lunes, 24 de noviembre de 2014

El término de Guadalcanal desde su origen hasta finales del antiguo régimen (3 de 10)


Por Manuel Maldonado Fernández.  Revista Guadalcanal año 2002

 Tras estos cambios, ya a mediados del XVII el cabildo municipal disfrutaba de las rentas de la mayor parte de las dehesas concejiles (se conocían como bienes de propio y arbitrios). La relación de las mismas, especificando sus aprovechamientos, superficie en fanegas de puño en sembradura de trigo, lindes y rentas en reales de vellón, viene relacionada en las respuestas al Catastro de Ensenada:

Nombres
Usos
Encinal
Bellota y Pastos
De la Vega
Pastos
Postigo
Pastos
Esteban Yañes
Pastos
La Zarza
Pastos
Santa Marina
Pastos
Plasenzuela
Pastos
Monforte
Pastos
Viñuelas
Pastos
Molinillo
Pastos
Tierra de secano
Labor



Nº Fanegas

Rentas 6
10.820
14.000
130
120
300
623
120
84
180
408
180
48
105
704
1.040
3.703 7
104
20
110
10
50
168
13.139
19.891


El Catastro nos proporciona más datos sobre estas dehesas, como la distancia en leguas al pueblo y sus linderos. Considerando sucesivamente el levante, norte, poniente y sur:
- La dehesa del Encinal estaba como a legua y media de la población, alindando con el camino de Azuaga a Sevilla, tierras de particulares, río Sotillo y otras tierras concejiles.
- La Vega, a tres cuarto de legua, con el arroyo de la Pasada al norte y con tierras particulares en las otras tres direcciones.
- La del Postigo, a una legua, con el término de Alanís y con tierras particulares en los otros puntos.
- El Molinillo, a media legua, rodeada por tierras de particulares. La Viñuela, a media legua, con la peña Corcobada, tierras de particulares, el caserón de la Fuente y tierras de particulares.
- La Zarza, Santa Marina y Plasenzuela, en distintos sitios del término, a tres cuarto de legua, con tierras de particulares por los cuatro puntos cardinales.
- La de Esteban Yáñes, a una legua, alindaba al norte con el charco de la Sal y con tierras de particulares en las otras tres direcciones.
- Por último, Monforte, a una legua, con el arroyo de los Molinos, el baldío del Potroso, el baldío de la Lagunilla y la rivera de Benalija.
Las dehesas se dedicaban exclusivamente al mantenimiento de ganados, tanto estantes como riberiegos o mesteños. Este uso quedaba respaldado por leyes ancestrales, cuyo mejor valedor era el Honrado Consejo de la Mesta, y por numerosos capítulos de las ordenanzas municipales, recogidas finalmente en las de 1674:
- Así, en los capítulos 1, 7, 138 y 173 se recomendaba a los alcaldes, ejecutores, mayordomos y alguaciles que fuesen diligentes en las sentencias y ejecución de las penas derivadas del mal uso de las dehesas, siendo especialmente severos con los forasteros.
-Con este mismo objetivo se incluyeron los capítulos 4 y 104, que obligaban a los oficiales a visitar periódicamente las mojoneras de las tierras concejiles, y las del término en general, cuidando de que no fuesen desplazadas ni destruidas.
-En el 27 se señalaban expresamente las penas por cortar árboles en cualquier predio concejil, quedando regulada también la tala para hacer leña o para madera (Caps. 112 y 113). Este mismo objetivo perseguía otros muchos capítulos enfocados para conservar la riqueza forestal del término, impidiendo talas abusiva y proponiendo medidas para evitar el fuego y su propagación (caps. 145 al 149). Incluso, por el 150 se obligaba al vecindario a acudir a sofocar los incendios que pudieran surgir.
- En el 31 se recomendaba a los mayordomos que fuesen diligentes a la hora de cobrar las rentas de las dehesas concejiles.
- Como durante ciertas épocas del año las referidas dehesas estaban acotadas, prohibiendo la entrada de ganados para evitar su agotamiento y desertización, en los capítulos 102 al 111 se señalaban las penas correspondientes, que oscilaban dependiendo de la especie en cuestión, del número de cabezas denunciadas y si concurría la circunstancia agravante de nocturnidad.
- La dehesa más valiosa por extensión, calidad de sus pastos y riqueza forestal era del Encinar.  Por ello, para su mejor conservación se redactaron los capítulos 128 al 136. Más adelante, como un añadido al final de las ordenanzas (fol. 223), se recogen algunos matices, especialmente relacionados con la distribución equitativa de la bellota.
- Por último, en los capítulos 160 al 162 y en el 185, se regulaban las funciones de los guardas y montaraces concejiles. 

