sábado, 6 de octubre de 2012

ALGUNAS ANÉCDOTAS DE ADELARDO LÓPEZ DE AYALA Y ALGUNOS HECHOS ACAECIDOS EN LA ERECCIÓN DEL MONUMENTO DE LA PLAZA - 2

Por José Mª Álvarez Blanco - Revista de Guadalcanal 2012


En lo que se refiere al monumento que se conserva en el centro de la Plaza, inaugurado el 20 de septiembre de 1926, cuarenta y seis años después de su muerte, y que estuvo a punto de desaparecer hace pocos años, llaman la atención varias cosas. Una de ellas es que fuera erigido por suscripción popular. En esas fechas faltaba solo diez años para la tragedia nacional que nos sobrevendría, y ya la fama y supuesta valía de Ayala habían sido puestas en solfa, no sólo por el mencionado Oteyza, periodista nacido en Zafra en 1883, con tan buena pluma como mala uva, sino por otros como Valle Inclán, como relaté hace unos años[1] en estas páginas. Es cierto que en la primera mitad del siglo XX, hubo notables escritores como José Ortega y Munilla y José Martínez Ruiz (Azorín)[2] que escribieron sobre nuestro autor textos laudatorios, pero es indiscutible que para los especialistas en literatura y política del S. XIX es una figura menor, sobrevalorada en su día tanto en su faceta literaria como política.

Gracias a mi buen amigo Eleuterio Díaz[3], al que públicamente muestro en estas líneas mi agradecimiento, conozco algo de los entresijos de la erección del monumento, de cuya gestación se conservan varios documentos. De las dos facetas del agasajado, escritor y político, se puso el énfasis en la primera, como lo demuestra la inscripción de los títulos de sus principales obras en la parte posterior del monumento. Esto tiene su lógica pues el homenaje se celebra en plena dictadura de Primo de Rivera, y no parece que el quehacer político de Ayala, ―con su autoría del manifiesto de “La Gloriosa”, y sus cambios de chaqueta que le llevaron a pronunciar posteriormente en las Cortes, el entonces famoso discurso sobre la muerte de la Reina Mercedes― fuera muy propicio para concitar unanimidades y adhesiones inquebrantables tan genuinas de los regímenes autocráticos.

El autor de la idea de levantar la estatua de la Plaza, fue el paisano canónigo Don Antonio Muñoz Torrado, que fue el redactor y orador del discurso pronunciado en la plaza con tal motivo. Llegado a este punto tengo que agradecer públicamente a Dª María Cordobés, viuda del que fue mi amigo Ernesto Pérez Vázquez, que hace unos años me facilitara una fotocopia del texto del discurso, que ella conserva como legado de Dª Carmen Caballero, hermana de las inolvidables Dª María y Dª Rafaela.

Precisamente a C. Caballero aparece dedicado el ejemplar del discurso, según se muestra de puño y letra por su autor, que en la reproducción siguiente manifiesta que lo escribió en su hermosa casa:

Pero sospecho que, por otro lado, otro clérigo, a la sazón párroco de la villa, ―me refiero a D. Pedro Carballo Corrales, como se sabe asesinado en la Guerra Incivil, como recuerda la lápida situada en el lado de la epístola de la Parroquia― no parece que estuviera totalmente de acuerdo con la idea del monumento. Quizás tuviera razones que eran de índole moral y político si era buen conocedor de la vida de Ayala. En efecto, Ayala había publicado en su juventud, su única novela hoy semiinédita titulada: Gustavo[4], prohibida por la censura cuyo final transcurre en un prostíbulo; había firmado el Manifiesto de la Primera República que introducía libertad de prensa y de culto; había sido enterrado en un vistoso monumento ―que desaparecerá dentro de poco sí la Presidencia de las Cortes no lo remedia― carente de simbología religiosa; había tenido como amante[5] a la actriz Teodora Lamadrid; y para colmo de motivos había sido masón. Tengo que confesar que de esta última circunstancia me enteré hace pocos años y que parece ser cierta como puede comprobar el lector ―que haya tenido la paciencia de llegar hasta estas líneas―buscando en Internet.

