 mrs. También hay tres capellanías.
Terminada la visitación a las parroquias fueron suspendidos del beneficio los tres curas por no ser de la Orden de Santiago. Los visitadores alegaron: No podemos tolerar que sean poseídos los beneficios por ellos salvo por clérigos de Santiago, suspendemos a los dichos del beneficio y de la cura de ánimas de los parroquianos hasta que reciban el hábito, mientras damos licencia a los fieles para buscar sacerdotes honestos y que sea puesto en una de las puertas de Santa María porque mejor venga a noticia de todos e no puedan pretender ignorarlo. Guadalcanal a 17 de octubre de 1494.
Después visitaron un hospital que se llama de Santiago que está junto a la Iglesia de San Sebastián. Dicen que tiene tres camas y hay tres cofradías una de Santa María, otra de Santiago y otra de San Bartolomé y los cofrades tienen cargo de sostener y reparar los dichos hospitales. Visitaron el hospital de Nuestra Señora que tiene seis camas y el hospital de San Bartolomé con cuatro o cinco camas.

lunes, 27 de febrero de 2012

Visita Canónica de la Orden de Santiago a Guadalcanal el año 1494 - 2

Por Antonio Gordón Bernabé. Artículo publicado en la Revista de Guadalcanal
VISITA DE LA ORDEN DE SANTIAGO A LA IGLESIA PARROQUIAL DE SAN SEBASTIÁN.
El lunes 6 de octubre de 1494 fue visitada la Parroquia de San Sebastián, el Vicario de Beas dijo misa en el altar mayor; después se vistió un sobrepelliz y una estola y con dos cirios de cera encendidos que tenían dos testigos, llegó a la custodia que era de madera pintada e dorada, sacó el sacramento con mucha reverencia e lo pueso sobre un ara.
Hallaron por cura a Pedro López clérigo seglar de la Orden de San Pedro nombrado por el Maestre Alonso de Cárdenas en 1482. Dijo que las primicias son unos años con otros, 200 fanegas de pan y 200 arrobas de vino y que las lleva el comendador de los Bastimentos, y de pie de altar que es la ofrenda de dinero o colecta de los domingos, 20 maravedís ó 30 ó 40, los coge el mayordomo para la fábrica de la iglesia. De misas votivas, treintenarios y por finados, 2.000 maravedís o poco más.
Plata y ornamentos.
Hallaron por mayordomo de la iglesia a Martín Ruíz Carpintero que dio por memoria lo siguiente: una cruz de plata grande, blanca, guarnecida sobre madera sin crucifijo con los evangelistas en los brazos asentados en esmaltes que costó 25.000 maravedís. Una custodia de plata blanca con una crucecita encima y con un caliz en que se lleva el sacramento a los enfermos y puede todo pesar 5 marcos de plata. Item un cálice (sic) de plata con su patena que puede pesar 2 marcos. Una casulla de terciopelo carmesí con una cruz labrada de hilo de oro con estola, manípulo, amito, alba de terciopelo que dio el comendador Don Enrique Enriquez con un frontal que estaba ante el altar mayor. Un vestimento de terciopelo negro bordado de seda y oro, otro vestimento, cortinas, manteles, unas sábanas orilladas de seda colorada y una palia que dio María de Luna mujer de dicho comendador, un pendón de bocarán colorado guarnecido de franjas blancas e verdes alderredor que sacan el día de San Sebastián.
Altares.
En el altar principal está la figura de Señor San Sebastián hecha de un bulto de madera pintado por cima y en el dicho altar está la custodia ya la espalda de la dicha imagen, un lienzo pintado, un frontal; un ara y una cruz de palo y un facistol pequeño pintado para el misal.
Otro altar de la advocación de Nuestra Señora en que esta una imagen suya de bulto con su hijo en brazos, de madera bien pintada e dorada vestido encima un roquete de lienzo. Una lámpara de latón colgada.
Item una pila de bautismo hecha de barro cosido. Visitaron el cuerpo de la Iglesia y hallaron que todo se ha hecho de nuevo de tres naves con sus arcos de ladrillo y con la capilla principal, es de bóveda y está por cubrir cierta parte de la dicha Iglesia y en una de las paredes de ella está una rueda de campanillas para tañer cuando alzan. La cobertura del edificio se hace de madera tosca y de cañas con su barro y teja encima.
Libros.
Un epistolero viejo en pergamino, un misal en papel de molde sevillano, un misal en pergamino viejo y un oficerio dominical y santoral.
Fábrica de la Iglesia.
Fue preguntado el mayordomo de qué se hace y edifica la iglesia y dijo que de lo que ofrecen en dinero los domingos y festivos y de algunas limosnas y sepulturas que se eligen. Hallaron que en la iglesia no hay campanas salvo una esquila pequeña que está encima del arco toral y otra campanilla suelta en el altar mayor.
Tiene de posesiones dos viñas, la una en el Rincón que está dada a censo por 40 maravedís, la otra en el Castillejo a censo por 20 maravedís.
Como ya se dijo, las obras se pagaban con el pie de altar, donaciones y sepulturas elegidas por devoción de Señor San Sebastián.
Cuentas de fábrica.
Percibe 4.000 maravedís del arrendador Fernando Sánchez Delgado por la mitad de las penas que se arriendan de los ganados que entran en dehesas e cotos e vedados a medias con Santa Ana por cuanto el Maestre Don Alonso de Cárdenas ovo aplicado las dichas penas a las dichas Iglesias.

