domingo, 13 de marzo de 2011

Arqueología

Fotografía del blog Arquitectura y Urbanismo

Datos publicados en el Catálogo Arqueológico de la provincia de Sevilla. Revista 1990

Los terrenos del término de Guadalcanal están constituidos por formaciones primarias pertenecientes al cámbrico superior que se extienden a los términos limítrofes, continuándose por las provincias de Córdoba y Badajoz, predominando en Guadalcanal el elemento calizo, generalmente de color oscuro. En las sierras que dominan la población hay lechos de precioso mármol, que son explotables, aunque de ordinario tienen poco espesor. Diabasitas de color negro aparecen en la parte oriental del término, entre Guadalcanal y Malcocinado (Badajoz), y en los límites con esta provincia asoma en algunas partes el granito, bastante descompuesto. Pequeñas manchas de terreno carbonífero encajadas en el cámbrico, se hallan en las vertientes orientales de la sierra de Guadalcanal. Al oriente de la población existen yacimientos de galena argentífera que fueron descubiertos en 1555 y explotados por la Real Hacienda en los años subsiguientes, siendo al fin abandonados por haberse agotado los filones. Su riqueza en plata era extraordinaria, llegando a superar en pureza del metal a las más famosas de México, la principal de estas minas fue Pozo Rico, a unos cuatro kilómetros al este de Guadalcanal. La Sierra del Agua tiene en el centro un macizo de hierro micáceo, conocido en el país con el nombre de Quiebraojos.

Encuadrado al sur y este por la ribera de Benalija y al norte por el río Sotillo, el término de Guadalcanal hállase accidentado por estribaciones de la vertiente norte de Sierra Morena que caen sobre la extensa llanura extremeña, siendo las más importantes las Sierras del Viento y del Agua, situadas respectivamente, al noroeste y sureste de la villa, en las que hay alturas superiores a los 900 metros. En estas sierras y en otros cerros del término se abren en el terreno calizo cavernas y oquedades que han conservado algunos vestigios prehistóricos. Tales son las Cuevas de Santiago y San Francisco en la Sierra del Agua y sus estribaciones. De la primera proceden dos lascas atípicas de sílex tallado de siete centímetros de longitud, que se conservan en el Museo de Historia Natural de la Facultad de Ciencia de Sevilla, junto con un cuchillo de diorita de sección triangular de siete centímetros de longitud. En la Cueva de San Francisco, media legua al oriente de Guadalcanal, parece haberse hallado un cuchillo de sílex, trozos de vasijas y restos humanos y de animales. En el Cerro del Castillo de la hacienda de la Plata, situado al noroeste del término, entre el camino de Azuaga y el llamado Camino de la Trocha, se han recogido trozos de cerámicas de tipo análogo, uno de ellos de barro rojo, pulimentado, perteneciente al borde de un cuenco de gran diámetro y paredes delgadas. Algún fragmento pudiera llevarse a la primera Edad del Hierro, estando su superficie ornamentada con bandas horizontales alternativamente cóncavas y convexas, dibujando, por tanto, un perfil ondulado.

La existencia de tales vestigios en el término, debe ponerse en relación con los primitivos explotadores de las riquezas mineras de la región; precisamente el hallazgo de la Cueva de San Francisco se debió a las exploraciones emprendidas como consecuencia de los indicios de mineral de cobre que existía en ella.

Varios son los yacimientos romanos del término. Dentro de la villa el único resto que se conoce es un hermoso capitel compuesto, de mármol blanco, bastante mutilado, ahuecado por la parte superior, para servir de pila de agua bendita en la Parroquia de Santa María, a donde fue trasladado desde la desaparecida iglesia de San Sebastián, donde desempeñaba igual misión. El empleo discreto del trépano lo sitúa cronológicamente entre los siglos II y III.

Al norte del camino de Pozo Rico, en la Suerte de Magrao, junto a la llamada Piedra Corcobada, mal supuesto vestigio de un trilito y al lado de un nacimiento de agua que allí existe, hay resto de un pequeño despoblado romano, consistentes en tegulae, ímbrices, ladrillos y fragmentos de vasijas.

En el Cortijo de Santa Marina, a unos ocho kilómetros al norte de Guadalcanal, sobre la Cañada de Esteban Yanes, y sirviendo de abrevadero al ganado junto al pozo de la finca, hay un sarcófago de piedra de 210 x 70 x 54 cm., teniendo 35 cm. de profundidad por el interior y la paredes laterales 11 cm. De grueso; repellado con cemento, su forma es rectangular con los extremos en semicírculo. Según noticias recogidas sobre el terreno, procede de un cerro situado a poco más de medio kilómetro al oeste del caserío, donde en varias ocasiones se han encontrado sepulturas cubiertas por losas.

