martes, 8 de diciembre de 2009

LA ANGUSTIA DE LAS INMENSIDADES OCEÁNICAS - 3 DE 8

(La representación del espacio en los primeros exploradores europeos del Pacífico en los siglos XVI y XVII)

Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.


(Traducción de José María Álvarez Blanco)

La experiencia de la mar y el conocimiento de su nave le permitían estimar su marcha. En su Art de naviguer (Arte de navegar), Pierre de Médine indicaba así al marino: que «sabe que lo más que puede recorrer en una hora es cuatro leguas; y de ellas recorre tres, es mucho, pero recorrer dos en una hora es razonable…»[i]. Cuatro leguas en una hora representan una velocidad de casi 14 nudos, que es efectivamente «lo más que [un navío] puede recorrer en una hora» — y que pueden reivindicar pocos veleros de hoy día. La velocidad media de Magallanes a través del Pacífico (3 nudos) es pues menos que lo «razonable», pero esta velocidad no es más que una media, que integra las calmas ecuatoriales y los innumerables zig-zags que debió recorrer su navío, sin hablar de la distancia recorrida gracias a las corrientes marinas, circunstancias que era incapaz de estimar. Su cronista Pigafetta escribió: «Este mar está bien llamado Pacífico porque no hemos tenido fortuna [aunque si alguna tempestad] … y cada día, hacíamos 50 o 60 leguas »[ii], es decir de 170 a 205 millas náuticas, a una velocidad comprendida entre 7 y 8,5 nudos, lo que parece muy optimista, aunque sin duda es necesario atribuirlo a la corriente general.

Ignorancia del espacio
Ahora bien es necesario tener en cuenta que estas últimas expresiones (nudos, km/h) no tienen el sentido que poseen desde el fin del siglo XVIII, es decir, desde que se sabe medir el tiempo con cierta exactitud, lo que es indispensable para la medida de la distancia recorrida en la mar, donde no es posible plantar dos estacas unidas por una cuerda, por ejemplo, como se haría para medir el perímetro de un campo. En la mar, el espacio y el tiempo están indisolublemente unidos: si se dice que se han hecho diez millas, es porque se ha marchado a 5 nudos durante dos horas, y se sabe gracias a los instrumentos (velocímetro, GPS), o porque se ha ido de un punto a otro alejados 10 millas en un mapa que se ha trazado gracias a dichos instrumentos. Para el marino, cualquier distancia recorrida corresponde a una cantidad de tiempo transcurrido, lo que no siempre sucede a la inversa: en las calmas chichas (en particular en las inmediaciones del ecuador, en «calmas ecuatoriales»), el tiempo pasa y el velero no avanza, tanto sea del siglo XVI como del siglo XXI.
Pero antes de la invención del cronómetro, los marinos solo disponían de los relojes de arena, cuyo duración de vertido era de una media hora o de una hora, que los jóvenes grumetes de a bordo estaban encargados de darle la vuelta 24 o 48 veces al día — cuando no se dormían, lo que permite comprender los grandes errores de longitud. Es así que, al salir de su travesía de las Tuamotu, cuando Quirós recordó que Santa Cruz estaba a 1850 leguas de Lima y pidió a sus pilotos que le dieran su posición estimada, Ochoa «nos puso a alrededor de 2300 leguas, el capitán Bernal aún más lejos, y el almirante a 2000 leguas»: grave incertidumbre
[iii]. Evidentemente no estaba exento de error, puesto que sub-estimó la longitud de Santa Cruz y de Santo (Vanuatu), engañándose respectivamente en 8% y en 15%, y sobre-estimó la de Hao, con un error de más de 8%. Pero el conocimiento progresaba puesto que en 1568, su predecesor, Hernán Gallego, había considerado que Nui (Tuvalu) estaba mucho más cerca de Lima lo cual no es efectivamente cierto, cometiendo un error de 26%.
El viajero terrestre podía «hacer escala» casi cuando quisiera, aunque esto fuera a riesgo de pasar la noche bajo las estrellas, y decidir en cualquier momento que su camino había terminado, incluso si no había alcanzado el destino fijado previamente: en cualquier caso había llegado a alguna parte, y podía situarse mediante mapas, donde figuraban las vías de comunicación, las iglesias o los centros urbanos. Por el contrario, si bien el marino también sabía poco más o menos que hora era, por la posición del sol, no tenía ningún medio de medir el tiempo transcurrido con la precisión necesaria para estimar la distancia recorrida, es decir, para saber donde estaba.