viernes, 24 de febrero de 2012

Visita Canónica de la Orden de Santiago a Guadalcanal el año 1494 - 1

Por Antonio Gordón Bernabé. Artículo publicado en la Revista de Guadalcanal

En la villa de Guadalcanal de la Orden de Santiago a cinco días del mes de Octubre año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mill e quatrocientos e noventa e quatro años dentro de la sacristía de la Iglesia de Santa María estando juntos llamados pa lo de yuso escrito el concejo justicia e regidores caballeros escuderos oficiales e omes buenos, estando presentes Diego de Ortega e Rodrigo Yanes alcaldes, Alonso Ramírez alguacil, Alonso Fernández de la Peña e Juan Martín Pecero regidores e Pero García de Ramos García mayordomo e otros muchos caballeros e escuderos oficiales e omes buenos en presencia de Diego de Moya clérigo de la diócesis de Toledo notario público por la autoridad apostólica y de los testigos expuestos parecieron presentes los honrados Fernando de Arce comendador y caballero profeso de la Orden de Santores en esta provincia de León, presentaron unos poderes de sus altezas que los alcaldes pusieron sobre sus cabezas.

El lunes seis visitaron la Iglesia Parroquial de San Sebastián, el martes visitaron la de Santana y el miércoles ocho llegó Gutierre Gómez de Fuensalida comendador de Villaescusa de Haro el cual y los susodichos visitadores sus compañeros se juntaron y todos tres juntamente continuaron la Visita. El día diez visitaron la de Santa María y después visitaron las hermitas (sic) que son en término de la dicha villa en ciertos días siguiente las quales son de San Benito o Santa María de Guaditoca o de San Pedro e la Celda e de Santa Marina las quales están asentadas cada una dellas en su lugar.

Después visitaron la persona de Don Fadrique Enriquez comendador de Guadalcanal y la casa con su castillo. También fueron los visitadores a ver el monasterio de San Francisco que de nuevo se hace por D. Enrique Enriquez comendador que fue de Guadalcanal, y a su costa. Item visitaron los bienes que la Mesa Maestral tiene en la dicha villa de Guadalcanal presentando los vecinos los títulos de las casas, huertas, viñas y otras heredades que tenían de la Orden.

El comendador Don Fadrique estaba en Sevilla -tenía su casa en la calle San Luis y se estaba construyendo la casa de Pilatos- por lo que su mayordomo Juan González de Gonzalo Yanes de Guadalcanal dio a los visitadores las cuentas de la encomienda del año 1493 y mandó un mensajero a Sevilla para que se presentase el comendador. Vino éste y visitaron su persona en la tribuna de la Iglesia de Santa María según la forma dispuesta por la Regla de la Orden. Hizo la venia y presentó a los visitadores dos libros de la Regla, uno en latín y otro en romance y fue preguntado si tenía caballos y armas, entre otras cosas. Después fueron con él a ver la casa de la Orden con el circuito que llaman el castillo.

La Iglesia de Santa María tenía dos curas beneficiados, Bartolomé de Arcos que era de la Orden y estaba al servicio de la princesa y Diego González Tasajo que es el que estaba en Guadalcanal. El cura de Santa Ana era Pedro Yanes desde 1488 y el de San Sebastián, Pedro López desde 1482. Eran capellanes Rodrigo Yanes, Alonso Fernández el viejo, Gonzalo Méndez, Francisco Ortega, Diego de Simancas, Juan Martínez y Juan Pérez Gimón.

Tenían las iglesias de Guadalcanal 1370 parroquianos. Santa María 800, Santa Ana 320, San Sebastián 250.

lunes, 16 de enero de 2012

Los enterramientos de la iglesia de Santa Ana

Por Antonio Gordón Bernabé. Revista de Guadalcanal año 1981

Era costumbre desde muy antiguo que los fallecidos cristianos se enterrasen en las iglesias, y así vino sucediendo en Guadalcanal, donde desde 1241 se haría en la única iglesia existente entonces, que era la mezquita bendecida, con la advocación de Nuestra Señora Santa Ana. Posteriormente, al dividirse el pueblo en tres collaciones o barrios parroquiales, se hacía en cada una de las tres iglesias correspondientes.

En ocasiones, bien por saturación o por voluntad del difunto, se recurría a las iglesias del Espíritu Santo, la Concepción, los Milagros, San Francisco y quizás algún convento u hospital más. Hay evidencia de restos humanos hallados en la explanada que circunda a Santa Ana, lo que demuestra que antiguamente también se usó aquel terreno.

