domingo, 22 de junio de 2014

Las exploraciones españolas del Pacífico (1521-1606): ¿éxito o fracaso? (6 de 7)


Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos, en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.
                                                            Traducción de José Mª Álvarez Blanco.

Si el «éxito» de una expedición se mide en relación con la meta fijada, conviene repasar detenidamente los datos esenciales de las instrucciones. En este sentido, el estudio del primer viaje español al Pacífico, el de Magallanes - Elcano, reserva una gran sorpresa, como explica Carlos Barreda: «Ni en las Capitulaciones [especie de contrato firmado con el rey en marzo de 1518 que hace referencia a "descubrir las islas y la rica tierra de las especias"] ni en las Instrucciones [en 74 artículos, firmados por Carlos V en mayo de 1519, que no son más que otro "manual completo para dirigir una flota enviada para explorar nuevas tierras"] ni en cualquier otro documento se encuentra la mención de una vuelta alrededor del mundo, ni como objetivo ni como simple posibilidad[1]». Del mismo modo Pigafetta simplemente escribió: «... había en la ciudad de Sevilla un pequeña armada de cinco barcos listos para hacer el largo viaje, es decir, el descubrimiento de las Islas Molucas (de donde vienen las especias[2])», sin referirse a otro proyecto conocido oficialmente. Las dos proezas que caracterizan esta expedición - el descubrimiento del paso entre el Atlántico y el Pacífico, y el regreso a España por el Océano Índico - no son pues parte explícita de las «órdenes de misión» dadas a Magallanes. Por el contrario, la mención repetida de la prohibición de tocar cualquier zona bajo influencia portuguesa sugiere que este itinerario de regreso estaba fuera de las previsiones. Por tanto, nos encontramos frente a un caso claro de desobediencia[3], cuando en Tidore, las nuevas autoridades de la flota decidieron que Elcano a bordo de la Victoria partiría por el «camino portugués» y que Gómez de Espinosa se dirigiera a Panamá con la nave Trinidad[4] ─ una decisión de acuerdo con las instrucciones, pero carente de sentido, ya que subió hasta 42º al norte para buscar los grandes vientos del oeste, pero desafortunadamente prematura. Ello no impidió que a su regreso a España, Elcano fuera felicitado por Carlos V para ser «el primer hombre que ha dado la vuelta al mundo [ ... ], el evento más grande e increíble que hayamos nunca visto desde que Dios creó al primer hombre[5]». Al parecer, el Emperador había olvidado su prohibición, quizás ayudado por la gran cantidad de especias que el navegador informó que había en las islas que había enviado a descubrir ─ incluso se habló de un negocio de rentabilidad del 1000 %. Las Instrucciones Reales habían sido pues globalmente seguidas.

Las órdenes dadas a García Jofre de Loaisa para la expedición de 1525-1526 se referían principalmente al establecimiento de la soberanía española en las islas Molucas y la apertura del comercio de especias, razón por la cual el Capitán General debía permanecer allí como gobernador. En cuanto a la ruta a seguir, parece que el rey quería que la flota fuera sin escala en las Islas Canarias hasta el cabo de Buena Esperanza, pero en caso de que el mal tiempo lo impidiera, daba libertad a los navegantes para elegir otro camino: si fue en la Gomera donde Loaisa decidió dirigirse al Estrecho de Magallanes, no se sabe si fue empujado por las condiciones meteorológicas desfavorables. Además de la prohibición habitual de tocar tierra portuguesa, no había pues recibido una misión para descubrir nuevas tierras, lo que fue respetado, pues el único descubrimiento en el haber de este triste viaje fue el de una pequeña isla de las Marshall, Taongi. Por el contrario, el fracaso fue total en el plano político- comercial. Poco tiempo después, Carlos V ordenó a Hernán Cortés que enviara una expedición en busca de Loaisa, lo que encargó a su pariente Álvaro de Saavedra, a quien remitió las instrucciones según las cuales tenía que ir a las Molucas sin hacer escala y una vez allí ocupar las fortalezas portuguesas erigidas en «zona española» e informarse del modo de cultivar las especias y traer plantas. Saavedra encontró a los compañeros de Loaisa que ocupaban el Fuerte de Tidore, se las arregló para « rescatar» a muchos de sus compañeros prisioneros, pero murió durante su segundo intento de regresar a Nueva España. Por lo tanto, ninguna planta de especias fue desembarcada allí, pero la presencia española en las Molucas permitió a Carlos V, vender al rey de Portugal, y a un buen precio, las islas que aún estaban en su «zona de la soberanía». Oficialmente, Hernando de Grijalva no tenía instrucciones para cruzar el Pacífico hasta las islas Molucas. No es imposible que hubiera recibido órdenes secretas en este sentido, pero no se pueden evaluar los resultados de una expedición respecto a un objetivo desconocido. El Virrey de México, Don Antonio de Mendoza, dio seis navíos a Ruy López de Villalobos, quien debería «abrir la navegación dese Nueva España a las islas de Poniente[6]», enviar información sobre las tierras que hubiera descubierto (lo que incluía por tanto un retorno hacia el este) y «ensanchar los dominios de la santa fe católica».  Antes de su muerte en 1546, en las Molucas, desalentado por la hostilidad de los musulmanes de Mindanao, y luego por portugueses de Ternate, no habiendo logrado ninguno de sus objetivos, habían fracasado los dos intentos de regresar, el de Bernardo de la Torre y el de Iñigo Ortiz de Retes, el virrey aconsejó a las autoridades abandonar estas islas, que «no presentaban ningún interés». No se podía hacer un balance más claro.