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[i] Valladolid, 1545. Traducción francesa, Lyon, 1554, Livre III, chap. XII, p. 39.
[ii] Pigafetta, op. cit., p. 127
[iii] Pedro Fernández de Quirós, op. cit., p. 233.

lunes, 7 de diciembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 115


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

adminístracion de los negocios, porque con esto terná mas mano y domínio sobre todos los oficiales y personas que residieren en la fábrica, y redundará en beneficio de la hacienda.

Resolución: Que así se ha proveido conforme á su parescer que don Francisco tenga jurisdiccion por la manera que verán.

En lo que toca al derecho de los pretensores destas mínas; que son las personas que tienen privilegios y mercedes de los Reyes pasados, y el arrendador con quien los contadores tomaron asiento sobre todos los mineros descubiertos y por descubrir de las partes donde no estan hechas mercedes, y los halladores, ha parescido que los de los privilegios, allende que no esta averiguado questa mina se incluye en ellos; pero aunque lo estuviese, su derecho seria de poco momento, y cuando pareciese que la dicha mina se incluya en su merced, se tratará si se les debe dar alguna recompensa: en lo del arrendador ansimismo no parece de importancia su derecho, aunque será justo, así por el que puede en alguna manera tener, como por las costas y gastos que ha hecho, trayendo alemanes, é haciendo instrumentos é ingenios nuevos, y por otras cosas, se tome con él algun asiento, teniendo á todo consideracion: en cuanto al derecho de los halladores como quiera que su justicia en lo que pretenden de la tercia parte, conforme á la ley, no esté así tan clara como ellos dicen, antes haya fundamentos y consideraciones para enflaquecer y disminuir el dicho derecho, y para que no se puedan asi ayudar de la dicha ley; con todo eso, para mas saneamiento de la Real conciencia de V. M. y satisfaccion de la justicia, sería cosa conveniente tomar sobre esto alguna concordia; y para que se haga con mas facilidad y á menos costa, habiendo, como hay, muchos otros pretensores,allende de los dos principales Martin y Gonzalo Delgado, algunos por partes que dellos han habido, por donaciones y compras, y los demas por otros títulos y causas, se ha ordenado al fiscal de la contaduría que vea todos los derechos destos, y haga relacion en este consejo, con fin de que se tome primero con estos concierto, pudiéndose hacer fácilmente y á poca costa , como se espera, ó para que, habidos por V. M. estos derechos, y diminuido lo de los dichos principales, se pueda concluir el dicho concierto mejor y á menos costa.

Resolución: Que esto de las minas su Magestad lo remitió á don Francisco que lo visite y lo vea, y tenga cuenta con ello, y que ordinariamente avise al consejo de lo que hallare y se hiciere.

Las minas de Aracena y Cazalla aunque al principio se tuvo relacion qe eran ricas, lo que ha parecido dellas hasta ahora es de poco provecho, como don Francisco dirá; pero todavía hasta ver mas lo que sucede, se van labrando y beneficiando con costa moderada por la orden que él dijo, y porque el duque de Arcos que pretende derecho á la de Aracena ha puesto su negocio en justicia, y ha traído cédula de V. M. para que el consejo lo vea y envíe su parecer, hacerse ha, pues V. M. es servido dello, y para lo que en este medio se hace, vá bien justificado con la provision que se dió cuando fue don Francisco, de que á V. M. se hizo relacion; y en todos los otros pleitos de minas se dará cédula para que se sobresea la prosecucion y determinación dellós, hasta cónsultarlo á V. M. como lo envió á mandar.

domingo, 6 de diciembre de 2009

LA ANGUSTIA DE LAS INMENSIDADES OCEÁNICAS - 2 DE 8

(La representación del espacio en los primeros exploradores europeos del Pacífico en los siglos XVI y XVII)

Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.