El barrio de Santa Ana comprendía las calles de Juan Pérez, Fox, Granillos, Santa Ana, Berrocal Grande o Espíritu Santo, Berrocal Chico o calle Alta, Larga de San José, llamada antes calle del Arco y Sevilla fuera, calleja de Miera, calleja de la Jara, Cotorrillo, calle del Triángulo o Altozano Bazán, San Bartolomé, Valencia, Carretas, Tres Cruces, llamada antes Bodegas, Cuesta de Santa Ana y Plazuela de Santa Ana, y todos los vecinos fallecidos en ellas eran sepultados en dicha parroquial.

Entre las personas ilustres que descansan en ella, se encuentra el Vicario don Juan Pérez, que fue cura de esta iglesia a finales del siglo XVI y principios del XVII, que tenía sus casas de morada en la calle que tomó su nombre y todavía es conocida como calle Juan Pérez. También yace en ella don Cristóbal Gordón, caballero de la Orden de Santiago, Vicario y Juez eclesiástico de Guadalcanal, fallecido a mediados del siglo XVIII, habiendo sido cura de Santa Ana durante cuarenta años.

Existían varias clases de enterramientos en las bóvedas, con precios que iban de tres a veinticuatro reales; muchos se sepultaban en las capillas, como la de la Virgen del Carmen, Cristo del Buen Socorro, altar de San Marcos, San Isidro, etc., existiendo algunas lápidas en el suelo y en las paredes, algunas de ellas ilegibles y rotas, como la situada en la puerta de la iglesia con el nombre de Antón Martín, muy antigua, y apreciándose en la actualidad hundimientos de losetas en algunos lugares.

En febrero de 1849 se saturó de cadáveres y se convirtió la iglesia del Espíritu Santo en cementerio destinado para los fallecidos de Santa Ana hasta julio del mismo año.

En julio de 1855 se inauguró el cementerio común en los llanos de San Francisco, quedando así hasta nuestros días, por lo que, llos que no habían cumplido diez años en esa fecha, quedaron para siempre en Santa Ana, y según los libros de defunciones he contabilizado 195 párvulos y 161 adultos, que hacen un total de 356 difuntos los que se encuentran actualmente bajo las losas de Santa Ana, además de miles de restos.

sábado, 14 de enero de 2012

La antigua carnicería

Por Antonio Gordón Bernabé – Revista de Guadalcanal año 2003

Hoy les ofrezco una primicia que tenía guardada desde hace más de treinta años, cuando estaba buscando datos de capellanías sobre mis familiares Baltasar Gordón, Benito Carranco de la Pava, Bonilla, Gálvez, Ortega, Parra, Yanes-Camacho, de Cote, etc.

Diego Ramos de León el Rico que era hijo de Diego Ramos el Viejo y de Elvira Rodríguez de León, marchó a Indias en la primera mitad del siglo XVI y se asentó en México. Allí testó en 1556 y murió. Mandó fundar dos capellanías, una en el convento de San Agustín de México y otra en Guadalcanal, en la iglesia de San Sebastián, ésta con 3.000 ducados para decir misas por su alma y la de su familia. Eran sus hermanos García Ramos el Viejo, Alonso Ramos Rico y Rodrigo Ramos de León el Viejo. Mandaba que con ese dinero se comprara además una carnicería que se hallaba junto a la iglesia de San Sebastián “y se quite de tal negocio por la reverencia que se debe tener” según consta en la manda testamentaria. En estos casos solía intervenir el Santo Oficio de la Inquisición. En un caso semejante pero más grave, en el mismo siglo en Usagre, se mandó derribar las paredes de la casa y que nunca más se edificara en el solar, cosa que yo he presenciado. Esto me hizo pensar si en Guadalcanal se procedió igual pues siempre me extrañó ese rincón sin construir en la calle Santa Clara. Lo cierto es que la “carnecería pública” se puso próxima a la Almona, cerca de la calleja del matadero que estaba en la cava del Palacio. En el siglo XVIII aparece una carnicería particular en la casa de Cristóbal Ximenez Caballero, en la calle San Sebastián cercana a la iglesia.

En el siglo pasado, en los años cuarenta y cincuenta, recuerdo haber visto por allí un puesto de churros y si no recuerdo mal, también se vendió carne y pescado en la parte del rincón. Era la memoria popular de la tradición antiquísima.

Diego Ramos dejó otra manda de 1.000 ducados para edificar una capilla con retablo pintado con un crucifijo, Nuestra Señora y San Juan, con arco y reja de hierro, donde iría su nombre y con derecho de enterramiento de las personas de su linaje. Nombró patrono de la capellanía a su hermano Rodrigo Ramos y a falta de él, su hijo Alonso Ramos, el de la capilla de Santa María, y a falta de ellos, a su sobrino García Ramos de León y por último al pariente más cercano que podía ser Hernando Ramos el Rico. Este sobrenombre podría deberse a la riqueza o bien al apellido Rico de sus mayores, pues lo llevaban todos. Deja por patrono en último extremo, al guardián del convento de San Francisco de Guadalcanal, que lo era Fray Francisco Serrano. La capellanía contaría con dos capellanes -uno de su familia- y era servidera en la iglesia de San Sebastián, donde Diego era feligrés.