[1]Carlos Barreda, Nova Imago Mundi, op. cit., pp. 121-122. Las «Capitulaciones» están reproducidas en las  pp. 257-260, y las Instrucciones en pp. 263-286 de esta obra.
[2]Relation du premier voyage autour du monde de Magellan, Paris, 1991, Libraire Jules Tallandier, pp. 95-96 ; texto español en La primera vuelta al mundo, op. cit., p. 191.
[3]Además del hecho de que Magallanes no había respetado la prohibición de mezclarse en las rivalidades eventuales entre las autoridades locales, lo que le había costado la vida, en Mactan (Filipinas), el 27 de abril de 1521.
[4] Antonio de Herrera, Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano (1601), ed. Universidad Complutense de Madrid, 1991, II, p. 253.
[5]Le concedió, además de recompensas financieras, un blasón con la célebre leyenda «primus circumdedisti me», al igual que a algunos de sus compañeros y a uno de ellos armó caballlero (Herrera, op. cit., II, pp. 382 et 404).
[6]Herrera, op. cit., IV, p. 131.

miércoles, 18 de junio de 2014

Las exploraciones españolas del Pacífico (1521-1606): ¿éxito o fracaso? (5 de 7)


Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos, en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.
                                                            Traducción de José Mª Álvarez Blanco.

Sin embargo, la razón principal que examina está claramente relacionada con la longitud:
«En cuanto a la primera, es cierto que no nos han dado la verdadera longitud de las Islas Salomón, y digo que no hemos llegado a ellas porque están más al oeste que las que habemos descubierto. [...] Si el relato de Hernán Gallego [dijo] la verdad, a saber, que las Islas Salomón se encuentran en latitudes 7º a 12º sur, a 1.450 millas de Lima, no se podía  hallarlas. [...] Por tanto, debemos pensar que dichas islas no están detrás, sino delante»

Y la tercera razón está relacionada indirectamente

«En cuanto a la tercera razón, la ignorancia, no hay nada que añadir. Lo cierto es que navegó [...] sin conocer otra longitud que la que cada uno determinó por estimación: entonces es posible que el error venga del que ha hecho la estimación, o del propio navegante, y que hubiera pensado recorrer menos camino que el realmente navegado»

La palabra clave aquí es «ignorancia», que no es sinónimo de «falta de rigor». En ese momento, la «longitud» no era más que la distancia recorrida entre el punto de partida, e incluso en línea recta, algo que, en el mar es bastante utópico. Sin embargo, se recuerda que sin los instrumentos adecuados, no podríamos conocerla y que era necesario conformarse con estimarla, lo que era muy aleatorio, porque dependía de la experiencia del piloto que tenía el piloto de las prestaciones de su barco, porque era muy difícil darse cuenta de la presencia de una corriente favorable en los trópicos, que lleva hacia el oeste, y con frecuencia llega a ser  de un nudo[1] (1 milla/hora), lo que haría que el barco recorriera hasta 24 millas al día, y podría explicar, al menos parcialmente, algunos errores de posición.