(Traducción de José María Álvarez Blanco)

Si se pudiera trazar esta «frontera» en un mapa, incluso somero, de América, por el contrario, determinar «el anti-meridiano», es decir el límite entre las zonas descubiertas por cada uno de los dos países rivales al otro lado de la tierra, era mucho más problemático porque no se conocían las dimensiones del nuevo océano. Actualmente se sabe que esta línea virtual pasa por el meridiano 130 de longitud este, al oeste de Nueva Guinea, lo que significa que las Molucas estaban en «zona portuguesa», pero la incertidumbre de la época permitió a España reivindicarlas, y a Magallanes embarcarse hacia ellas.
Magallanes no era un novato pues ya había navegado, al servicio del Rey de Portugal, desde Europa a la India por el Océano Índico. Pero sin querer en absoluto empañar el mérito de los marinos portugueses que dieron la vuelta a África, es precioso recordar que no se trataba más que de una forma ampliada de lo que se denomina navegación de cabotaje. Esta palabra alude a una navegación «de cabo a cabo»
[i]: lo que significa que los navegantes sabían siempre donde se encontraba el continente que rodeaban, a más o menos distancia, y del que podían dibujar los contornos gracias a sus cálculos de latitud, sin tener realmente necesidad de conocer su longitud.
Esta es la razón por la que, cualquiera que sea la distancia a recorrer, algunos consideraban que era mucho más difícil atravesar un océano desconocido de este a oeste que de norte a sur. Así, cuando Pedro Fernández de Quirós hablaba de Juan Ochoa de Bilbao, que le había sido impuesto como piloto mayor para su expedición de 1605-1606, mostraba claramente que consideraba despreciable su experiencia náutica, que sin embargo era considerable, adquirida bordeando la costa oeste de América, desde México a Chile, lo que representa un número considerable de millas, porque estimaba que dicha navegación no comportaba ninguna incertidumbre: «… él navegaba en general desde Panamá o desde Acapulco al Callao, bordeando la costa. Si se alejaba, nunca era demasiado y, cuando incluso se separaba más de la costa, la tierra que se busca siendo grande […], si no se la encuentra el día previsto, se la ve al día siguiente, y si no se llega al estrecho previsto se llega a otro […], y es así como se encuentran los puertos que se buscan.»
[ii], mientras que él consideraba mucho más glorioso haber atravesado el Pacífico de este a oeste y haber encontrado allí islas tan pequeñas.
La travesía que Magallanes se apresuraba a realizar, en su entrada en el Pacífico, el 28 de noviembre de 1520, era de una naturaleza diferente porque ninguna referencia le permitía situarse. Solo sabía que estaba navegando en un océano, en un meridiano desconocido, y que debía ir a su orilla opuesta, remontando «dando un rodeo», en dirección norte-oeste. Pero, ¿durante cuánto tiempo, o cuántos lugares? Imposible decirlo, ni siquiera aproximadamente.
Sin embargo, tenían una gran ventaja sobre Cristóbal Colón que, treinta años antes, también había atravesado un océano del que ignoraba la anchura, en una época en la que no eran mayoría los marinos que pensaban que tenía efectivamente una orilla opuesta: Magallanes que llegaría allí, y que todo no era más que una cuestión de tozudez, de la que él no carecía — y de la que ya había dado pruebas. No tenía más que partir, y llegaría bien un día, si escapaba de los peligros inherentes a las travesías en alta mar, como las tempestades, encallamiento en un arrecife, falta de víveres y de agua o la hostilidad de las poblaciones indígenas.
Pasaron casi dos meses, durante los cuales navegó en medio de ninguna parte, antes de ver la isla de Fakahina (pequeño atolón del grupo de los Tuamotu), el 24 de enero de 1521. Aun le faltaba más de un mes y medio para encontrarse frente a la isla de Guam, el 6 de marzo, y después de tres semanas más antes de llegar a las Filipinas, el 27 de marzo, donde se dio cuenta de la proximidad de las Molucas, y pudo prever que su viaje tocaba s su fin
[iii]. Desde el estrecho hasta las Filipinas, no había visto más que tres islas: dos minúsculas, en el hemisferio sur (Fakahina, en el grupo de las Tuamotu, y Flint, en el de las Kiribati) y solo una un poco mayor, en el norte del Ecuador (Guam). Había necesitado cuatro meses de navegación para cubrir casi 9000 millas náuticas, lo que supone una velocidad media de aproximadamente 75 millas por día, o 3 nudos (3 millas por hora, es decir unos 5,5 km/h).