En línea con lo anterior, es probable que Don Pedro Carballo tal vez sugiriera que la Iglesia no aceptara que con motivo de los fastos de la inauguración del monumento se celebrará una exposición de objetos religiosos en el Ayuntamiento, como acredita el oficio del Arzobispado de Sevilla, datado el 19 de julio de 1926, que reproduzco a continuación:

Pero hay más, al parecer entre la documentación del expediente parece que hubo que aportar una partida de bautismo del homenajeado, cuyo texto de puño y letra de D. Pedro Carballo también reproduzco a continuación, y cuya nota marginal al pie tiene un sentido bastante explícito.


Solo me resta añadir que el discurso de Muñoz Torrado, editado en Sevilla[6] es ditirámbico y laudatorio hasta extremos insospechados. Parece que al escribirlo primó el orgullo del paisano, que llegó a lo más alto en letras y política, sobre aspectos de su vida que estaban en conflicto con la ortodoxia. Se ve pues que, ya hace casi un siglo, el éxito y alcanzar altas cotas de poder eran los únicos patrones universales de medida de la gente.





[1] El gallego de La Puebla de Caramiñal lo puso a parir, llamándole “Gallo polainero”, que tiene su punto de coña gallega. Véase la biografía de Ayala que publiqué en esta Revista en 1994.

[2] José Ortega Munilla le dedicó el artículo “Los injustamente olvidados: Don Adelardo López de Ayala”, en las páginas 1 y 4 del diario ABC de 11 de enero de 1922, cuando se cumplían cuarenta y tres años y unos días de su muerte. Respecto a Azorín puede leerse el texto: “Un retrato de mujer” (sobre la obra teatral Consuelo) publicado en la tercera página de ABC de 13 abril de 1946.

[3] Salvo la dedicatoria de Muñoz Torrado a Carmen Caballero, todos los demás documentos reproducidos en este texto han sido obtenidos por Eleuterio Díaz. Entre los papeles conservados está la lista de donativos de la aportación popular que van desde las 1000 pesetas del Ayuntamiento, 25 del particular más espléndido hasta 0,50 del más tacaño o menos pudiente.

[4] Califico esta obra de semi-inédita por la sencilla razón de que solo fue publicada en la que fue prestigiosa revista de hispanistas “Revue Hispanique” en la que también se da cuenta de los comentarios del censor José Antonio Muratori. Un párrafo de dicha novela lo puede encontrar el lector reproducido en la biografía citada en la precedente nota 2.

[5] Lo políticamente correcto ha desplazado hoy a esta palabra que ha sido sustituida por la cursi expresión “compañera sentimental”.

[6] Imprenta San Antonio, Sevilla, 1930.

miércoles, 3 de octubre de 2012

ALGUNAS ANÉCDOTAS DE ADELARDO LÓPEZ DE AYALA Y ALGUNOS HECHOS ACAECIDOS EN LA ERECCIÓN DEL MONUMENTO DE LA PLAZA - 1

Por José Mª Álvarez Blanco - Revista Guadalcanal año 2012

Del escritor guadalcanalense del que hay más bibliografía es la del dramaturgo, poeta y político cuya estatua preside la plaza de nuestro pueblo, razón por la que no solo tenemos acceso a su obra y avatares políticos, sino a también a detalles anecdóticos de su vida. Como es bien sabido este autor que dijo, quizás en más de una ocasión, que “temía más al olvido que a la muerte” iba de sobrado[1] por la vida – (valga la expresión que ha hecho fortuna en nuestro días) – como revelan las tres anécdotas siguientes:

“Ha saltado la anécdota y hay que cobrarla. En el saloncillo del [Teatro] Español se encontraban López de Ayala y Juan Eugenio Hartzenbush, pomposo aquél y arrugadito este. El autor de Los Amantes de Teruel, tan escuchimizado como modesto, cedió la presidencia del auditorio, -retirándose discretamente- al autor de ·Un hombre de Estado”. Y cogiendo una chistera que no era la suya se la puso... hasta el cuello. ¡Se había equivocado Hartzenbuch con la chistera de Ayala! Hubo las risas consiguientes, que Ayala quiso convertir en homenaje a su persona, gritando con aquel vozarrón que poseía: “Don Juan Eugenio, tengo más cabeza que usted”. A lo que Hartzenbush replicó, irguiendo su vocecita como un áspid que se levanta para picar: “Más sombrero, don Adelardo, más sombrero”. Con lo que puso las cosas en su sitio.”
Fuente: López de Ayala o el figurón político-literario, de Luis de Oteyza, Espasa-Calpe, Madrid, 1932, pp. 8-9.