Sin embargo, cuando se examinan de cerca, estos «errores» se hacen más comprensibles. Según Hernán Gallego, las Salomón estaban a 1.450 leguas de Lima, o 4.930 millas náuticas, cuando en realidad, 7000 kilómetros separan San Cristóbal de Perú, en línea recta. La diferencia, enorme, de ± 2.000 millas, de hecho, a grosso modo correspondería aproximadamente a un fallo de un nudo cada uno de los 82 días que había durado el viaje. En cuanto a Quirós, pensaba que estaba a 850 leguas, 2.890 millas de Tahuata (Marquesas) en Santa Cruz, pero la distancia real es de 3.250 millas: la diferencia 360 millas, muestra que durante una travesía de cinco semanas, se equivoca en 10 millas (0,4 nudos) por día. Se constata así que Quirós era dos veces menos equivocado que Gallego: sin duda tenía una intuición más fina sobre la marcha de su barco y era mejor marinero, lo que confirmaría la veracidad de su conclusión: las islas que buscaba estaban «antes», es decir, en el oeste de Santa Cruz. Le hubiera bastado realmente recorrer 239 millas náuticas (440 km) que quedan más o menos a la misma latitud para llegar a San Cristóbal. Pero las condiciones de vida a bordo se convirtieron en tan terribles que el objetivo ya no era explorar el océano, sino la necesidad urgente de llegar a una «tierra cristiana[2]»

¿Qué añadieron los viajes de Mendaña y Quirós a la tierra habitada?. Está claro que en Europa en el siglo XVIII, no sólo se sabía de la existencia de las Islas Salomón, las Marquesas y Tierra del Espíritu Santo (actual Vanuatu), sino también de la navegabilidad del estrecho de Torres que  aparece sin lugar a dudas en los mapas publicados por De Brosses en 1756, en los que ocupan un lugar destacado extractos de los relatos de Quirós y Philibert Commerson, botánico y cirujano de Bougainville, que escribió en su diario: «En los mares del Sur  hemos reconocido las tierras de Quirós, que son una parte de las tierras australes ...». Además, Dalrymple del Servicio Hidrográfico del Almirantazgo británico había informado Joseph Banks antes de su partida de los descubrimientos ya realizados en el Pacífico, en una carta de su puño y letra, y los había publicado en 1767, mostrando en particular, la ruta de Torres a través del estrecho, de acuerdo con el Memorial de Arias («el hizo la del oeste, teniendo siempre a la derecha otra tierra, muy grande que bordeó en más de 600 leguas [ ... ] hasta Bachan y Terrenate[3]») . Nosotros no seguiremos pues el Dictionnaire d’Histoire Maritime que afirma, en la entrada «Descubrimiento y exploración de los mares del sur».. «....de 1567 a 1596, una fase española sin grandes consecuencias y perdida de vista por la Europa no hispánica» pero que sin embargo concluye: «Por lo menos en los mapas mundi se veía  encogerse el continente austral», sin preocuparse de la paradoja[4].

En lo que se refiere a la perpetua sospecha de ocultamiento (la «inexactitud de las indicaciones dadas de forma deliberada o no»), con las que los españoles habrían rodeado sus descubrimientos[5], Quirós parece responder de antemano, siempre se trata de las Islas Salomón: «Su posición no podría ser tan secreta porque había cuatro pilotos cuando fueron descubiertas, ni ellos ni todas las personas que estaban con ellos, podían ignorarlas». Nunca se imaginó que un «secreto» compartido por tanta gente pudiera permanecer en las sombras. No sólo se había aprovechado de esta inevitable circulación de los conocimientos, cuando tuvo que ir desde Santa Cruz a Manila, «sin un mapa, y sólo con la ayuda de lo que se decía[6]» sino que fue hasta allí para su provecho cuando la Corona hizo oídos sordos a sus proyectos, difundió por toda Europa sus textos, que contenían información y suposiciones de las islas descubiertas y por descubrir[7]. En 1610, el Consejo de Indias tuvo a bien ordenar que se recuperaran todos estos textos «se imprimieran y se distribuyeran a los españoles y los extranjeros, incluidos los borradores» esto era inútil y Quirós escribió al rey cuatro años más tarde «todo el mundo lo sabe[8]»