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[i] Dictionnaire d’Histoire maritime, op. cit., I, p. 269.
[ii] Pedro Fernández de Quirós: Histoire de la découverte des régions australes (Iles Salomon, Marquises, Santa Cruz, Tuamotu, Cook du nord et Vanuatu), L’Harmattan, 2001, p. 235.
[iii] Evidentemente ignoraba que iba a morir el 27 de abril después de una riña con un reyezuelo local, en la isla de Mactan, y que no alcanzaría las islas de las especias. Estos sus compañeros que desembarcaron allí, el 8 de noviembre de 1521, y supieron que el amigo Francisco Serrão también había muerto poco antes.

sábado, 5 de diciembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 114


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

RESOLUCION MARGINAL. Que S. M. ha oido á don Francisco, y que, visto lo bien que dicen que lo ha hecho, S. M. ha mandado que vuelva alli á tener cuidado desta hacienda; y se le ha dado la comision, poder é instruccion, y otros despachos que verán, á que se remite, é que conforme á ellos tengan cuenta con él.
Agustin de Zárate, que hasta agora ha tenido la administracion destas minas, por algunas indisposiciones que le han sucedido ha hecho instancia se le diese licencia para venirse, la cual se le ha dado, y se viene: ha servido bien el tiempo que alli ha estado, y hecho lo que ha Francisco y él entendia; pero como se mudó por don Francisco la orden que él habia tenido, así en el beneficiar de los metales, como en otras cosas tocantes al buen recado y beneficio de la hacienda, y la dicha mudanza se hizo contra su opinion y parecer, no fuera ya conveniente su estada allí habiéndose de seguir otro camino del que, á él le parecia, principalmente resultando del suceso demostracion de que se habia errado en lo pasado; y por su venida será necesario proveer aqui de persona; y en el entretanto que V. M. se resuelve en la que es servido para lo cual enviamos á V. M. memorial de las que acá ocurren, se proveerá quien en este medio asista.
Resolución: Que ya esto cesa con la provision de don Francisco, y que avisen de lo que les paresce que se podrá básicamente hacer con él por este trabajo.
Y para que en aquella hacíenda haya cuenta y razon con la claridad y orden que conviene, es necesario que, allende de las otras personas que alli don Francisco dejó, esté un contador que sepa los libros y razon de todo, dándole la orden que, asi en los libros como en lo demas, ha de tener; ha parecido que se debe proveer persona para esto, la cual se nombrará acá hasta que V. M. mande lo que fuere servido; y con esta persona quedará el administrador mas desocupado para poder asistir y andar sobre todos los oficiales, para que ninguno se descuide en lo que es á su cargo.

Resolución: Que los contadores mayores nombren persona hábil, y suficiente, y de confianza, y le den poder, y que acá avisen de lo que paresca que se le debe dar de salarlo. Por relacion que habemos tenido de Agustin de Zárate, y despues de don Francisco, se ha entendido que en aquella fábrica se ha hurtado mucha cantidad de metales, ansi antes que á ella fuese el dicho Zárate, como despues; y aunque en la contaduría mayor se proveyó que un alcalde de la audiencia de Sevilla fuese allí y castigase los delitos que en esto se habían hecho, y comenzó á entender en ello, no fue bastante remedio; y por la necesidad que en Sevilla habia de su asistencia, se fue, y dejó algunos negocios comenzados; y porque para concluir aquellos y averiguar muy de raíz los hurtos que se han hecho y castigarlos, el dicho don Francisco y Zárate han hecho instancia que se provea un alcalde; ha parecido que se debe enviar una persona de letras para que proceda en todo lo pasado y en lo que ocurriere en el tiempo que estuviere allí; y ansimismo sea juez de los crímenes y excesos que acaescíeren entre las personas que estan en la fábrica, y asi se proveerá por tiempo limitado de cuatro ó seis meses; y para adelante parece que el administrador que alli estuviere tenga esta jurisdiccion y conocimiento de causas, poniendo un teniente ó asesor para la

viernes, 4 de diciembre de 2009

LA ANGUSTIA DE LAS INMENSIDADES OCEÁNICAS - 1 DE 8

(La representación del espacio en los primeros exploradores europeos del Pacífico en los siglos XVI y XVII)

Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.