viernes, 21 de noviembre de 2014

ESTRENO DE LA ZARZUELA "LA CORTE DE FARAÓN"


          En el Cine-Teatro Municipal de Guadalcanal, tendrá lugar el próximo día 22 de noviembre, a las 21:00 horas, el estreno de la zarzuela "La Corte de Faraón".

          La obra, en dos actos, auspiciada por el director de la Banda de Música Ntra. Sra. de Guaditoca, Francisco Javier Carrasco, y con la participación de más de 150 vecinos, forma parte de los actos que cada año celebra la Banda de Música, para celebrar el día de Santa Cecilia.

          Habiéndose agotado las entradas para esta primera representación, se han programado dos nuevas actuaciones, para los días 6 y 27 de diciembre próximo.

          Además de la Banda de Música Ntra. Sra. de Guaditoca, colaboran el grupo de teatro La Caja de Cartón, los coros de Ntra. Sra. de Guaditoca, Inmaculada Concepción y Cristo de las Aguas, así como el grupo Pro-Cabalgata de Reyes Magos y Grupo de Baile Sacromonte.


jueves, 20 de noviembre de 2014

El término de Guadalcanal desde su origen hasta finales del antiguo régimen (2 de 10)

Por Manuel Maldonado Fernández.  Revista Guadalcanal año 2002

Esta última etapa fue concretándose a lo largo del siglo XIV, estando ya definitivamente institucionalizada en tiempos del maestre Pedro Fernández Cabeza de Vaca, como así quedó recogido en uno de los Establecimientos del Capítulo General celebrado en Llerena, el 16 de marzo de 1383, al que más adelante se hará referencia.
2.- Superficie y distribución del término de Guadalcanal.

Aplicando estos principios generales a Guadalcanal, en los primeros momentos, tras su incorporación en 1246 a la Orden de Santiago nuestra villa carecía de término; simplemente era un asentamiento o aldea administrada desde la villa de Reina. Pocos años después se constituyó en concejo, como un lugar anexo a dicha villa cabecera, circunstancia que conllevaba la asignación de un pequeño término, mucho más reducido que el actual. Antes de finalizar el siglo XIII, o en los primeros años de la siguiente centuria, ya obtuvo el privilegio de villa exenta de la jurisdicción de Reina, ampliando su primitivo término con nuevas dehesas y baldíos, cuya superficie se mantuvo mientras permaneció bajo la jurisdicción de la Orden; es decir, el mismo que todavía poseía en 1752, cuando contestaron a las preguntas del Catastro de Ensenada. Por esta fuente sabemos que la superficie asignada, junto al de la aldea de Malcocinado, era de unas 27.510 fanegas de puño en sembradura de trigo, cada una de ellas con unas 7.850 varas castellanas cuadradas del marco de Ávila, que era la unidad superficial más común en nuestra zona. Según decían en la tercera respuesta,
...el termino dezmatorio y jurisdiccional de esta Villa se extiende dos leguas de Levante a Poniente y otras dos de Norte a Sur; y de circunferencia seis leguas, todas castellanas (..),. y confronta a Levante con el término de la villa de Alanís, a Poniente con término de la villa de Fuente del Arco, al Norte con término de la villa de Valverde y al Sur con término de la villa de Cazalla.
Es evidente que la superficie estimada se hizo a la baja, pues el término de entonces es el mismo que posee en la actualidad (42.100 fanegas, es decir, 27.801 hectáreas), más la mayor parte del que hoy disfruta Malcocinado. De hecho, en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura en 1791, se corregía parcialmente la superficie, admitiendo que de levante a poniente había una distancia de tres leguas y otras tantas de norte a sur.
En la respuesta a la cuarta pregunta del Catastro nos dan más detalles sobre el término, indicando que era de secano, salvo 64 fanegas dedicadas a huertas. Atendiendo al uso que se le daba y a la calidad de las tierras (buena o de primera, mediana o de segunda, inferior o de tercera, e inútiles, todo ello en función de sus producciones), se contemplaba la siguiente distribución:


Aplicaciones
 Total Fanegas



Dehesas
13.089
10.110
1.344
1.635
Ejidos
23
7
16
0
Baldíos
2.130
0
520
1.610
Huertas
64
0
0
0
Viñas
806
16
448
342
Olivares
213
54
102
57
Zumacales
355
14
58
283
Labor
123
103
20
0
Bal. Interc.
8.181
383
2.009
5.788
Inútiles
3.517
0
0
0

Como se aprecia, casi la mitad del término estaba adehesado y destinado a la ganadería, quedando prohibido su rompimiento o siembra, a pesar de que, como se confirma por las respuestas al Interrogatorio, el arbolado era escaso, predominando el monte bajo y los pastizales.
Una buena parte del término tenían la consideración de baldíos. De ellos, 2.130 fanegas eran tierras de uso limitado al vecindario de Guadalcanal, mientras que otras 8.181 pertenecían a la intercomunidad vecinal de pastos que nuestra villa compartía con la Comunidad de Siete Villas de la encomienda de Reina. También tenían esta consideración las 3.517 fanegas inútiles o improductivas, relacionadas en la tabla anterior.
A la labor se dedicaban de forma exclusiva 123 fanegas. El resto de la sementera se labraba en tierras paulatinamente ganadas a las dehesas, baldíos concejiles y baldíos interconcejiles, en este último caso de acuerdo con ciertos compromisos establecidos con los pueblos de la encomienda de Reina.
Los plantíos de viñas, olivos y zumacales se cultivaban en tierras de propiedad particular, con las superficies y calidades reflejadas en la tabla anterior.
En cuanto a la propiedad de la tierra, hemos de destacar el predominio de lo comunal y concejil sobre lo privado, manteniéndose en esta situación, casi invariablemente, desde el mismo momento de la repoblación cristiana hasta bien entrado el siglo XIX. Su representación porcentual, de acuerdo con las respuestas al Catastro de Ensenada, es la que sigue:
-Dehesas, baldíos y ejidos concejiles, que en nuestro caso representaban aproximadamente el 62% del término.
-Baldíos interconcejiles, representados por las 8.181 fanegas (31% del término) usufructuada entre los ganaderos de Guadalcanal y los de la Comunidad de Siete Villas. En reciprocidad y de acuerdo con la política repobladora de la Orden, otras tantas fanegas de los baldíos interconcejiles de dicha Comunidad quedaban abiertas a los ganados de Guadalcanal.
-Tierras en manos del clero (párrocos y beneficiados, parroquias, ermitas, conventos, cofradías, capellanías y obras pías).
-Propiedades de particulares, con intereses sólo en huertas y plantíos, y en las 123 fanegas
dedicadas en exclusividad a la labor. En conjunto, sumando las del apartado anterior, unas 1.561 fanegas eran privadas, es decir, el 6% del término.
-Bienes raíces de la Orden, de escaso significado en nuestro término, en donde sólo disponía de unas 30 fanegas 3.

3. -Dehesas concejiles.

Se engloba en este apartado las tierras adehesadas y comunales  dadas por la Orden al concejo y su vecindario a finales del siglo XIII, cuando Guadalcanal se constituyó en villa exenta de la jurisdicción de Reina.