[1]Según las Instructions Nautiques, la velocidad de la corriente ecuatorial sur «est comprise entre 0,5 et plus de 2 nœuds», SHOM, Paris, Imprimerie Nationale, 1973, Série K, volume IX, p. 42.
[2] Véase a este respecto: Annie Baert, «L’angoisse des immensités océanes», en Bernard Rigo (s.d.), L’espace-temps, Bulletin du LARSH n° 2, Papeete, 2005, éd. Au Vent des Îles, pp. 89-105.
[3] Serge Tcherkézoff, en Tahiti-1768, Jeunes filles en pleurs, Papeete, 2004, éd. Au Vent des Îles, pp. 55 et 146 ; George Collingridge: The Discovery of Australia, Sydney, 1895, réed. 1987, pp. 200 et 234; Memorial del Dr. Juan Luis Arias al Rey Felipe IV, Madrid, 1631-1633, en Austrialia Franciscana, op. cit., I, p. 236.
[4] Paris, 2002, Robert Laffont, Coll. Bouquins, I, p. 142. Advertimos que en este artículo, que todo lo que concierne a «la fase española » es impugnable: la dirección de la expedición de 1567, el origen del nombre de las islas Salomón, cuyos indígenas serían «Papues caníbales», el establecimiento de una «colonia» en Santa Cruz, los abusos de poder  de doña Isabel, el «descubrimiento» de Guam y de Manille, la vuelta a México por «el famoso galeón», para terminar  en «lunas de miel sucesivas».
[5] Lugar común que se vuelve a encontrar por ejemplo en Philippe Bachimon, Tahiti, entre mythes et réalités, Paris, 1990, éd. du CTHS, p. 128; en Jean-Jo Scemla, Le Voyage en Polynésie, Paris, 1994, Robert Laffont, Coll. Bouquins, p. XXIX; en Jean Guiart, Découverte de l’Océanie, co-éd. Haere Po, Papeete & Le Rocher-à-la-Voile, Nouméa, 2000, I, p. 80, etc.
[6]Histoire de la Découverte…, op. cit., pp. 161 y 142.
[7]Véase a este respecto: Annie Baert, «Des îles bien peu secrètes. Les récits de trois voyages espagnols dans le Pacifique aux XVIè et XVIIè siècles et leur diffusion à travers l'Europe et l'Amérique», Revue Française d'Histoire du Livre, Bordeaux, n° 94-95, 1997, p. 165-186.
[8]Memoriales de las Indias Australes, op. cit., p. 366 (n. 230) y p. 433.
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[4] Paris, 2002, Robert Laffont, Coll. Bouquins, I, p. 142. Advertimos que en este artículo, que todo lo que concierne a «la fase española » es impugnable: la dirección de la expedición de 1567, el origen del nombre de las islas Salomón, cuyos indígenas serían «Papues caníbales», el establecimiento de una «colonia» en Santa Cruz, los abusos de poder  de doña Isabel, el «descubrimiento» de Guam y de Manille, la vuelta a México por «el famoso galeón», para terminar  en «lunas de miel sucesivas».
[5] Lugar común que se vuelve a encontrar por ejemplo en Philippe Bachimon, Tahiti, entre mythes et réalités, Paris, 1990, éd. du CTHS, p. 128; en Jean-Jo Scemla, Le Voyage en Polynésie, Paris, 1994, Robert Laffont, Coll. Bouquins, p. XXIX; en Jean Guiart, Découverte de l’Océanie, co-éd. Haere Po, Papeete & Le Rocher-à-la-Voile, Nouméa, 2000, I, p. 80, etc.
[6]Histoire de la Découverte…, op. cit., pp. 161 y 142.
[7]Véase a este respecto: Annie Baert, «Des îles bien peu secrètes. Les récits de trois voyages espagnols dans le Pacifique aux XVIè et XVIIè siècles et leur diffusion à travers l'Europe et l'Amérique», Revue Française d'Histoire du Livre, Bordeaux, n° 94-95, 1997, p. 165-186.
[8]Memoriales de las Indias Australes, op. cit., p. 366 (n. 230) y p. 433.
[9]Carlos Barreda, Nova Imago Mundi, op. cit., pp. 121-122. Las «Capitulaciones» están reproducidas en las  pp. 257-260, y las Instrucciones en pp. 263-286 de esta obra.
[10]Relation du premier voyage autour du monde de Magellan, Paris, 1991, Libraire Jules Tallandier, pp. 95-96 ; texto español en La primera vuelta al mundo, op. cit., p. 191.
[11]Además del hecho de que Magallanes no había respetado la prohibición de mezclarse en las rivalidades eventuales entre las autoridades locales, lo que le había costado la vida, en Mactan (Filipinas), el 27 de abril de 1521.
[12] Antonio de Herrera, Historia general de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano (1601), ed. Universidad Complutense de Madrid, 1991, II, p. 253.