En tierras del Cortijo de la Torrecilla, a ocho kilómetros al noroeste de Guadalcanal, en un pequeño altozano situado en la Era de los Comuneros, de la Suerte del Donadío, por cuyo pie pasa el regajo de este nombre, y al sureste de la carretera particular de la finca, hay restos romanos de tegulae, ladrillos, vasijas, terra sigillata y un gran trozo de firme de opus signinum, probablemente fondo de un depósito de agua.

En el Cortijo de Monforte, situado a unos cinco kilómetros al sur y a poniente de la carretera de Cazalla de la Sierra, se encuentra un elevado cerro, en cuya cumbre hay un depósito de agua orientado por los ángulos a los puntos cardinales, de 4,80 x 3,10 y una profundidad hoy de 2,65 metros, pues el fondo está lleno de piedras; por el exterior los muros conservan una altura de 1,25 metros y su espesor es de 1,10, estando formados por un paramento exterior de mampostería de piedras y otro interior de ladrillos, siendo el núcleo de derretido. Los ángulos interiores del depósito tienen el bocel característico de las construcciones hidráulicas romanas. A unos 50 metros por debajo del depósito y en la ladera del cerro que mira al caserío del cortijo, hay resto de un muro de mampostería de piedras careadas de unos seis metros de largo por uno de altura. En otro cabezo del cerro, situado al este del que ocupa el depósito descrito, existen restos de otra muralla de análogas características, con paramentos de mampostería y núcleo de derretido, que parece formar un recinto cuadrangular del que sólo resta un ángulo y parte de los lados, y a nivel inferior otros restos de muro que, acaso rodearía el recinto superior.

jueves, 10 de marzo de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 78 y último


RESULTANDO: Que el procesado siempre disfrutó del con­cepto de buen militar aun cuando sin el relieve suficiente para justificar su elección para elevados cargos que bien pu­dieran habérsele confiado precisamente por su falta de per­sonalidad propia y carácter propicio a dejarse intervenir y mediatizar. Vistos los autos, oídas la acusación fiscal y defen­sa y siendo ponente el Auditor de Brigada D. Adriano Coro­nel Velázquez.- CONSIDERANDO: Que asumido el poder le­gítimo por las autoridades Militares del Ejército Nacional, la oposición armada contra el mismo origina la rebelión defi­nida en el artículo 237 del Código de Justicia Militar.- CONSIDERANDO: Que del expresado delito es responsable en concepto de autor el procesado, porque los hechos que la sen­tencia declara ponen de manifiesto que los realizó ostentan­do cargos y desempeñando puestos que su sola ocupación en­volvía extrema gravedad en provecho de los rebeldes, aun cuando no tuviera con ellos una completa identificación, por lo que incurrió en la responsabilidad que determina el ar­tículo 237 en relación con el número 2.° del artículo 238 del Código de Justicia Militar.- CONSIDERANDO: Que es de apreciar la circunstancia agravante de gran trascendencia y perjuicio para el servicio y los intereses generales del Estado a que se refiere el artículo 173 del texto legal ya citado.­
CONSIDERANDO: Que toda persona responsable criminal­mente de un delito o falta lo es también civilmente.- Vistos los artículos citados y los demás de general aplicación, así como el anexo a la Orden de 25 de enero de 1940 («B.O.» nú­mero 26).- FALLAMOS: Que debemos condenar y condena­mos al ex-General de Brigada DON LUIS CASTELLÓ PAN­TOJA como autor del delito de ADHESIÓN A LA REBELIÓN MILITAR, con la circunstancia agravante apreciada, a la pe­na de MUERTE, y para caso de indulto a las acciones de pér­dida de empleo, interdicción civil e inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena con expresa reserva de la acción civil o responsabilidad de igual clase en cuantía de­terminada.- Lo que por esta nuestra sentencia, juzgamos, pronunciamos, mandamos y firmamos.- OTROSI: El Conse­jo al dar cumplimiento a la Orden de 3 de julio de 1942 («B. O.» núm. 155) estima que no procede formular pro­puesta de conmutación.- Existen siete firmas ilegibles.
Y para que conste expido el presente testimonio que con­cuerda bien y fielmente con sus oficiales a los que en su caso me remito, y el que firmo y sello con el Visto Bueno de S. S.", en Madrid, a dieciocho de agosto de mil novecientos setenta y seis.