El carácter comunal implicaba su repartimiento temporal y gratuito entre el común de vecinos, de acuerdo con las disposiciones contenidas en los Establecimientos de la Orden, plasmadas posteriormente en las ordenanzas municipales. Esta aplicación se mantuvo hasta finales del XVI, cambiando su utilidad progresivamente, siempre en el sentido de perjudicar al común de vecinos y en beneficio de sus administradores más directos (la oligarquía concejil, con los regidores perpetuos al frente) y de la Corona 4.Para el cambio de utilidad, esto es, que cesasen como tales bienes comunales e incorporar sus rentas a los propios del concejo, se utilizaba cualquier excusa. Por ejemplo, en Guadalcanal argumentaron el cambio de titularidad para sufragar los gastos derivados de la compra de oficios concejiles, es decir, las 24 regidurías perpetuas, el oficio de alférez mayor, la escribanía de millones o el almotacenazgo 5

lunes, 17 de noviembre de 2014

ASISTENCIA DEL CLUB DE LECTURA DE LA A.C. BENALIXA DE GUADALCANAL, AL ENCUENTRO PROVINCIAL DE CLUBES DE LECTURA CON BERNARDO ATXAGA



                                              Por Esther Rivero

El pasado jueves 13 de noviembre, tuvo lugar en la localidad de La Rinconada, el Encuentro provincial de Clubes de Lectura con Bernardo Atxaga *, organizado por el Centro Andaluz de las Letras.

El Centro Andaluz de las Letras es un organismo dependiente de la Consejería de Cultura y Deporte adscrito a su Dirección General de Industrias Creativas y del Libro. Para el cumplimiento de sus fines desarrolla sus actividades en todo el ámbito territorial de Andalucía.


Desde su creación, el Centro Andaluz de las Letras,  dedica la mayor parte de su programación al fomento de la lectura. Actualmente, el Centro coordina la Red Andaluza de Clubes de lectura, con alrededor de 430 grupos estables participantes en su sistema de intercambio de información y libros.


Al  encuentro, que se realiza de forma anual, asistieron más de 250 personas pertenecientes a Clubes de lectura de toda la provincia de Sevilla, así como una representación de nuestro Club de Lectura de la A.C. Benalixa, de Guadalcanal.

Un Club de lectura es una reunión de personas que se juntan para comentar un mismo libro que han leído previamente en su casa. En estas reuniones se comenta lo que nos ha parecido el libro, tanto desde el punto de vista literario, como todas las reflexiones que nos ha generado su lectura, los personajes o el tema del que trata. El Club de Lectura de la A.C. Benalixa, lleva algo más de año y medio de funcionamiento, con una media de 13 componentes, y nos reunimos una vez al mes. El préstamo de los libros lo realiza el Centro Andaluz de las Letras.


El jueves, en el encuentro con el escritor Bernardo Atxaga, disfrutamos por unas horas, del mundo mágico y la sencillez de este genial autor, que compartió con nosotros su peculiar visión del tiempo y de la vida, transmitiendo que da igual de donde sean las personas y qué idioma hablen, que todas tienen, tenemos, más cosas en común, que diferencias.

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* Bernardo Atxaga (Asteasu, Gipuzkoa, 1951) es uno de los creadores de mayor hondura y originalidad en el panorama literario contemporáneo. Licenciado en Ciencias Económicas, desempeñó varios oficios hasta que, a comienzos de los ochenta, consagró su quehacer a la literatura. La brillantez de su tarea fue justamente reconocida cuando su libro Obabakoak (1989) recibió el Premio Euskadi, el Premio de la Crítica, el Prix Millepages y el Premio Nacional de Narrativa. La novela ha sido llevada al cine con el título Obaba. A Obabakoak le siguieron novelas como El hombre solo(1994), que obtuvo el Premio Nacional de la Crítica de narrativa en euskera, Dos hermanos (1995), Esos cielos (1996), El hijo del acordeonista (2004, Premio Grinzane Cavour, Premio Mondello, Premio Times Literary Supplement Translation Prize y Premio de la Crítica 2003 en su edición en euskera) y Siete casas en Francia (2009, finalista en el Independent Foreign Fiction Prize 2012, finalista en el Oxford Weidenfeld Translation Prize 2012). También es autor de libros de poesía como Poemas & Híbridos, cuya versión italiana obtuvo el Premio Cesare Pavese en 2003. Su obra ha sido traducida a treinta y dos lenguas. Es miembro de la Academia de la Lengua Vasca.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El término de Guadalcanal desde su origen hasta finales del antiguo régimen (1 de 10)