Si Diego Ramos levantara la cabeza vería con horror que, para colmo, su iglesia se había convertido en un mercado en los años cincuenta, lo que prueba la crisis de valores que se sufre en esta época que vivimos, crisis que se quiere solucionar por medio de psicólogos, cuando la solución está en recuperar los valores de nuestros antepasados, la fe, la dignidad, la moral, la honradez y la hombría de bien.

martes, 10 de enero de 2012

Indianos en Guadalcanal - 4

Por Antonio Gordón Bernabé. Revista - Revista de Guadalcanal año1992

Jerónimo de Ortega Valencia, que se fue a Tierra Firme en 1570, lo encontramos en Guadalcanal en 1570, regresando ese mismo año a Indias. Gonzalo Yanes de Ortega, que había venido del Perú, lo vemos marcharse en 1556. Diego Alonso Larios, emigró en 1536 a México, volvió al pueblo en 1561, marcha otra vez acompañado de una esclava. También se ha encontrado a la perulera de Santiago en 1565 que tenía un esclavo. El nombre puede referirse a la calle Santiago o a su hospital. En 1577 María González. El más famoso perulero de Guadalcanal fue Alonso González de la Pava, que fundó el Convento del Espíritu Santo y un hospital anejo. Había hecho un gran capital en Potosí, en las minas de plata del Cerro, que estaban situadas en una montaña. Allí se relacionó con Francisco de la Cava y con Alonso González de la Espada. En 1615 ya estaba en Guadalcanal y en esa fecha se empieza a construir el Convento, figurando en 1619 en la iglesia de Santa Ana, como padrino de bautizo de una sobrina nieta, pues él no tuvo descendencia. Se sabe que poseía minas en la provincia de León en Extremadura. En la escritura de donación manda se digan misas por la conversión de los indios y por las ánimas de los indios muertos en las minas de Potosí, falleciendo en 1620 y siendo sepultado en el Convento del Espíritu Santo, donde se puede ver su retrato en el retablo.

Su sobrino Juan González de la Pava quiso imitarle y marchó al Perú, siendo desheredado por su tío. Sin embargo años más tarde aparece su nombre como patrono del Convento.

domingo, 8 de enero de 2012

Indianos en Guadalcanal - 3

Por Antonio Gordón Bernabé. Revista - Revista de Guadalcanal año1992
El caso de los Bonilla es el más representativo de una familia con éxito. Tras su tío Francisco de Guadalcanal, que marchó en 1517, pasó Rodrigo Núñez de Bonilla, que destacó en La Española y Tierra Firme, donde guerreó con sus armas y caballos, perdiendo muchos esclavos. De la conquista de Panamá pasó al Perú. Fue Tesorero de la Real Hacienda de Quito, recibiendo de Francisco Pizarro varias encomiendas, siendo de los más ricos de allí, pues se calculan en unos cien mil pesos. Más tarde fue nombrado gobernador de los Quijos. Su hijo Rodrigo reedificó la ciudad de Archidona, llamándola Santiago de Guadalcanal. En Quito encontramos también a Alonso de Bastida, que fue Tesorero Real. Pedro Martín Montanero y Juan Gutiérrez de Medina, fueron conquistadores y encomenderos. Miembros de la familia Ortega, Antonio y Pedro de Ortega Valencia, parientes de los Bonilla, que salieron de Guadalcanal en 1540, con rumbo a Nueva España, figurando en la Audiencia de Quito, y encontrándose Pedro como Alguacil Mayor de la provincia de Panamá en 1561. En el mismo registro de pasajeros encontramos a Bartolomé de la Parra, hijo del doctor Juan de la Parra. Sebastián del Toro y Rodrigo López, hijo de Pedro López el cerrajero. Otros miembros fueron Gonzalo Yanes de Ortega, su hermano, el mercader Alonso de Ortega; Rodrigo de Ortega y Jerónimo de Ortega Fuentes.

Otros indianos fueron: Cristóbal de Arcos, mercader de ropa en Lima; Pedro de Arcos, Luis de Funes Bonilla, Juan de Bonilla Mexía, que mandó una barra de plata a su hermana María de Bonilla, y cuando llegó ya había fallecido; Francisco Rodríguez Hidalgo; Alonso y Francisco González de la Espada, dueños de recuas en Arica. Alonso y Juan González de Sancha, en Tucumán; el capitán Francisco de la Cava, en Potosí; Cristóbal López de la Torre, Alvaro García de la Parra, Juan Garzón, Alonso del Toro, Luis Camacho, Martín de Valencia y Ortega, Hernán Sánchez, el bachiller Pedro de Adrada, Gonzalo Pérez, Francisco Muñoz de la Rica y Esteban García, hijo de Diego Alonso Quintero.