---------------------FIN---------------------

martes, 8 de marzo de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 77


Manifiesta se haga constar en acta la sentencia del 10 de enero de 1912 del Consejo Supremo de Guerra y Marina y también la providencia del mismo de fe­cha 25 de febrero de 1916 que previenen la anulación de las actuaciones desde que se nombra Fiscal con incapacidad le­gal. Asimismo manifiesta que no se le han hecho al proce­sado la lectura de los cargos procedentes de la causa general y unidos al sumario con posterioridad a la anulación de lo actuado por el Fiscal incompetente.- Preguntado convenien­temente el procesado por el presidente, contestó que desea unir tres documentos que entrega al Excmo. Sr. Presidente del Consejo.- Manifiesta que considera al Tribunal incompetente para juzgarlo por su condición de ex-Ministro, correspondien­do juzgarlo el Consejo Supremo de Justicia Militar. A conti­nuación se defendió sobre algunos extremos de los que se lo acusan, no teniendo nada más que añadir.- Terminado el acto, quedó el Consejo reunido en sesión secreta para delibe­rar y dictar sentencia, firmando el visto bueno; el Presidente del Consejo con el Sr. Juez de que certifico.- Visto Bueno: El General Presidente. - Firmado. - Rubricado. - Ilegible. Firmado por el Secretario. - Ilegible.

AL FOLIO 252 OBRA SENTENCIA.- En la Plaza de Ma­drid, a dieciséis de marzo de mil novecientos cuarenta y tres, reunido el Consejo de Guerra de Oficiales Generales para ver y fallar la presente causa instruida en procedimiento suma­rísimo contra D. LUIS CASTELLÓ PANTOJA, ex-General de Brigada, por el delito de Rebelión Militar y RESULTANDO: Que al producirse el Glorioso Movimiento Nacional el 17 de julio de 1936, el procesado D. LUIS CASTELLÓ PANTOJA, mayor de edad, estado viudo, natural de Guadalcanal (Sevi­lla) y en aquella fecha General de Brigada, se encontraba en Badajoz al mando de la 1.ª Brigada de la 1.ª División y lejos de unirse con sus fuerzas al Alzamiento, acata la orden de trasladarse a Madrid presentándose en esta Capital el 19 del mismo mes para formar parte como Ministro de la Guerra del Gobierno que acababa de constituirse presidido por Giral, cargo que acepta y desempeña hasta el día 6 del mes de agosto siguiente que le fue admitida su domisión. RESUL­TANDO: Que de la declaración testimoniada del General Don CELESTINO GARCÍA ANTÚNEZ, se deduce que el procesa­do como Ministro de la Guerra rojo dictó órdenes para atacar el Cuartel de la Montaña con piezas de Artillería y relevó a dicho General por ofrecer dificultades al cumplimiento de tales órdenes, así como que confirmó al General Aranda la orden de entrega de armamento a los elementos del Pueblo, RESULTANDO: Que al cesar el procesado como Ministro fue nombrado en Plaza de Superior Categoría Jefe de la Pri­mera División Orgánica cuyo destino acepta y desempeña, girando visitas a los frentes y permaneciendo en tal puesto hasta la segunda decena de octubre de 1936, que por padecer una gran depresión ingresa en el hospital, trasladándose más tarde a la embajada francesa de la que es evacuado a Francia el 7 de julio de 1937 y en cuya nación permanece hasta el 31 de marzo de 1942 que detenido en San Juan de Luz fue pre­sentado el 6 de abril siguiente en la Dirección General de Se­guridad en Madrid.- RESULTANDO: Que al procesado se le imputa la detención del heroico Teniente Coronel Noreña, y que como consecuencia de tal detención se produjo el asesi­nato del mismo, si bien no puede asegurarse que del procesa­do partiese la orden de detención y sí una falta de protección que de haber existido hubiese evitado la muerte de aquel jefe.