[13]Le concedió, además de recompensas financieras, un blasón con la célebre leyenda «primus circumdedisti me», al igual que a algunos de sus compañeros y a uno de ellos armó caballlero (Herrera, op. cit., II, pp. 382 et 404).

sábado, 14 de junio de 2014

Las exploraciones españolas del Pacífico (1521-1606): ¿éxito o fracaso? (4 de 7)


Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos, en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.
                                                            Traducción de José Mª Álvarez Blanco.

Allí se producen auténticas proezas náuticas basadas, sin embargo, en un malentendido o falsa certeza; si Hernán Gallego en 1568 y Quirós en 1595 y en 1606, se sintieron obligados a cruzar el ecuador para buscar vientos favorables por 40º norte, mientras estaban en 10º o 15º sur, y que estaban mucho más cerca de los que del sur soplaban en los años cuarenta, es que creían, como todo el mundo en esa época, que el  «Gran Océano»  estaba ocupado por un inmenso continente austral que Magallanes, que lo había cruzado diagonalmente habría bordeado sin verlo. Sin embargo, en 1568, Mendaña quería ir hacia el sur abandonando las Islas Salomón, «porque el viaje parecía más corto», pero Gallego creía que sería necesario sobrepasar mucho los 30º sur «para ver si allí abajo existía la posibilidad de volver al Perú» lo que no consideraba una certeza, y que esto tenía el riesgo de ser un viaje largo y peligroso, mientras que el tornaviaje por el norte ya había demostrado su eficacia[1].  Gallego prefirió la certeza a la suposición, lo que nadie podría reprochar a un gran marinero, aunque hoy se sabe que habría ganado en intentar la aventura. En este sentido, en su Petición Nº 4, dirigida en 1598 al virrey de Perú, Quirós consideraba que sería un gran alivio «ser dispensado de ir a través de Nueva España [...], un viaje tan caro en tiempo como en dinero»[2]. Estas hazañas náuticas no hubieron que repetirse más tarde, pues cuando en el siglo XVIII Bonechea también realizó viajes de ida y vuelta entre el Perú y la actual Polinesia Francesa, sabía que para volver a El Callao, podía ir a buscar los vientos del oeste en las altas latitudes australes, y recorrió las 5.780 millas náuticas  (10.700 km) que separan Tahití de Valparaíso (Chile), en 61 días, ganando 175 kilómetros al día en el camino - en comparación con los lentos y dolorosos trayectos de 65 a 80 km  antes mencionados de ganancias al día.

Los relatos de los pilotos iban claramente destinados a sus futuros colegas. Francisco Albo escribió así sobre el paso del estrecho: «Cuando os encontréis en este paso evitar algunos bancos a tres leguas, a continuación encontraréis dos islotes de arena y entonces estaréis delante de la entrada del canal, donde podéis navegar con facilidad y sin dudarlo» o sobre la travesía hasta las Filipinas: «seguir el rumbo oeste-noroeste, y llegaréis exactamente a ellas»[3]. Hernán Gallego, el piloto de Mendaña escribió así mismo: «Compadezco a los que el viento podría llevar a estas islas; gracias a este relato y lo que he añadido a los cartas náuticas, sabrán donde se encuentran y cuáles son los obstáculos [...] a evitar»[4].