En México nos encontramos a Diego Ramos Gavilán y Antonio de Bastidas y su hermano Cristóbal de Bonilla Bastida, Hernando y Rodrigo Ramos, comerciantes y mineros; García Núñez de la Torre, en Taxco, minero. En Guanajuato, a Álvaro de Castilla Calderón, que destinó cincuenta mil ducados a erigir el Convento de la Concepción, y a su hermano Juan, ambos mercaderes y mineros, y a Gonzalo de Bonilla Barba, propietario de minas, igual que los anteriores. También se encontraban allí Hernán y García Ramos Caballero, Cristóbal Martín Zorro, Luis de Castilla Chaves, Alguacil Mayor de Minas; Pedro Ramos y Alonso de Castilla, que forman una colonia de Guadalcanal en Guanajuato. No podemos dejar de mencionar algunos más, como Pedro Sánchez de Gálvez, los Yanes, Rodrigo, Juan, Pedro, Gonzalo y Francisco, Miguel y Luis Ortega, Diego Ramos, el Rico y Martín Delgado, que marchó en 1535 y que tiene el mismo nombre que el descubridor de las minas de Pozo Rico.

Se llamaban “peruleros” a los que habían estado en Perú y volvían a Guadalcanal con riquezas. Parece ser que el nombre se extendió a los indianos de cualquier parte que volvieran a su tierra. Entre los peruleros que había en nuestro pueblo se han encontrado los siguientes: Benito Carranco, en 1624 aparece en la collación de San Sebastián. Había sido socio con los González de Espada y con Arcos en Lima. Juan Bonilla Mejías, Jerónimo Ortega de la Fuente, Luis de Bastida, Pedro Sánchez Holgado, Diego Gutiérrez, sastre en Guadalcanal; Francisco de Torres, Rodrigo de Ortega, que estuvo veinte años en México y regresó en 1608; Agustín de Sotomayor, que 1613 ya llevaba cuarenta años en el pueblo desde que volvió. Los cinco últimos testificaron en un pleito que hubo sobre Álvaro de Castilla y la Concepción. También hallamos a Jerónimo González de la Espada, hermano de Pedro Martínez de la Pava, cura de Cajatambo, en Perú. Éste al morir, dejó por heredera a su sobrina Ana de Bonilla, de Guadalcanal, en 1615. Bartolomé de la Parra, el hijo del doctor de la Parra, regresó a Santo Domingo, seguramente para ver a sus padres y en 1565 marchó a Nueva Granada.

sábado, 7 de enero de 2012

Indianos en Guadalcanal - 2

Por Antonio Gordón Bernabé. Revista - Revista de Guadalcanal año1992
Guadalcanal en esa época aparece como una de las villas más pobladas de la Baja Extremadura, con unas cinco mil almas. Las minas de plata descubiertas en 1555 no fueron obstáculos para la emigración, y aunque emigró mucha gente, hay que considerar las que vinieron a trabajar en las minas, que fueron muchas.
Aunque Guadalcanal pertenecía a la región Extremeña y formaba parte del triángulo formado por ella, Azuaga y Llerena, muy vinculados entre sí geográficamente y económicamente, se le relacionaba, como toda la sierra norte, con Sevilla, y de esta sierra eran los vinos que se exportaron a América desde el Descubrimiento mismo. Los vinos claretes, mostos y añejos eran famosos, hasta el punto de llevar los odres el nombre de Guadalcanal, y extendiéndolos los conquistadores por los nuevos territorios. El trasiego de gentes de un lado a otro del mar, llenaba el pueblo de noticias de ultramar, observándose que tras salir varios individuos de diversas familias en los primeros viajes, vemos salir familiares más tarde al mismo sitio. Todos dejaron hermanos en el pueblo. Muchísimos eran parientes y es que antiguamente las familias de nuestro pueblo estaban unidas por lazos de consanguinidad. El éxito de un indiano influía sobre los paisanos para marcharse, aunque todos no consiguieron éxito y fortuna. Los años de máximas emigración son 1536, con ochenta y nueve personas, con predominio de familias a México, y 1561 con cuarenta y siete, entre ellos muchas familias labradoras, a Nicaragua y Santo Domingo. De todo lo cual se deduce que la emigración de Guadalcanal es fundamentalmente en el siglo XVI.
El cronista Fernández de Oviedo, señala la fiebre que en todos los niveles despertaron las Indias cuando dice: “Hubo muchos que vendieron los patrimonios, rentas y haciendas que tenían y heredaron de sus padres, y otros, algo menos locos, las empeñaron por algunos años, dejando lo cierto por lo dudoso…, no temiendo en nada lo que tenían en comparación de lo que habían de adquirir y ganar en este camino.
El conquistador era por lo general individuo joven. Partían bastantes en pos de aventura, mejora económica y ascenso social. Querían servir a Dios y al rey, pero buscando también posición y riquezas.
Según las leyes de Indias, el indiano debía ser gente limpia de toda raza de moro, judío, hereje o penitenciado por el Santo Oficio de la Inquisición. Para emigrar era necesario registrarse en la Casa de Contratación de Sevilla con un informe favorable de testigos del pueblo y ponerse en contacto con los dueños de naos o bien con mercaderes acordando el pago. En el Archivo de Indias existe un registro de la familia Bonilla cómo sigue: “Juan de Bonilla e Alonso de Bonilla, hijos de Alonso de Bonilla e Teresa Sánchez su mujer, vecinos de Guadalcanal, pasaron en la nao de Sancho Prieto al Perú, pasajeros de licencia del capitán Francisco Pizarro; juraron Antonio de Ortega y Francisco Muñoz García, vecinos de Guadalcanal, que conocen e que saben que no son de los prohibidos. Año 1534”.
Del primero que se tiene noticia que emigró en 1509, es Pedro Gómez, artesano, que cambió su oficio por la espada. En 1515, Hernán González Remusgo de la Torre marchó para la conquista de Perú. Su sobrino Fernán González de la Torre, también se halló en dicha conquista. Francisco de Guadalcanal –su verdadero nombre era Francisco González de Bonilla- se asentó en Panamá, donde fue regidor. Mariana Veles de Ortega, una de las primeras que llegaron a Nueva España. Diego Gavilán, en la conquista del Perú, encomendero y fundador de Huamanga.