domingo, 6 de marzo de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 76


AL FOLIO 247 OBRA ACTA DEL CONSEJO DE GUERRA.­En Madrid, a dieciséis de marzo de mil novecientos cuarenta y tres. En cumplimiento del artículo 661 en relación con el 585 del Código de Justicia Militar, se hace constar por la presente acta lo siguiente: Constituido el Consejo de Guerra de Ofi­ciales Generales, presidido por el Excmo. Sr. General de Di­visión D. RICARDO DE RADA PERAL, y como Vocales: Exce­lentísimo Sr. General División D. Eduardo Sáenz de Buruaga y Polanco, Excmo. Sr. General de Brigada D. Luis Odrioloza Arévalo, Excmo. Sr. General de Brigada D. Miguel Rodrigo Martínez, Excmo. Sr. General de Brigada D. Anselmo Arenas Ramos, Coronel de Artillería D. Matías Zaragoza Usera, Vocal Ponente Auditor Bda. D. ADRIANO CORONEL VELÁZQUEZ, en audiencia pública dio comienzo la sesión a las nueve trein­ta horas en el palacio de las Salesas, para juzgar al procesa­do D. LUIS CASTELLÓ PANTOJA, Ex-General de Brigada, el cual se hallaba presente.- Dada cuenta de la causa por el Ins­tructor fueron examinados los testigos: Excmo. Sr. General de División D. Francisco de Borbón de la Torre, manifiesta que conoce al procesado desde hace tiempo y que siempre le ha parecido hombre disciplinado y católico cumplidor fiel de sus deberes militares. Que con motivo de los sucesos del 10 de agosto a su regreso de Villa Cisneros a fin de evitar persecuciones el procesado le dio una misión ficticia por la que pudo trasladarse a París, evitando con esto, casi con se­guridad, perder la vida como ocurrió con otros familiares del declarante.- Excmo. Sr. General de Brigada D. José Hungría, manifiesta que conoció al procesado estando en la primera Sección de la Subsecretaría del Ministerio y posteriormente intimó con él en la Embajada francesa. El concepto que le merece es correcto como militar y bueno en el aspecto social y religioso, pues en más de una ocasión asistieron a misa jun­tos. Que en el Ministerio estaba mediatizado por el Gobierno y de un modo especial por Sarabia, jefe que era de Estado Mayor, por lo que todas las órdenes y contestaciones telefó­nicas se hacían sin la intervención del procesado. Que el pro­cesado remitió un documento voluminoso al Delegado que el declarante como jefe del S.I.P.M. tenía en la zona francesa, documento que fue recibido por el Marqués de Rabalso y que está unido al sumario. Respecto de la conducta que le merece respecto de su actuación como Ministro de la Guerra, mani­fiesta que el concepto que del procesado tiene es el de que todo militar puede tener de aquél que ha servido al enemigo. Coronel D. Fidel de la Cuerda dice que el concepto que tiene del procesado, tanto político como moral y religioso es inme­jorable, pero que no puede manifestar por no creerse capaci­tado el que le merece su actuación como Ministro de la Gue­rra. Que en cierta ocasión como tiene declarado, le salvó la vida, pues siendo detenido por unos milicianos convenció a éstos para que lo llevasen al Ministerio, respondiendo el pro­cesado de su persona. Por lo que pudo observar, en el Minis­terio el procesado era un cero a la izquierda.- Coronel de E.M. D. José Torres Martínez, declara que estuvo a las órde­nes del procesado. Que el 8 de agosto organizaron la División solamente para servicios burocráticos; se lamentaba el procesado de la situación en que se encontraba y cuando el de­clarante, juntamente con otro compañero, manifestaban sus ideas, el General conociendo las mismas no les ponía impe­dimento alguno. Que quiso oponerse a la baja del Ejército del declarante. Y que lo considera de ideas religiosas por ha­berle visto medallas.- Ex-Ministro D. Diego Hidalgo Durán, manifiesta que siendo Ministro lo tuvo de Subsecretario, no queriéndolo renovar del cargo a pesar de haberlo solicitado repetidas veces el procesado, por sus cualidades de lealtad y honradez y porque no le impusieran un Subsecretario Polí­tico. Fue Subsecretario también de otros Ministros y cree que aun siendo Gil Robles Ministro de la Guerra lo tuvo unos días hasta que enteró de la marcha y organización de la Subsecretaría al nuevo Subsecretario, Sr. Fanjul. Que en cierta ocasión estando el declarante en Valencia en el hotel incautado por la Columna de Hierro, el comité solicitó su ayuda para llevar los libros, preguntóles el declarante por el General Castelló y le contestaron, «no nos hable de él porque es un traidor, no puede ser un buen militar un hombre que deserta, hay que echarle y por último huir». Que siendo Mi­nistro de la Guerra en el año 1934, declaró el estado de guerra en toda España, y solicitó del Generalísimo Franco una lista de Oficiales y Jefes que no fueran afectos. Lo mismo pidió al General Castelló (procesado) y comparadas ambas listas con la que hizo el declarante, las tres estaban casi en completo acuerdo, pues no discrepaban más que uno o dos nombres.­Don José Losada de la Torre, Director de ABC, preguntado sobre el artículo que escribió en el año 1938 referente al Te­niente Coronel Noreña, manifiesta que lo hizo por referencias y noticias. Que eran los milicianos los que mandaban en el Ministerio de la Guerra, que el fin del artículo era exaltar la figura del Teniente Coronel Noreña. Que el 8 de agosto se dice en el artículo era Ministro el General Castelló, y lo dice por referencias. Que sabe que después de ser puestos en li­bertad eran nuevamente apresados por los milicianos en los jardinillos del Ministerio del Ejército. Continuada la vista manifestó el Fiscal: Que los hechos eran constitutivos de un delito de ADHESIÓN A LA REBELIÓN, previsto y penado en el párrafo 2.° del artículo 238 del Código de Justicia Militar, con las agravantes de la trascendencia de los hechos señala­dos en el artículo 173 del mismo cuerpo legal, por lo que pidió para el procesado la pena de MUERTE. A continuación el defensor manifestó que los hechos eran constitutivos de un delito de AUXILIO A LA REBELIÓN, con la eximente del artículo 8, núm. 12 del Código Penal Común, en relación con el artículo 9.° núm. 1, del mismo cuerpo legal, y para en su caso el artículo 270 del Código de Justicia Militar, por lo que pidió para su defendido la pena de DOCE AÑOS Y UN DIA, DE RECLUSIÓN MENOR.