(Traducción de José María Álvarez Blanco)


Un viajero actual parece tener una noción clara del espacio por el que se desplaza. Por ejemplo, quien sube a un avión en Faa’a para ir a Hawai’i, aunque ignora cuál es la distancia exacta que va a recorrer, sabe al menos que aterrizará en Honolulú unas 5 horas más tarde. Una vez sentado en su butaca, puede seguir el trayecto en una pantalla que reproduce un mapa del Pacífico, donde se ve literalmente volar hacia el norte y aproximarse poco a poco al punto de destino: hay pues una percepción inmediata del espacio y del tiempo que transcurre, adornada de una extraordinaria sensación de facilidad que le hace olvidar lo que fueron los viajes de antaño.
Pero a nuestro viajero el vocabulario le recuerda que tiene predecesores en la materia: «embarca» (del verbo «embarcar», subir a un barco) a una «aeronave» (de la palabra «nave», navire); antes de subir «a bordo» (en el barco), deja su equipaje en la «bodega» (el compartimento de la cala del barco destinado al almacenamiento de los víveres o de las velas), y confía el cuidado de su equipaje (de la antigua palabra «equipar» = proveer a una embarcación de lo necesario), al personal «navegante», técnico o comercial.
Dicho brevemente, en el curso de la travesía que se apresta a realizar, será el heredero de los viajeros de antaño, con la diferencia de que hoy día todos sus parámetros son conocidos en cada instante por el «piloto» (palabra que procede de una palabra griega que designa el timón), que decide en lugar de sufrir, como hacían los antiguos. De los sufrimientos se encontrarán mil ejemplos en los primeros exploradores europeos del Pacífico, cuando la ignorancia conducía frecuentemente a la desesperación y a la revuelta.

***
Magallanes, el pionero.
Lo único que sabía Magallanes
[i] al salir de Sevilla, el 10 de agosto de 1519, era que existía un mar entre América y Asia, el continente sobre el que se encontraban las Molucas, o «islas de las especias», puesto que Vasco Núñez de Balboa[ii] había visto dicho mar con sus propios ojos seis años antes, en las orillas del istmo de Panamá, sin siquiera navegar por él. Esto constituía un punto de partida muy débil para organizar dicha expedición, pero hubo razones para emprenderla porque se conocía el resultado: después de haber bordeado durante casi un año entero la costa de América del Sur, y penetrar en todas las bahías y en todas las desembocaduras para ver si no se encontraría allí «el paso», entró, el 28 de noviembre de 1520, en el Mar del Sur (que su cronista Pigafetta[iii] denominó el «Pacífico»). Pero se estaba impresionado por lo poco que se sabía de lo que quedaba por recorrer: de modo que, gracias a los mapas de su amigo Francisco Serrao[iv], estimaba que estas islas estaban situadas más o menos sobre el ecuador, e ignoraba totalmente su longitud.
El problema de la época era la línea de separación entre las zonas de influencia de España y Portugal: según las bulas papales y el Tratado de Tordesillas
[v], dicha línea estaba situada «a 370 leguas[vi] al oeste de cabo Verde», es decir poco más o menos sobre los que se denomina actualmente el meridiano 50 de longitud oeste, en el interior de las tierras brasileñas. Su localización no planteaba demasiados problemas y, para alcanzarla, era suficiente, si se atreve uno a decirlo, recorrer estas 370 leguas[vii] hacia el oeste navegando en latitud constante, lo cual se sabía hacer.
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[i] Véase un resumen de su viaje en http://www.lehman.cuny.edu/ile.en.ile/pacifique/baert_magellan.html
[ii] http://www.lehman.cuny.edu/ile.en.ile/pacifique/baert_balboa.html
[iii] Pigafetta, Antonio: Relation du premier tour du monde de Magellan (1519-1522), Taillandier, 1991.
[iv] Establecido en las Molucas después de la conquista portuguesa de la India, les alababa sus riquezas y les afirmaba que se encontraban en la «parte española» del planeta.
[v] Las bulas papales Intercoetera y Dudum Siquidem, de mayo y septiembre de 1493, y el Tratado de Tordesillas, de junio y septiembre de 1494, estaban destinadas a evitar un enfrentamiento entre las dos naciones rivales.
[vi] Es decir en medio del Atlántico, de la cual Colón había estimado la latitud a 750 leguas.
[vii] Una legua es una división del grado de latitud, cuyo valor variaba considerablemente según los países: para la misma distancia, se contaban 60 en Italia, 25 en Francia, 17 y media en España y en Portugal, y 15 en Alemania. En 1524, los navegantes más experimentados de la época (Portugueses — Lopes de Sequeira, conquistador de la India —,Italianos — Cabottto y Vespucci — y españoles — Hernando Colón, el hijo del Amirante, o Elcano, que terminó la vuelta al mundo comenzada por Magallanes) decidieron oficializar la práctica corriente en los marinos ibéricos: en adelante valdría 3,43 millas náuticas o 6,35 km. (J. Génova Sotil & C. Miranda Vila: « Notas sobre la náutica en los siglos XVI y XVII », en: Descubrimientos españoles en el mar del sur, Madrid, Editorial naval, 1992, I, p.71 ; Francia e Inglaterra decidieron, en el siglo XVII, contar veinte leguas marinas por grado de de latitud (Dictionnaire d’Histoire maritime, Robert Laffont, 2002, II, 857).