Por Manuel Maldonado Fernández.  Revista Guadalcanal año 2002

 1.- Introducción.
La Historia de Guadalcanal es imposible desligarla de Extremadura y de la Orden de Santiago, en cuyo espacio geográfico y a cuya jurisdicción perteneció entre 1246 y 1833, respectivamente. El estudio que se propone en este artículo está enmarcado en estas fechas extremas, es decir, cuando Guadalcanal era una villa santiaguista y extremeña.
La Reconquista del actual territorio extremeño finalizó en 1248, tras la batalla que las milicias santiaguistas libraron y ganaron en Tentudía. En esta fecha, Fernando III el Santo donó las Tierras de Montemolín a la Orden de Santiago, en la persona del maestre Pelay Pérez Correa, «el Cid de Extremadura». En años anteriores los santiaguistas ya habían recibido de los monarcas castellano-leoneses las encomiendas de Reina, Alange, Hornachos, Mérida y Montánchez, acaparando un espacio territorial de aproximadamente 10.000 km2. Dentro de las Tierras de Reyna se encontraba Guadalcanal y su actual término; es decir, nuestra villa quedó formando parte del señorío santiaguista (también conocido como Provincia de León de la Orden de Santiago), a su vez encuadrado en una entidad territorial con muchos desarraigos, la Extremadura leonesa, que hasta 1651 no alcanzó el rango de provincia, una vez obtenido el Voto en Cortes.
Mucho antes de esto, a finales del XIII y a lo largo del siglo XIV, tuvo lugar una reorganización administrativa de las tierras santiaguistas en Extremadura, desdoblándose las encomiendas y donaciones reales iniciales (Montánchez, Mérida, Hornachos, Alange, Reina y Montemolín) en otras nuevas, cada una con sus respectivos términos y pueblos. Así, en la demarcación de Reina quedaron consolidadas las siguientes encomiendas y circunscripciones:
-La villa maestral de Llerena, con las aldeas de Cantalgallo, Maguilla, Hornachuelo, Higuera-Buenavista- Rubiales y Villagarcía.
-La Comunidad de Siete Villas de la encomienda de Reina, con dicha villa y los lugares y términos de Ahillones de Reina-Disantos de Reina, Berlanga de Reina, Casas de Reina, Fuente del Arco, Trasierra de Reina y Valverde de Reina.
-La encomienda de Azuaga, integrada por esta villa, el lugar de Granja y las aldeas de Cardenchosa y los Rubios.
-La encomienda de Usagre, con dicha villa y el lugar de Bienvenida, más tarde (finales del XV) también encomienda.
-Y la encomienda de Guadalcanal, en cuyo término se encontraba la aldea de Malcocinado.

A cada una de las villas y lugares citados (no a las aldeas), de formas general y con independencia de la circunscripción administrativa a la que perteneciesen, se les delimitó un reducido término en el momento de ser reconocidos como entidad concejil. Estarían constituidos por lotes de tierras o suertes de población, que incluirían huertas, plantíos y tierras de labor, concedidas en propiedad a los primeros y más significados repobladores, con la finalidad de afianzar el asentamiento. Aparte, incluían ciertos predios alrededor de la población (ejidos) y otras zonas adehesadas de las más productivas del entorno y de fácil acceso (dehesas privativas o concejiles), en ambos casos para el usufructo comunal y exclusivo del vecindario presente y futuro; es decir, cerrado a forasteros y a sus ganados, pero abierto a quienes quisieran avecindarse. Surge así "lo comunal" en su vertiente más íntima, restrictiva y duradera, permaneciendo en tal situación hasta la segunda mitad del XIX, pese a las vicisitudes que les afectaron. Nos referimos a los aprovechamientos comunales y privativos de cada concejo.
Aparte lo deslindado, sin asignar a ningún concejo en concreto coexistían amplias zonas baldías, o tierras abiertas, donde se estableció una intercomunidad general, a cuyos aprovechamientos (pastos, bellota, madera, leña, abrevaderos, caza y pesca) podía acceder cualquier vasallo de la Orden en su provincia extremeña.
Concretando, tras las seis donaciones reales referidas la organización y distribución del territorio que más directamente nos ocupa debió seguir el siguiente proceso:
-Asignación de términos a los concejos que progresivamente iban surgiendo 1, quedando el resto de la tierra para el disfrute comunal de los vasallos (intercomunidad general), una vez que la institución se reservó las dehesas que estimó precisas para financiarse dehesas de la Mesa Maestral y de las encomiendas).
-Agrupación de concejos en encomiendas.
-Reparto de los baldíos integrados en la intercomunidad general entre dichas circunscripciones, utilizando como criterio la proximidad a las mismas. Por ejemplo, dentro de la Comunidad de Siete Villas de la Encomienda de Reina, una de las cinco circunscripciones surgida de la primitiva donación de Reina, cada uno de los siete concejos tenían señalado su propio término; además compartían en (intra) comunidad de pastos supraconcejiles una serie de baldíos agrupados en los denominados Campos de Reina, con una superficie superior a la suma de los términos privativos 2.
-Por último, se impuso una reciprocidad en los aprovechamientos de las tierras baldías de circunscripciones colindantes; es decir, los ganados de los vecinos de una determinada encomienda podían pastar en las tierras baldías asignadas a encomiendas vecinas, desapareciendo la intercomunidad general y dando paso a las intercomunidades vecinales. 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