viernes, 4 de marzo de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 75


Recordatorio cedido por Antonio Rivero Morente


Después vino un sacerdote. Mi padre había confesado y co­mulgado semanas antes. Es curioso; una vez, estando en San Miguel de la Breña cambiándole el encaje a un mantel de té, pensé «éste servirá para cuando le den la extremaunción a mi padre». Sirvió para convertir en altar el tocador de su habita­ción cuando comulgó. Finalmente llegó la muerte. Estaba yo en mi cuarto, junto al de mi padre, con ambas puertas abiertas. Confieso que no tenía fuerzas para contemplar aquella intermi­nable agonía. Mi hermana, que se había marchado a primera hora de la mañana a su casa, regresó al mediodía.
-«¿Y papá?"
-"Sigue igual." Se asomó a su cuarto. Me llamó:
-"Lola, ven... creo que papá..."
Sí, mi padre había muerto.
-"Ciérrale los ojos, Lola" -me dijo mi hermana sollo­zando."
Le pusimos un traje azul marino, aquél que llevaba en su solapa la Legión de Honor.
Aquella tarde, como la anterior, fue un continuo desfile de amistades.
El entierro tuvo lugar el 28 por la tarde. Publicamos una esquela en el ABC. La redacté yo misma; decía: «Excelentísimo señor don Luis Castelló Pantoja. General de Brigada retirado. Ex Subsecretario del Ministerio de la Guerra. Comendador de la Legión de Honor.» No quise mencionar el cargo de Ministro, bastante caro lo habíamos pagado.
En la mañana del 28 vinieron los Castejón. Quisieron verlo. Lola se paró, medrosa, en el pasillo.
-"¿Está muy desfigurado?"
-"Sólo un poco."
Y ante el ataúd descubierto se echaron a llorar los dos.
Por la tarde volvió Antonio con su ayudante. Se sentó en un diván de la entrada sin hablar con nadie, con expresión abatida y apenada. Pasó varias veces a ver a su general.
Cementerio de San Justo. Ante la fosa abierta mi hermana se abrazó a mí llorando. Yo no podía llorar. Me sentía agotada hasta para eso. El consuelo de las lágrimas vino después. La fosa se llenó de tierra, sobre ella se colocaron dos coronas cuyas cintas decían «A nuestro padre», «A nuestro abuelo». Los niños leyeron la esquela y se pusieron a rezar sin que nadie se lo indicara.
Apareció una breve nota en el diario ABC; yo sabía que era del periodista González Cavada, gran amigo de mi padre. El ha­bía enviado también la noticia a Radio Nacional y Televisión. Allí la reprodujeron con todos sus cargos y condecoraciones. Había muerto como yo siempre deseé que muriese, como un General de España.
Recuerdo unas palabras de Paul Geraldy en el prefacio de uno de sus libros: «Silencio. Mi casa no espera ya visita alguna. Es demasiado grande y todo, o casi todo, resulta superfluo en ella. Mis amigos no son ya casi mis amigos, mis parientes están lejos de mí, felices a su manera. El tiempo marchitó mis amo­res. La página que escribo ¿a quién se la voy a dedicar? Os la muestro, os la dedico, os la tiendo como se tiende una mano, estas páginas auténticas que no son vana literatura sino el mensaje sincero de un alma.»