jueves, 3 de diciembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 113


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

del pueblo en favor del arrendador, trataron muy mal de obra y de palabra al dicho Marmolejo dándole ciertas bofetadas é moginetes, é diciéndole palabras feas é injuriosas, con ser persona muy honrada, sobrino del Veinticuatro Diego Lopez, y de los muy buenos de Sevilla; é yéndose á quejar á un alcalde mayor que allí está por el arzobispo de Sevilla, el dicho alcalde mayor no solamente no le remedió ni castigó; pero prendió al dicho Marmolejo y á las guardas que con él iban, dejando sin guarda las cargas de plata, lo que al parescer, es cosa digna de castigo ejemplar, pues es justo que se tenga grand respeto á la hacienda de V. M., porque otro dia se atreverán á salir al camino á robarla, viendo que esto se disimula; y ansi rescibiré señalada merced: V. M. sea servido mandar cometer este negocio al alcalde de minas que para aqui se proveyere, para que haga en ello justicia, ó si no al licenciado Salazar: hay cuatro leguas de Cantillana, y lo podrá hacer casi sin salir de Sevilla; ó V. M mande proveer lo que mas conviniere á su Real servicio.
Conforme á lo que me fue mandado, tengo enviada persona á comprar las mil hanegas de trigo para el proveimiento de la gente que trabaja en estas minas, las cuales están ya compradas, y salen puestas aqui á veinte y ocho reales la hanega: tengo determinado que, mientras se hallare pan cocido á vender, no se toque en éstas, porque tememos que ha de haber grandísima falta de pan en estas partes, á causa que aqui no lo hay; y como se ha de proveer de acarreo, y en la Mancha tampoco sobra, con cualquiera ocasion de mal tiempo ó de otro impedimento se verá en gran trabajo toda esta tierra. Dios lo remedie, y guarde la Real Persona de V. M. con acrecentamiento de mas reinos y señoríos. - De las minas veinte y seis de noviembre de mil quinientos cincuenta y seis. S. (C. R. M.- Humil criado de V. M. que sus Reales manos y pies beso - Agustin de Zárate,

Capítulos de carta del Consejo de hacienda al señor don Felipe Segundo sobre los negocios de minas, y los particulares de las de Guadalcanal.
Las resoluciones son de mano de Francisco de Fraso.

Secretaría de Estado. - Correspondencia de Castilla, núm. 114.

18 de noviembre de 1556.