Las latitudes indicadas en los diarios de a bordo son generalmente bastante poco erróneas. Veamos tres ejemplos. Las de Francisco Albo muestran una diferencia con la verdad de 20' o 37 kilómetros en el Estrecho. En cuanto a las «Islas desafortunadas» se trata de las primeras islas descubiertas en el Pacífico en Enero y Febrero de 1521[5], él situó Fakahina a 16º 15', mientras que se encuentran a 15º 59'; para Flint, él cometió un error de 20' y luego indicó «más de 13º» para Guam, cuya latitud exacta está entre 13º 10' y 13º 30'. Hernán Gallego calculó que Santa Isabel, la primera de las Islas Salomón, estaba a 7º 50', mientras que está en 7º 55', e indicó «un poco menos de 10º» para Guadalcanal, en lugar de 9º 30. Quirós estimó que Hao (Tuamotu) tenía una latitud de 18º cuando el faro situado actualmente en su costa norte está a 18º 04' y no se equivocó en la latitud de la isla de Santo (Vanuatu), 15º sur[6].

Los pilotos sabían determinar y seguir un rumbo bastante exacto, aunque se puede leer que en 1567 «Mendaña [...] salió de El Callao el 20 de noviembre en dirección a las islas Filipinas, se desvió mucho hacia el sur y llegó a las Islas Salomón»[7]. Además su objetivo no era ir a las Filipinas, teniendo en cuenta que el puerto de Lima está 12º sur, vemos que por el contrario globalmente ganó cuatro grados hacia el norte. El relato de Gallego explica claramente que si efectivamente siguió rumbo sur-sureste, durante tres semanas, estaba en las instrucciones del Presidente de la Audiencia de Perú, según el cual las islas que estaban buscando se encontrarían a 600 leguas de la costa en 15º sur, y solo a partir del 16 de diciembre siguió el rumbo oeste-noroeste[8].

Es claro, sin embargo, que el cálculo de longitudes no se puede poner en los méritos navegantes de los navegantes del siglo XVI, y sabemos que fue necesario esperar hasta la segunda mitad del siglo XVIII y a la aparición del cronómetro para calcularlas. Albo afirmó que las Filipinas estaban «en la longitud 106º 30' del estrecho de «Todos los Santos»[9], cuando hoy sabemos hoy que están separadas por 160 grados. Gallego, que sólo se expresaba en leguas - (desde 1524, se contaban 17,5 leguas para un grado de latitud[10], lo que significaba que la legua «española» valía 3,43 millas) - encontró que la primera isla vista en 1568 Nui (Tuvalu), estaba a 1.450 leguas de Lima  (4.930 millas náuticas), confundiéndose en 26% (la distancia exacta es 6230 millas). La diferencia es realmente enorme, y parece dar la razón a los investigadores que hablaron de «falta de rigor en los métodos de navegación» y de «inexactitudes en las indicaciones dadas...», lo que hizo que algunas islas no se pudieran volver a encontrar.

El mismo Quirós se preguntó por qué no había cumplido su misión durante su viaje en 1595, y dedicó a esta pregunta todo el capítulo XXXIX de su gran relato[11].

En mi opinión, hay tres posibles razones por las que no hemos encontrado las Islas Salomón, que estábamos buscando. La primera es que se nos hubiera indicado una longitud menor que la real, para que no les pareciera demasiado lejos a las personas que fueron a establecerse allí. La segunda sería que una pasión nacida de intereses especiales les habría hecho ocultar la verdadera latitud y habría indicado un número inferior o superior de grados. La tercera sería la ignorancia o el error debido a los instrumentos, ya que no existen indicaciones de las distancias con certeza o una mala estimación o un error de transcripción»

Si solo considera la latitud, es porque en este punto está seguro de sí mismo, salvo hacer intervenir las «pasiones» particulares, siempre  posibles, pero en las que él realmente no cree.


[1] Relatos del inspector real Gómez Hernández Catoira y del piloto mayor Hernán Gallego, en Austrialia Franciscana, op. cit., I, p. 192 y III, p. 155.
[2] Pedro Fernández de Quirós: Memoriales de las Indias Australes, Madrid, 1991, ed. Historia 16, p. 76.
[3] La primera vuelta al mundo, op. cit., pp. 76 y 83.
[4]Relato de Hernán Gallego, en Austrialia Franciscana, op. cit., III, p. 94.
[5]Aunque Pierre-Yves Toullelan y Bernard Gille escriben que Magallanes «navega en el Pacífico sin ver nada», en De la conquête à l’exode, ed. Au Vent des Iles, Papeete, 1999, I, p. 82.
[6]Latitudes de Francisco Albo en La primera vuelta al mundo, op. cit., p. 78-80 ; de Gallego en Australia Franciscana, op. cit., III, pp. 68 y 70; de Quirós en Histoire de la Découverte…, op. cit., pp. 220 et 275.
[7]E. Taillemitte, «L’approche européenne, 1595-1767», Encyclopédie de la Polynésie, Papeete, 1986, éd. Ch. Gleizal/ Multipress, Vol VI, p. 14.
[8]Relato de Hernán Gallego, en Austrialia Franciscana, op. cit., III, p. 99.
[9]La primera vuelta al mundo, op. cit., p. 81.
[10]Gallego lo recuerda además en su relato en Austrialia Franciscana, op. cit., III, p. 159.
[11]Histoire de la Découverte…, op. cit., pp. 160-167.