miércoles, 2 de marzo de 2011

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 74


Una vez comentó con su primo Pepe a propósito de mí:
-"¡Está hecha un genio! Yo ya estoy preocupado buscando en los anales de la familia a quién ha podido salir, pero por mucho que lo pienso no encuentro. Eso sí, está pendiente de mí pero al menor traspié que cometo ¡una chillería!"
En el verano de 1960 mi hermana y yo estábamos en la finca con los niños. Mi padre no fue aquel año con el pretexto de que el médico quería que siguiera su tratamiento de inyec­ciones. Una mañana entró mi hermana en mi cuarto y me ten­dió una carta de su marido:
-"Lee lo que ha escrito Alberto."
Leí: «Vuestro padre está mal. Me ha llamado Socorro asus­tadísima. Creo que mi deber es comunicároslo y creo que Lola debería marchar a Madrid.» Inmediatamente fui al pueblo y puse una conferencia.
-"No se asuste, señorita, ya está mejor."
-"¿Pero qué ha sido?"
-"Se le ha paralizado la pierna en plena calle. Hable con él, está levantado."
-"¿Quieres que vaya enseguida, papá?"
-"No, no hace falta, estoy muy flamenquillo."
Le escribí una carta: «Miento mal. Podría decirte que esta­ba en Alanís y se me ocurrió hablar contigo. La verdad es que María Luisa recibió carta de su marido en la que le contaba lo sucedido. Regresaré pronto, así que hazme el favor de no salir solo; si te aburres en casa, lo siento, peor es que te ocu­rra algo en la calle y hazte la idea que este invierno tendrás una institutriz severísima.»
Se resignó mejor de lo que yo esperaba, aunque no le hacía gracia que lo tuviese que acompañar a todas partes. Una tarde que fui a buscarlo como de costumbre al Círculo de la Unión Mercantil me presentó muy orgulloso a uno de sus compañeros de tresillo.
-"Esta es mi hija. Es como si fuese mi mujer, mi madre. Lo es todo para mí."
-"Y tu institutriz, papá."
-"Se vengan -dijo su amigo-, se vengan ahora del tiem­po en que los hemos tenido tiesos."
Tenía que ayudarlo en su aseo; lo afeitaba, lo acostaba, aunque aún se valía por sí mismo. En la primavera de 1962 empezó a notar dificultades en su pierna derecha. El médico le recetó inyecciones y ya no volvió a salir a la calle.
-"¿Qué piensas hacer con tu veraneo?"
-"Padre, yo no me iré mientras tú no estés bien."
-" ¡Olé!"
-"Ni olé ni olá. ¿Cómo quieres que te deje?"
Pasó por Madrid un gran amigo suyo de Sevilla y le comen­tó, como si se tratase de algo extraordinario:
-"Carlos, Lolita no se ha marchado a la finca este año, se queda aquí conmigo."
Nunca olvidaré las palabras de Carlos mientras sonreía con dulzura:
-"Son nuestros hijos, Luis, los hijos de nuestra alma. Quizá un hijo no lo haría por ti, pero ella, por el mero hecho de ser mujer, es madre, y cuando estamos enfermos somos como ni­ños y nos cuida como a sus hijos."
Una mañana, ya arreglado y vestido, lo llevé al salón, des­pacito, apoyado en mí. (Tú serás el báculo de mi vejez.) Vino el practicante a aplicarle su inyección; me fui un momento a mi cuarto y al regresar lo encontré caído sobre el respaldo de la butaca, como paralizado, y con la boca abierta en un rictus. -"¡Papá, papá!" -grité.
Comprendí que no podía hablar. Asustadísima, avisé a uno de nuestros vecinos que era médico.
-"Es una trombosis. Vamos a llevarlo entre todos a la cama."
Me dio un medicamento. Por la tarde vino su médico de cabecera. Le conté lo ocurrido y le pregunté si no sería la re­acción de la inyección, pero me respondió que no podía tener ese efecto porque esas inyecciones licuaban la sangre.
Al otro día repitió la reacción, aunque menos fuerte. Al ter­cer día sucedió lo mismo. Esta vez el médico llegó poco después de haberlo llamado.
-"Es extraño. No pueden ser las inyecciones; de todas ma­neras, que no se las vuelvan a poner."
Esta vez la trombosis atacó la pierna válida. Mi padre era un hombre corpulento; sus piernas ya no lo sostenían, no podía levantarse solo del sillón.
-"¿Y cómo has podido tú con él, con lo frágil que pareces?" -me preguntaban los amigos.
Pues sacando fuerzas de flaquezas. Al comienzo tenía aguje­tas en los brazos. No le gustaba quedarse en la habitación, decía que tenía los ojos habituados al salón; pero había días en que no podía trasladarlo hasta allí, días incluso en que tenía que llevar un barreño a su cuarto para asearlo ante la impo­sibilidad de llevarlo hasta el cuarto de baño.
-"¿Cuándo estaré bien?"
-"Eso tú mismo lo irás notando."
No podía decirle que en lo que le quedaba de vida tendría que limitarse a ir de la cama a la butaca y de la butaca a la cama. Para él, que había detestado siempre tener que depender de los demás, el tener que hacerlo ahora le significaba un su­frimiento moral enorme.