miércoles, 4 de enero de 2012

Indianos en Guadalcanal

Por Antonio Gordón Bernabé. Revista - Revista de Guadalcanal año1992

Extremadura fue una de las regiones que más conquistadores aportaron a América. Guadalcanal, que pertenecía a ella, se distinguió con un gran número de emigrantes, y así figura entre los treinta y dos pueblos y ciudades que más gente envió. Más que Ciudad Real, Ávila, Guadalajara, Jaén, y Málaga. Más que Écija y Sanlúcar de Barrameda. Más que Plasencia, Mérida, Llerena y Jerez de los Caballeros. Más que Fregenal, Azuaga y Fuente de Cantos y sigue a Medellín, patria de Hernán Cortés, con poca diferencia.

¿Por qué se produjo la emigración?. La causa de la emigración ha sido siempre el buscar remedio a las necesidades que no se encuentran en el territorio de origen. En esa época vuelven al hogar tantos y tantos brazos que habían empuñado armas en las luchas sucesorias y en la guerra de Granada y ahora se encuentran sin meta. Toda la población, hidalgos y común, tendrían que dedicarse a las faenas agrícolas y ganaderas, de no ser porque el descubrimiento de las Indias abría una nueva salida para ellos.

Las etapas de la emigración, son las siguientes:

Etapa antillana, del 1506 al 1526, con salidas esporádicas individuales.

Etapa novohispana, del 1527 al 1540. El 70% se va a México, el 11% a las Antillas, 6,5% al Perú, 6% a Tierra Firme, dos individuos al Plata, uno a la Florida y otro a Guatemala.

Segunda etapa novohispana, del 1554 a 1561: 33% a México, 21% a Perú, 20% a Antillas, 6,5% a Tierra Firme, 12% Nicaragua, uno a Florida y otro a Venezuela.

Etapa Peruana, del 1566 a 1577; el 475 A Perú, 28% México y a Tierra Firme el 19%.

En el siglo siguiente marchan sobre todo a México, que era llamado Nueva España, al que sigue Perú. En estos países hay muchos descendientes de Guadalcanal. La mayoría de los emigrantes que pasan solos son solteros y los acompañados son padres de mediana edad. Los primeros son jóvenes reclutados que buscan aventuras. A mediados del siglo XVI baja el número de aventureros y aumentan las mujeres y los niños para reunirse con sus maridos. Una oleada de artesanos, mineros, tenderos, abogados, médicos, funcionarios reales y eclesiásticos, marchan para disfrutar de mejores oportunidades. A los jóvenes sin oficio ya no les dejan pasar, porque hay muchos ociosos. Los casados ya no emigran sin sus esposas, y si están en Indias, las reclaman, pues la mayoría de los colonizadores habían tomado concubinas indígenas. En una carta de un capellán al rey en 1545 se dice: “Acá tienen algunos a setenta indias; syno es algún pobre no ay quien baje de cinco o de seys; la mayor parte de quinze y veynte, de treynta e quarenta…”

En el archivo de Indias, hecho un recuento de guadalcanalenses en América, se ha hallado que entre 1493 y 1579 emigraron 352, desde el último año a 1600 fueron 38 y a lo largo del siglo XVII, setenta y cuatro, que hacen un total de 464 emigrantes, Si a esto añadimos los que se pudieron colocar de polizones, podrían llegar a los quinientos. Tenemos noticias de que en 1527 ya se había ido catorce y que la emigración fuerte fue entre 1527 y 1565.

domingo, 18 de diciembre de 2011

ERMITA DE SAN BENITO - 2

Antonio Gordón Bernabé - Revista Guadalcanal año 1995

Hallaron por Mayordomo de la dicha ermita a Alonso García Carranco, vecino de la villa.

Plata y ornamentos de la ermita que dicho mayordomo tenía en su casa: una arra grande nueva, dos bulas en pergamino, una de diez sellos y otra de tres sellos, un cáliz de plata con su patena, otro cáliz de estaño, dos vestimentas para decir misa con sus albas y amitos y aderezo, una capa de decir misa, dos cortinajas viejas, seis frontales viejos y raídos, quince pares de manteles, cinco de lino y diez de estopa, dos pares de tonajas romanistas labradas con hilo mediano y tres pares más otros dos pares de tonajas labradas, un paño de lino labrado de bastones, un cielo de estopa pintado, un amito por bendecir y unos corporales y una hijuela, cinco alfondillas, dos acetres de cobre, una caldera, un azadón viejo, una cajeta, seis manojos de lino bayal y un bellosino de lana y un anillo, ocho fanegas de trigo, ocho libras de cirro, una mesa y dos bancos de sentar.