GUADALCANAL Y EL GANADO MERINO (6 DE 6)

Cayetano Yanes Durán, profesor Universidad de Sevilla

A dicha forma de comportarse, de los denominados viajeros románticos, viviendo de las crónicas enviadas desde el país exótico que visitaban, descubriendo en sus escritos una forma de vida consideradas por ellos semisalvajes, con un comportamiento por parte de dichos autores como si estuviesen descubriendo una tierra salvaje, desconocida hasta ahora y recién descubierta, habitantes a los que casi consideraban primitivos, es por ello, que los referidos escritores-antropólogos por la forma de tratar los temas y las costumbres de los habitantes les denominaron a estos últimos, en los círculos propios, primitivos cercanos, de ahí el calificativo o denominación.
Algunos autores relacionan el nacimiento de dicho interés, con la ayuda de España a los sublevados de las colonias británicas, que dio lugar al nacimiento de los Estados Unidos. Se encuentran también repercusiones posteriores a todo lo largo del siglo XIX y XX, en los apoyos en las guerras civiles carlistas; en relación a las explotaciones mineras, o la implantación del ferrocarril. Posteriormente, en la guerra civil del 36, el Reino Unido, principal promotor de la “política de no intervención” se comportó con los republicanos como si fuesen representantes de la España (¡que ellos conocían!) reflejada en los escritos de los “descubridores” de aquellos primitivos cercanos, como se les consideraba oficialmente, por parte de las esferas del poder británico. Por los referidos escritos se acuñó la leyenda de un comportamiento semisalvaje (Inquisición, guerras civiles carlistas y de sucesión, que motivaron posteriormente en la contienda civil la gran cantidad de fusilamientos) por ambos bandos en la guerra civil. Con tal motivo, fueron ellos los principales instigadores y promotores de la política de no intervención. Ellos, que respecto a nosotros se la daban de civilizados, no fueron capaces de ver las atrocidades que se cometían en otro próximo país europeo (Alemania) de los considerados “civilizados”. Siempre se ignora lo que interesa, por ello, a Andalucía dichos autores la consideraron en sus escritos como “tierra de moros refinada”. Representó un comportamiento semejante al calificado hoy como relaciones norte-sur. Se ignoró, por parte de dichos autores, la historia, tanto la romana, como la época islámica, y las posteriores, tanto de España, como más concretamente de Andalucía.
El comportamiento actual de ciertos propietarios foráneos del término de Guadalcanal es semejante, pero sin escritos previos. En la actualidad, no tienen interés los escritos de los cuales vivir mientras se visita la comarca, como ocurría con los viajeros románticos ingleses, ya que hoy existen otras formas de vida, pero es común el nulo interés por las costumbres de los aborígenes (mejor los oriundos o naturales), ni sus problemas. Al igual que antaño, el objeto de interés a los “nuevos colonizadores” es lo que los referidos primitivos han conservado en la actualidad sólo en algunos aspectos, por ejemplo, la caza. A este respecto, según el poder adquisitivo de los foráneos visitantes, respecto a los oriundos tendrán un tratamiento u otro distinto, pero semejante: o cazan zorzales, o cazan perdices, o tienen un coto compartido, o tienen un coto propio. En este último caso, si se lo pueden permitir, está orientado para evitar problemas, tanto con otros propietarios de terrenos o con personas de criterios distintos de los tuyos, siguen las pautas siguientes: compras, acotas, prohíbes el paso y siguen ampliando sus propiedades hasta extremos insospechados (hasta que la bolsa aguante). En este momento “nace un nuevo primitivo cercano”, menos problemático, más civilizado, manejable cercano y barato, que el “primitivo” que cohabita con los leones de Kenia o Tanzania.