-" ¡Qué lata! ¡Qué tostón te estoy dando, hija mía!"
Tal vez era una lata, pero nunca lo quise más que cuando lo tuve viejo y desvalido en mis brazos. Alguna vez confundía el sueño con la realidad, otras perdía la noción del tiempo y se despertaba en la noche pidiendo el desayuno. A veces logra­ba salir de la cama y lo encontraba caído en el suelo.
Los amigos me aconsejaron que contratara un enfermero para que me auxiliara.
-"Aquí no entra un enfermero mientras yo pueda con él." Sabía, sí, que algún día, no por falta de voluntad, sino de fortaleza física, tendría que hacerlo. Una amiga me dijo una vez:
-"Pero Lola, tú eres joven, vas a enterrar tu juventud aquí." Me dieron ganas de preguntarle qué haría ella si su marido estuviera enfermo como lo estaba mi padre.
Avisé a mi hermana; me llamó por teléfono.
-"Si estuvieras sola -le dije- te diría que te vinieses a Madrid, pero con los tres niños meterte en un piso caluroso como el tuyo me parece un crimen."
Mi hermana vino con su marido. Quedó impresionada.
-"¡Pobre papá, cómo está!"
Con ellos habían traído a Antonio. Al despedirse de él mi padre le envió recuerdos y saludos para sus padres. Por decir algo, dijo Antonio:
-"A ver cuándo viene usted por allí, don Luis."
-"¡Ca! Ya no..."
Pese a todo, no perdía su buen humor. Una tarde pasó una amiga nuestra a saludarlo.
-"¿Cómo estás, Luis?"
-"Ya ves, hija, hecho una calamidad. Tengo más faltas que un juego de pelota. Si me rifasen, aunque pusiesen un premio gordo conmigo, no venderían ni una papeleta."
Había días en que su voz era tan débil que aunque pegaba materialmente mi oído a su boca no lograba oírle. Entonces callaba resignado y me besaba la mano. Más de una vez me he encerrado a llorar en mi habitación.
A comienzos de septiembre mi hermana regresó de la finca.
-"¿Querrías tú irte unos días a descansar a San Miguel?"
-"Sí, con la condición de que tú vengas casi todo el día, si no habría que llamar a un enfermero."
Mi hermana tenía marido y tres hijos, no podía dedicarse a mi padre como lo hacía yo, pero me sentía cansada, la enfer­medad podía haber durado meses o años.
-"¿No te importa que me vaya unos días a San Miguel?" -le pregunté a mi padre.
-"No" -respondió.
-"Vendrá María Luisa a cuidarte."
Yo sabía que prefería que me quedase, pero él no quería ser egoísta. Saqué mi billete, pero no estaba tranquila, sentía remordimientos. Un sábado lo noté más caído que de costum­bre; vino el médico, le tomó la tensión y comprobó que la tenía bajísima.
-"Acuéstalo inmediatamente, dale café y este medica­mento." Yo tenía el billete para el jueves, el martes lo anulé. A fines de la semana siguiente había recuperado su tensión normal pero seguía muy decaído, sin fuerzas.
El martes siguiente, a la una de la madrugada estaba escri­biendo en la sala de estar. Me pareció que me llamaba o que tosía. Fui a su cuarto, estaba despierto.
-"¿Qué te ocurre? ¿Te encuentras mal? ¿Quieres que llame al médico?"
Movió negativamente la cabeza. Avisé al médico; cuando éste llegó afirmó:
-"Está gravísimo, es una trombosis cerebral. Está en coma, no ve, ni oye, ni siente. Voy a ponerle una inyección exponién­dome a que muera mientras se la aplique y como último recur­so le daremos oxígeno. Es duro tener que decirlo, pero no hay esperanzas.
Ya había empezado el estertor de la agonía. Trajeron el oxígeno.
Llamé a mi hermana. Isabel, que aún no tenía cinco años, se despertó y al oír que el abuelo estaba muy mal se echó a llorar.
Mi hermana y yo permanecimos toda la madrugada a su lado pendientes del oxígeno, como nos había indicado el médi­co. No quise acostarme. Mi cuñado comentó más tarde que le sorprendió mi serenidad durante aquella noche. Los nervios estallaron a media mañana, no podía más.
Mi padre seguía inconsciente, respirando gracias al oxígeno. Seguía aquel ronco estertor. Me arrodillé al pie de su cama llorando y llamándolo:
-"Papá, papá."
-"Viens Lola. Tu vas te rendre malade" -me dijo mi cuñado.
Aquella tarde habían quedado unos amigos en visitarme. Me comuniqué con uno de ellos.
-"José María, mi padre está muy grave, encárgate tú de avisarle a los amigos."
Vinieron todos y decidieron quedarse esa noche; era un grupo de tres chicos y tres chicas, se portaron como si fueran mis hermanos. Jamás lo olvidaré. Ellos me sacaron de la habi­tación y me obligaron a tomar algo. Estuvieron con nosotros hasta el amanecer. José María propuso:
-"Vamos a nuestras casas a descansar. Si ocurre algo, que Lola nos avise."
Por la mañana vino el practicante.
-"Ya es inútil que le ponga la inyección."
Luego vino su médico de cabecera, quien anunció:
-"No creo que pase el día."