Cuentas del Mayordomo: Dijo que había recibido de limosnas y de unas perdonanzas de una bula 578 maravedíes y había gastado en pro de la ermita un millar de ladrillos que esta en ella para labrar, 678 maravedíes, en tal manera que alcanza dicho mayordomo a la ermita 100 maravedíes. Y dio por relación que la dicha ermita de los alcaldes pasados estaban recogidos 500 maravedíes y que el Consejo de esta villa los había tomado prestado por necesidad que tenía de lo que se labra y edifica en la Iglesia de San Sebastián, con seguridad de restituir a la dicha ermita dichos 500 maravedíes.

En 1548 fue mayordomo Hernán García de Flores. En 1549 Hernán Mexia que había recibido 1873 maravedíes pero no se le pide cuenta por no llevar un año. En este mismo año recibió una nueva visita de la Orden.

Tenía dos capellanías, una servida por Perianes Pedro Yanes, clérigo, que tenía que decir una misa a la semana con los bienes siguientes: tres viñas en la Laguna, Molinillo y Calera, un parral, tres zumacales, en huerta del Gordo, Cuesta de la Horca y Castillejo, y tierras al Encimal de Valverde, Majada, Mata de la Orden y Donadío.

La otra capellanía la servía el clérigo Pedro de Ortega, que tenía de carga cien misas en diez años y con los bienes siguientes: Una casa en la calle del Rico, una bodega al lado con 16 vasos, tres pedazos de castañal al valle de Setenil, un pedazo de tierra con cuatro o cinco olivas al monasterio de San Francisco y dos mil maravedíes de renta de unas viñas a la Calera.

En el año 1712, Manuel de Acuña era ermitaño de Nuestra Señora de Consolación de Señor San Benito, conocido como el anacoreta Manuel de la Cruz, fundó una cofradía de ambos sexos, con el título de Ntra. Sra. de la Consolación y San Benito Abad, según un breve dado en Roma el 5 de Marzo de 1722, por el Papa Inocencio XIII.

El 24 de marzo de 1886, se funda una Cofradía con el título de la “Divina Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”, de la que formaba parte la actual imagen del Cristo de la Humildad (Señor sentado en la Peña)

En 1920 se encontraba en muy mal estado y una chispa electrónica la perforó por varias partes, dejándola en estado ruinoso. Tiene cuatro altares, el mayor con las imágenes de la Asunción del tamaño mayor del natural, Santa Eusebia y Santa Máxima, el de San Pedro con la imagen, el del Señor de la Humildad y Paciencia y el de la Virgen de los Dolores. A los lados Santa Águeda y Santa Lucía. Por debajo del altar del Señor de la Humildad, hay un nicho formado en el arco donde se encuentra una colosal imagen de extraordinarias proporciones de San Antonio Abad, con un hermoso cochino y una pequeña imagen de la Virgen del Rosario

Hasta los años veinte se venía de romería a esta ermita. Se recogía el 21 de marzo al Señor Sentado en la Peña y a la Virgen de los Dolores y se llevaba a la iglesia de Santa María y regresaban el Domingo de Resurrección.

El 11 de Abril de 1977 fue vendida a Antonio Fontán Pérez.

viernes, 16 de diciembre de 2011

ERMITA DE SAN BENITO - 1

Por Antonio Gordón Bernabé. Revista Guadalcanal año 1995

Esta ermita es una construcción mudéjar, quizás de la primera mitad del siglo XV. Se compone de una nave cubierta por bóveda de cañón y lunetos, casquete esférico en el antepresbiterio y cúpula en el camarín.

En el muro del evangelio existe una portada con arco apuntado y en el de la epístola, una puerta mudéjar de época tardía.

En 1494, la Orden de Santiago hizo visita a Guadalcanal y refiriéndose a esta ermita dijo lo siguiente:

“Está en término de la dicha villa de Guadalcanal cerca del camino que va a Alanís de la vocación del Señor San Benito en que los de dicha villa tienen mucha devoción, hecha de cuatro arcos de cal y ladrillo e otro arco en la capilla del altar. Está cubierta de madera tosca y de jara y encima barro y teja. El suelo de la dicha ermita está enladrillado. Está todo razonablemente reparado y limpio.

En el altar principal está un crucifijo de bulto de madera asentado en una cruz asaz devoto arrimado sobre el dicho altar y una imagen de San Benito de bulto de madera vestido con un roquete de lienzo, bien hecha la dicha imagen y una cruz pequeña de palo pintado y una tabla pintada con la imagen de Nuestra Señora. Un candelero de hierro, unos manteles y ante el dicho altar un frontal de lienzo viejo, roto, pintado. A la espalda de la dicha imagen una cortina pintada de lienzo. En lo alto por cielo un paramento de lienzo con floraturas de hilo alrededor. Estaba ante dicho altar colgada una lámpara con un bacín de latón pequeño con sus cadenillas y una campanilla pequeña y dos ampollas de plomo.