No deja de ser una nueva forma de colonización, pero para el nuevo colonizador, como siempre, no importa la historia de su nuevo territorio colonizado. Si hace falta se rompe (olvida), prepotentes piensan ¡la historia la crean ellos, nace con ellos, se hace a partir de ellos! ¿A quién le importa lo que ocurrió antes? Un día se acabarán las perdices, los zorzales, los conejos (el actual filón), como en otras épocas se acabaron las merinas, la lana, las minas, el transporte, las vías de comunicación... ¡Es el carácter cíclico de la historia! y a partir de ese día ya nada de los nativos les importará. Para entenderlo comparémoslo con lo que acontece con una mina en la que desaparece el filón (o se rompe la balsa como en Aznalcóllar); en ese caso se venden las máquinas a la chatarra, se liquida la cuenta (¡si se llega a liquidar!) y ¡a otra cosa, mariposa!
Vale, ¿qué tiene esto que ver con las merinas? Durante el desarrollo histórico de la Vega de Guaditoca, nos encontramos que en diferentes períodos existieron conflictos entre ganaderos, ganaderos-labradores e incluso entre pueblos, así Azuaga y Guadalcanal mantuvieron pleitos sobre dicho terreno en los siglos XV y XVI y durante el XIX, incluso después de separarse Malcocinado de Guadalcanal. ¿Por qué ocurría? Pensemos por un momento que dicha vega en su día se extendía desde territorio hoy de Malcocinado hasta terrenos de Reina, desde la finca el “Álamo” hasta el “Pencón”, en su linde sur incluyendo el “coto de Valdefuente” hasta la linde de la segunda población de Guadalcanal que constituía el conjunto minero de “pozo Rico” (el tercero lo constituía la cortijada de Malcocinado) y por el norte el río Sotillo. Eran tierras denominadas de “propios y comunes” arrendadas a ganados estantes y trashumantes y labradores que proporcionaban el necesario trigo para la alimentación. Era, sin duda, la tierra fértil, la tierra deseada por todos: propios y foráneos. Pensemos que el término comprendía además de las tierras de hoy las de Malcocinado y parte de Fuente del Arco, controladas esencialmente por la orden de Santiago.
Otro aspecto a tener en cuenta era que la zona era atravesada por un fuerte trasiego de mercancías, desde Almadén (mercurio) a Nueva España –el total producido en los siglos XVI y XVII se estima en 17250 Tm de mercurio, entregados en la Casa de Contratación de Sevilla por San Juan, la mayor parte transportados por carretas de bueyes, los envíos estaban controlados por un comisario que vigilaba el transporte para evitar pérdidas por el camino; el total de viajes es difícil de estimar al efectuarse también por recuas de mulos utilizados en los peores tiempos y caminos: el mercurio envasado en baldeses de pellejos de cabra, una carreta cargaría unos 8 quintales castellanos de 46 kg y los mulos 2, por lo que se puede calcular el número de carretas y mulos utilizados-; lanas extremeñas al puerto de Sevilla, otras mercancías necesarias para su consumo en América (por ejemplo, vinos de Guadalcanal como citó Cervantes) y procedentes de allí hacia el norte y hasta Europa, esencialmente un producto de gran importancia y traído de América, el tabaco elaborado en las fábricas de Sevilla. En fin, era atravesada por uno de los caminos de la corte al sur (pensemos en la época actual, pero potenciado), el otro era el camino Real de Toledo (hasta Córdoba). Por allí pasarían Pizarro, Hernán Cortés y tantos otros que buscaron fortuna en Nueva España y al que denominaron descubridores. Esta circunstancia hizo que de Guadalcanal salieran gran número de “emigrantes” hacia aquellas tierras (de la Pava, Ortega Valencia, y un largo etc.) influenciados por la presencia de gran número de emigrantes que por allá pasaban desde Castilla y otras tierras a la ciudad de Sevilla de gran auge en la época (de Cervantes por ejemplo). Por ello se explica que Guadalcanal tuviese población militar asentada en la población.