martes, 10 de junio de 2014

Las exploraciones españolas del Pacífico (1521-1606): ¿éxito o fracaso? (3 de 7)


Por la Dra. Annie Baert, hispanista, profesora de español y especialista en Estudios Ibéricos, en la Universidad de la Polinesia francesa, en Tahití.
                                                            Traducción de José Mª Álvarez Blanco.

Intentando llegar a una primera conclusión, se puede constatar que pocos navíos sobrevivieron a estas terribles travesías: solamente la expedición de Legazpi y la de Quirós llegaron por completo o casi por completo a sus destinos, lo que se puede resumir del siguiente modo:

Expediciones
Navíos
que salieron
Navíos
perdidos
Llegados a su destino
Vueltos al puerto de
partida
Tripulación
Supervi-vientes
Magallanes: 1519-1522
5
4
1
1
243
17
Loaísa: 1525-1526
7
4
1
1+1 (*a)
450
«muy pocos»
Saavedra : 1527-1529
3
2
1
0
110
«muy pocos»
Grijalva: 1537-1538
1
1
0
0
?
2
Villalobos: 1542-1546
6
4 (*b)
6
0
370-400
145
Legazpi : 1564-1566
4
0
4
0
350
330
Mendaña 1: 1567-1569
2
0
2
2
160
125
Mendaña 2: 1595
4
2
2
0
430
110
Quirós: 1605-1606
3
0
3
0
140-160
2 muertos

*a: una nave volvió a España después de deserción en el Atlántico, a la que hay que añadir la Santiago que no volvió a España sino que se dirigió a México.
*b: naves desaparecidas después de la llegada a las Filipinas.

El cuadro anterior muestra que los resultados mejoraron netamente a partir de 1564, exceptuando la trágica expedición de 1595; las razones de ello son múltiples y diversas: por la experiencia acumulada, por la suerte (si se piensa por ejemplo que ningún hombre de Quirós fue víctima del escorbuto en 1605-1606, sin que se haya sabido jamás la verdadera razón) y, por supuesto, por el progreso del conocimiento cartográfico, incluso teniendo en cuenta que fue modesto.

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Cuando Magallanes llegó al Pacífico, un océano que ningún europeo había atravesado, sólo sabía dos cosas: su propia latitud (su piloto Francisco Albo situó el cabo Deseado 52º al sur) y la de las «Islas de las Especias», las Molucas, que su amigo Francisco Serrão le había descrito que estaban en el ecuador. Así pues Magallanes sabía que tenía que recorrer todo el hemisferio sur en diagonal. Si bien no tenía más que una estimación imprecisa de las longitudes, esto no era un obstáculo para la elección del camino a seguir: el noroeste, que Pigafetta describe así: «navegamos entre el oeste y mistral[1]». Pero situó estas islas en los mapas, así como Guam, lo que ayudó a sus sucesores. Loaisa, instruido por Elcano, cruzó el estrecho llamado por su descubridor «Todos los Santos» más lentamente (48 días frente a 36 que empleó Magallanes), pero sin las incertidumbres de 1521, en terreno ya reconocido, y no dudó en cuanto al camino a seguir ni en identificar «Las Islas de los ladrones», cuya latitud y características ya se conocían. Entre la tripulación de esta expedición se encontraba un joven de 17 años, Andrés de Urdaneta, quien comenzó a acumular experiencia y conocimientos náuticos que le permitieron, 40 años después, encontrar el camino hacia el éxito con el tornaviaje. Vio aparecer Nueva Guinea en los mapas después del paso de Ortiz Retes, primero, y durante mucho tiempo como el extremo norte de una gran tierra y se mantuvo el nombre que él le dio[2]. Cuando en 1568, Hernán Gallego abandonó las Islas Salomón, conocía su existencia y una parte de su latitud: «nos pareció que era Nueva Guinea, porque su latitud no era mayor de 4º sur, y fue Iñigo Ortiz de Retes quien la descubrió... »[3]; y cuando, en 1595, Quirós dirigió la San Jerónimo desde Santa Cruz a Manila, sabía que tenía que alejarse de ella[4]. Del mismo modo, cuando Váez de Torres pasó entre Nueva Guinea y Australia en 1606, era consciente de que bordeaba la costa sur de la Isla grande bautizada por Ortiz de Retes 60 años antes, y su notable navegación supuso ampliar el conocimiento de la región.