Había otro altar de Nuestra Señora en que estaba su bulto de madera con su hijo en los brazos metida en una caja de madera. Estaban otras dos imágenes de bulto y otra caja sin imagen, una cruz de palo, un portapaz de palo pintada, dos candilexos de barro y unos manteles viejos rotos. Ante dicho altar, un bacín de latón por lámpara.

Otro altar de Señora Santa Lucía en que estaba su bulto de madera vestido un roquete de lienzo delgado y otra imagen de bulto del Señor San Blas vestido otro roquete de lienzo delgado, una cruz de palo, un candelero de hierro, unos manteles buenos y delante por frontal un paño de lienzo pintado, a la espalda de dicho altar un paño pintado de imágenes viejo y roto.

A la entrada de la ermita estaba un portal bien hecho de ladrillo con sus arcos y un antepecho en que asientan los pilares de los dichos arcos cubierto de madera tosca y teja vana. Del otro cabo de la dicha ermita tiene tres pilares sobre que están armadas las maderas desde el hastial de la iglesia hasta los pilares y desde allí hasta otra pared que cierra el portal está todo cubierto de madera tosca, de jara y de teja vana.

Encima del tejado de la dicha iglesia en un pilar de ladrillo está una campana mediana. Junto al dicho portal de los pilares está un aposentamiento para los que vienen a la ermita a velar y a sus devociones y por dentro de dicho aposentamiento está un corral en que está un olivo de olivas asaz, gruesas y en cabo de dicho corral una casa buena en que mora el ermitaño y por dentro de este corral entran por una puerta a ciertas huertas y una viña con muchos árboles de nogueras e higueras y ciruelos y de otros frutales, lo cual todo estaba muy buena heredad si fuese bien reparado.

martes, 28 de junio de 2011

Caballos de Guadalcanal en la guerra de la Independencia - 2


Por Antonio Gordón Bernabé. Revista de Guadalcanal

Y no habiendo presentado más caballos y efectos, se hubo por conclusa, sin perjuicio de continuarla con la mayor actividad en el de mañana, habiéndose mandado pase todo lo presentado a la ciudad de Llerena.

En 7 de diciembre de 1808 se continuó la diligencia, aportando un caballo cada uno: Juana Rica, Fernando Pinelo, Cayetano Ayala José Quintero, Ignacio Pérez y José David. La mayoría presentaron caballos y se quedaron con las monturas, excepto tres que presentaron monturas sin caballos.

En 20 de marzo de 1809 se hizo otra requisa de caballos a los vecinos que siguen:

Juan Ruiz 1 caballo

José García, Clerigo

Nicolás de Rozas

Pedro Alaja

Martín Calero

Antonio Vázquez

El Sr. Corregidor

Francisco Palacios

Francisco Núñez

Cristóbal Riaño

Cristóbal Riaño (menor)

Cayetano Ayala

Ignacio Pérez

Andrés Albarrán

Juan Ximénez Parra

El Sr. Vicario

Antonio Ramos

Viuda de Cordero

Francisco Morente

Antonio M.ª López 2

Diego Mostales

Joaquín Rodríguez

Mateo García

Antonio Cabezas

Juan Moreno

Francisco López Rico

Juan Barrera

Eusebio Rodríguez

Juan Cantero

Antonio Veloso 2

Diego Díaz

Xavier de Cote

Fernando Pinelo

Pedro Torrico, Médico

Alonso Pérez

Sebastián Gordón

Baltasar Romero

Manuel Grueso

Andrés Grueso

Antonio Márquez

Juan Vázquez

Juan González

Juan Gordón

José Ponce

Viuda Pedro Caballero

José Cabezas

Juan Márquez

Joaquín Palacios

Sebastián de Cote

Antonia Rico

Estanislao Núñez

Francisco Carrasco

Francisco Cortés

Manuel Palacios 2

Diego Cordero

Manuel Romero

Sebastián Chavero

Juan de Ortega

Ana Autón

José de Ayala

Estos serían los que tenían dos años en 1808, quedando muy reducida la caballería en Guadalcanal, sólo con los potros, que podían ser potrancos y tusones según fueran menores de tres o dos años, respectivamente, además de los caballos padres.

He observado que, en esto de los caballos, había familias que los tenían desde antiguo, otras los poseían unas generaciones sí y otras no y aún una persona podía tener caballo en cualquier época de su vida. Es curioso que los médicos y muchos clérigos los tenían. Un caballo valía por entonces novecientos reales más o menos. En total fueron 155 caballos los que se llevaron a Llerena para el ejército de Extremadura que era el V Ejército. No sé cuándo les pagaron a sus dueños, pero sí me imagino el gran disgusto que se llevarían, como si me hubiese ocurrido a mí, que me gustan y los monto con frecuencia. Concretamente, mis familiares tuvieron que entregar cinco caballos que habían recibido de una herencia de su padre poco antes, y ese fue el primero de una serie de infortunios que cayeron sobre los vecinos de Guadalcanal en la Guerra de la Independencia contra los franceses.