martes, 1 de marzo de 2011

FESTIVIDAD DEL DÍA DE ANDALUCÍA

Un día soleado, aunque con un ligero viento que aconsejaba el uso de ropa de abrigo, nos acompañaron durante los actos de celebración del 28 de Febrero, día de Andalucía.

En la nueva plaza de la Palmera, inaugurada como prólogo de la fiesta, con la asistencia del Alcalde y concejales del Ayuntamiento, se celebró el acto del Día de Andalucía.

Fue la Banda de Música de Ntra. Sra. de Guaditoca, la que
abrió el acto con el himno de Andalucía. A continuación el Alcalde inauguró la nueva Plaza y dirigió unas palabras a los asistentes sobre la celebración de este día en Guadalcanal.

Seguidamente de nuevo la banda interpretó un pasodoble, para dar entrada a las tres rapsodas, que grosarían con sus poesías, el sentimiento andaluz.

Finalizado el acto las personas asistentes degustamos una caldereta de cordero, regadas con cervezas y buen vino.

A continuación les ofrecemos dos de las poesías, las leídas por Cloti Sánchez y Lola
Franco.


Andalucía, madre y maestra de nuestra cultura
cuna de arte y sentimiento
embrujo de la noche al mirarse en el espejo de sus cristalinas aguas
caricias de la brisa enredándose en sus sierras de encinares y de olivos.
ocho semillas sembradas en la tierra, por mano tartésica y visigoda
germinaron regadas por aguas moras, y florecieron siendo castellanas.
Hoy ocho rosas se alzan altaneras,llevando en sus pétalos prendidos
todo el arte derroche y coloridodel verde y blanco que corona su bandera.Jaén con sus campos de olivares,
donde vierte el sudor el campesino.
Entre marismas de plata sueña Huelva,
con suspiros peregrinos.
Málaga entre sus aguas,
el viento dibuja olas de plata
Cádiz navegando en su bahía
y Córdoba llorando entre murallas.
Almería oasis del desierto,
paraíso eterno de verano
Granada perla del Sacromonte,
arte de bohemios y gitanos
Sevilla reina y señora soberana,
mezcla de alegría y pena
entre cante por sevillanas
y lágrimas Macarenas.
¡ Qué gracia prendida en tu figura
que derroche de salero y alegría!
ocho rosas radiantes de hermosura
ofreciendo su color y su frescurafloreciendo en el jardín de Andalucía
Cloti Sánchez

SENTIMIENTO ANDALUZ

En el verde de tus carnes

Blanco cuchillo de plata

Clavó una noche la luna

Desgarrando tus entrañas

Y ocho semillas brotaron

Desde el fondo de tu alma

Cubriendo de verde oliva

Tu tez,morena y salada

Ocho fueron los suspiros

Que se quebraron al alba

Con rumor de caracolas

Y soles de espuma blanca

De sudor bajo el olivo

Y golpes sobre la azada

Forjó la tierra un molino

De ilusiones y esperanzas

Y en mil redes de tesón

Puso el mar peces de plata

Navegando sin timón

Sobre vientos de añoranza

La garganta se me rompe

Y las palabras me sobran

Para pregonar los nombres

De sangre vieja en tu historia

Pero no encuentro palabras

Que puedan cantar la gloria

Del arte que se derrama

Cada vez que se te nombra

Andalucia,mi tiera

Andalucia…señora

Gitana de piel morena

O niña cristiana y mora

En cada rincón del alma

Guardas el duende que añora

Meter entre tus volantes

Las penas que te devoran

Y,desde un balcón abierto

Entre acordes de guitarra

Cantaras,andaluz,tus sentimientos

Aunque el alma se te rompa.

LOLA FRANCO