Si Legazpi confirmó la entrada de las Filipinas y las Marianas en el mundo hispánico, sus compañeros Arellano y Urdaneta hicieron posible la ruta regular entre México y Manila, y es gracias a ellos como Mendaña y Quirós, los primeros en hacer descubrimientos reales en el Pacífico Sur, pudieron alcanzar el continente americano, dirigiéndose en primer lugar rumbo norte-noreste para encontrar los grandes vientos del oeste que les llevaron a las costas de los actuales Estados Unidos, y luego no tuvieron más que bordear hasta los alrededores de Acapulco. Se trata de navegaciones sin posibles escalas, ya que no hay islas en las zonas que habían de atravesar, de longitud equivalente ‒ hay en línea recta 5.826 millas náuticas (10.600 kilómetros) desde San Cristóbal (Islas Salomón) hasta Santiago de Colima (México) y 5.849 millas náuticas (10.645 kilómetros) desde Santo (Vanuatu) hasta Acapulco ‒ cuya única dificultad fue el tiempo. En 1568 Mendaña realizó la primera travesía en 163 días (recorriendo 65 kilómetros al día) y, en 1606 a Quirós le llevó 133 días para la segunda travesía (80 km al día). El regreso en 1595 fue un poco diferente, ya que doña Isabel Barreto había decidido ir desde Santa Cruz a Manila, lo que desde un punto de vista náutico era más difícil que ir a México, a pesar de la menor distancia (3.100 millas, 5.640 kilómetros, siempre en línea recta), a pesar de un régimen de vientos caprichosos en la zona llamado «calmas ecuatoriales», y a la posible presencia de tierras todavía desconocidas. Quirós hizo este viaje en 84 días (67 km al día). Para la comparación, recordemos que en el viaje desde El Callao hasta Fatuiva (en las Islas Marquesas), se completó un trayecto ligeramente mayor (3.622 millas, 6.600 km), en 35 días (188 km/día), esta vez realmente en línea recta. Cuando cruzó la zona de las calmas ecuatoriales, que se sorprendió, porque había sido instruido por los relatos de su antecesor Hernán Gallego, a lo que añadió su propia experiencia, mejorando el conocimiento de esta región: «tiene calmas planas y los cambios bruscos de viento, 5º sur a 5º norte, como hemos sabido por Hernán Gallego y yo en nuestros respectivos viajes, aunque él que cruzó estos parajes en septiembre, había sufrido más, como dice en su relato». También había tenido por esta lectura informaciones sobre las navegaciones de regreso a México, relativas a la expedición de Legazpi, que se hacían «por cabos conocidos, y sobre una ruta trazada, puesto que está en el hemisferio norte»[5].


[1] La primera vuelta al mundo, op. cit., pp. 76 et 223.
[2] Al igual que esta, otras islas o archipiélagos han tenido siempre el nombre que les asignaron los españoles: Filipinas, Salomón (y las islas de Guadalcanal y Santa Cruz), Marquesas, isla de Santo (Espíritu Santo) a Vanuatu — los topónimos «Marianas» y «Carolinas» datan de los siglos siguientes.
[3] Hernán Gallego: «Viaje y descubrimiento de las Yslas Salomón en el Mar del Sur… », en Celsus Kelly (ed): Austrialia Franciscana, Madrid, 1967, Franciscan Historical Studies/Archivo Ibero-Americano, III, p.159.
[4]Histoire de la découverte…, op. cit., p. 132.

[5] Histoire de la découverte…, op. cit., p. 74, 161-162 et 167.