España era, qué duda cabe, una población agrícola, que durante el siglo XVII y XVIII aumentó su población, no sin embargo su forma de producción por lo que se presentaban períodos de necesidad motivadas por controversias climatológicas. De este modo se acrecentaban las necesidades de trigo, lo que dio lugar, ya en períodos de la Ilustración a las iniciativas de Campomanes, Floridablanca, Ensenada (catastro) y la aparición del “nuevo camino”, repoblado además de centroeuropeos, que era Despeñaperros. Comenzó el declive de los antiguos caminos a la corte de Talavera (Guadalcanal) y el de Córdoba. Posteriormente, siglo XIX, llegó el ferrocarril, que también pasó por la zona, luego la línea de Fuente del Arco a Puertollano, que en 1927 ya tenía un tramo de 55 km entre Conquista y Puertollano electrificado. Esta última línea férrea conectada con el cluster industrial mayor de España en el último tercio del siglo XIX y primer tercio del XX (ver otro escrito del autor). Era la “gran empresa de los Rothschild” como hemos citado y dirigida por el ingeniero francés Charles Ledoux. Durante este período Guadalcanal disfrutó de un buen y extenso comercio (recuérdese a los “Fernández” y su escuela de internos, fábricas de aguardientes, aceites, vinos hasta la presencia de la filoxera,…) y desarrollo al socaire de dichas explotaciones. Sus huertas eran numerosas y producían legumbres, patatas, verduras y frutas para el vecino “el dorado”, siendo en cierta manera “arrieros” de Valverde los “últimos de Filipinas” que conocimos ya en el siglo XX dedicados a tal menester. En el vecino Alanís todavía se conocen por su nombre caminos tales como el de “los carros”, el del “aguardiente” por donde circulaba esta mercancía desde Constantina hasta dichas minas y las necesarias maderas para los entibados de las minas. El camino que desde Azuaga llegaba a la Cruz del Aceite se le conocía como el de Constantina (lo cita Isidro Escote Gallego en sus Memorias de un Cazador) a donde se dirigía a través de las pasadas, las cuatrocientas, mina de Pozo Rico y el arroyo de Tres Bodegas hasta la Urbana y San Miguel, hoy olvidados y donde quedan restos están cerrados ilegalmente- en este ultimo lugar, hacía labor de venta y descanso, se conserva empedrada la calzada que por la cabecera de la Capilla pasaba junto a la hermosa fuente y entre paredes sube hasta Alanís, denominándose Camino de los Carros, que sigue hasta Constantina pasando por la ermita del Robledo-. Guadalcanal, sin embargo, es un pueblo que ha perdido la mayor parte de sus caminos. Ello tiene un explicación, a mi juicio, el tan cacareado pensamiento que la caza es “el Dorado”, una gran fuente de ingreso que ha motivado el cierre a cal y canto de los referidos caminos, por los que entraría “el mal”.
Y, ¿qué fue de todo aquello? Ahí vamos, a demostrar cómo sometido a una política dejada en manos de foráneos cuyo interés se basa en la explotación de los recursos naturales (minas) agrícolas, cinegéticos, vías de comunicación, etc. Caídos en el olvido, sin una política propia sentada en una conciencia colectiva de levantar entre todos la economía, sabiendo de donde venimos, hacia donde queremos ir y con un conocimiento de nuestra historia, y posibilidades. Sin ello el futuro estará muy negro, de forma que si el presente está como está, el futuro podemos extrapolarlo desde el conocido pasado, pasando por el presente, hasta…