C. R. M. - De don Francisco de Mendoza entenderá V. M. el estado en que queda lo de la mina de Guadalcanal, y lo que en el tiempo que alli ha estado ha proveido cerca del beneficio y buen recaudo de aquella hacienda, y lo que ha dejado ordenado que se haga , y todo lo demas tocante á este negocio, de que él dará á V. M. particular relacion; en lo cual asimismo aqui habemos largamente platicado y conferido con él; y habiéndole oido, y visto por escrito la orden que ha dado, nos ha parecido muy bien, y cierto fue de gran importancia su ida y estada alli, de que V. M. ha sido muy servido, y aquella hacienda recibido mucho beneficio; y aunque en estas materias el tiempo, y la experiencia y el suceso resultará el seguir esta orden ó mudarla por ahora, pareciéndonos, como está dicho bien, se seguirá asi, añadiendo ó mudando de aquella lo que mas en el progreso del negocio entendiéremos convenir, y ayudándonos de lo que el aleman que de allá vino, despues de haber alli asistido algunos dias, y visto todo lo ordenado, le parecerá, y se irá siempre dando á V. M. aviso.

martes, 1 de diciembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 112


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

manera que no han querido entrar en el dicho pozo; y aunque yo les ofrecí que los pornia en otros pozos donde no hay metal, y ansi no habría necesidad de buscarlos, no lo han querido aceptar; y visto esto, yo hice entrar en el dicho pozo españoles los mas diestros que aquí hay en el arte, caso que el Juanes de Vítembergue dice que de los unos ni los otros no hay nadie que sepa nada; y para ser iguales, estos nuestros trabajan un tercio de tiempo mas, y llevan un tercio de jornal menos, y hará mas uno en un día que un aleman en tres; y ansi se ve por esperiencia que en seis meses no sacaron tanto los alemanes del pozo rico, coma ha sacado Francisco Blanco el de Hornachos en dos meses. Cierto, es gente de mucho trabajo si no fuesen tan dados á hurtar, que ni basta haberles puesto torneros alemanes para que no salga ninguno sin licencia, y catarlos todas las veces que salen, sino que en los zapatos y en las caperuchas sacan hurtado el metal; sino que como los hurtos son en tan poca cantidad, no bastan para darles pena corporal, mas que destierro, aunque algunos se han azotado, y sentenciado, y aun condenado á galeras.
De ocho ó diez días á esta parte se nos ha adelgazado la vena un poco del pozo rico de Martin Delgado, por lo cual no se saca tanto metal como solía; y aunque siempre se van continuando las muestras en el pozo de Adan de ser el mismo metal rico, nunca sale en cantidad que haga notable provecho, y ansi vamos entreteniendo los seis hornos de fundicion que había con los relaves de la compañía y algunas pocos que hay de Martin Delgado que se acabara en esta semana; y por esta razon he hecho cesar los dos hornos de los seis, y aun tengo por cierto que antes de Pascua será forzado cesar los otros dos, porque no tendrán que fundir hasta que nuestro Señor sea servido deparar en qué poderlos emplear todos, como conviene al servicio de V. M.
Hoy he enviado de aquí la plata que habia desde que se envió la otra. Hobo agora tres mil y ciento y dos marcos de plata: creo valdrán diez é nueve mil ducados, con los cuales, cuando se acaben de labrar, estará cumplida ó faltará muy poco para cumplirse la libranza de los treinta cuentos de Hernando Ochoa: si algo faltare, será por el dinero que se ha enviado para los gastos desta fábrica, y para enviar por las mil fanegas de trigo á la Mancha: no pienso que he hecho poca obra en cumplir tanto dinero como agora va en tan pocos días, porque no ha habido mas de diez dias de trabajo despues acá que fue la última plata: de aqui adelante se comenzará para cumplir con Domingo de Ochoa; espero en Dios que en breve tiempo será cumplida. Desde que estoy aquí ando en porfia con los arrendadores de la barca de Cantillana, y con la justicia de allí sobre las molestias que hacen á las personas que llevan plata y traen dinero, sobre el pedirles barcaje de las cargas, y aunque han sido amonestados sobre ello, y á la continua va con la plata un alguacil, ninguna cosa aprovecha, sino que no los quieren pasar, y los detienen allí aunque se les dice, y ellos ven que esta es hacienda de V. M. y no debe derechos; y los arrieros les pagan su barcaje de los mulos, continuándose estos malos tratamientos. Yendo un vecino de Sevilla, llamado Francisco Marmolejo, á los catorce del presente, con cuatro mil y tantos maravedis de plata, y llevando vara de justicia, teniendo ya las cargas en el barco, vino el arrendador, que es alcalde de la hermandad, y se las quiso hacer sacar, y sobre esto vinieron á reñir , y juntándose mucha gente