Otras dos muestras de sus arrebatos de autoestima se refieren no al alto concepto que tenía de su inteligencia, sino a la exhibición de su fortaleza física, pues, aun siendo bastante chaparrito, parece que era bastante fuerte, o como se dice ahora, cachas.

La primera ocurrió en el Café Suizo[2] y fue así:

“Discutía cortésmente con alguien que dejándose llevar del calor del debate, le lanzó una palabra injuriosa. Ayala, agarrando el mármol de la mesa, lo alzó sobre la cabeza de su injuriador. E inmediatamente, arrojándolo a un lado, lo partió en pedazos contra el suelo. Pudo haber aplastado al impertinente y no lo hizo. Pero demostró que, a querer, le hubiera sido fácil hacerlo.”
(Luis de Oteyza, obra citada, p. 38).

Finalmente la tercera de la que fue protagonista, está relacionada con el mundo de la farándula, o como le gustaba decir al inolvidable F. Fernán Gómez, de los cómicos, con el que por su condición de autor teatral tenía tanta relación. Ocurrió así:

Una noche salían del Teatro Español dos actrices, que subieron a un coche tirado por vigoroso tronco. Ayala les rogaba que no partiesen; ellas alegaban tener mucha prisa y dieron orden al cochero que hiciese caminar los caballos, ―Los caballos no se moverán sin mi permiso― dijo Ayala. Y, en efecto, aunque el auriga les mandase con la voz, les incitase con las riendas y le castigase con el látigo, los caballos no se movieron. Era que el nuevo Hércules extremeño, agarrado con ambas manos a los radios de una rueda,
contrarrestaba los esfuerzos del tiro”.
(Luis de Oteyza, obra citada, p. 38-39).

No protagonizado por nuestro autor, sino por la mala fama de su caligrafía, he encontrado en un periódico del S. XIX, el relato de lo que sucedió con su maestro en Guadalcanal, que transcribo textualmente.

“Cuando se estrenó “El Tanto por ciento”, de don Adelardo López de Ayala, sus compañeros poetas le regalaron un álbum de poesías y una corona de oro. Llegó la noticia del éxito de la obra y de este homenaje al maestro de Guadalcanal, que había enseñado a Ayala en su niñez, por lo que le dijo un amigo. Ya estará usted satisfecho, ¿eh?: ¡Ya sabrá que Ayala ha resultado un gran escritor!
Y lleno de asombro respondió el maestro: ¿Un gran escritor? ¡Pues mira que ya habrá tenido que reformar la letra!
Fuente: Revista “Muchas gracias”, página 7, Número 397, Año VIII, Madrid, 10 de octubre de 1931

Decía Pessoa que el poeta es un fingidor, y para corroborarlo, en el caso de Ayala, repare el lector en el primer terceto de su conocido soneto titulado Al oído:

Déjame penetrar por este oído,
camino de mi bien el más derecho,
y en el rincón más hondo de tu pecho
deja que labre mi amoroso nido.
Feliz eternamente y escondido,
viviré de ocuparlo satisfecho...
¡De tantos mundos como Dios ha hecho,
este espacio no más a Dios le pido!
Yo no codicio fama dilatada,
ni el aplauso que sigue a la victoria,
ni la gloria de tantos codiciada...
Quiero cifrar mi fama en tu memoria;
quiero encontrar mi aplauso en tu mirada;
y en tus brazos de amor toda mi gloria.





[1] Nuestra lengua tan rica en sinónimos ha venido a consagrar hace unos años este término como sinónimo de persona engreída, vanidosa, presuntuosa etc. Por una rutina consuetudinaria, en estos tiempos tan precarios en rigor y auto-exigencia, se siguen aplicando a instituciones o cargos calificativos enaltecedores por el mero hecho de existir u ostentarlos, y uno se pregunta hasta que punto merecen algunos Rectores de Universidad ser Magníficos; ciertos Diputados y Jueces, Señorías; Ayuntamientos despilfarradores, Excmos; algunas ciudades Muy noble y muy leal,... etc.

[2] Famoso café madrileño del S.XIX que estuvo situado en la confluencia de las calles Alcalá y Sevilla (entonces llamada Ancha de Peligros) en las inmediaciones del actual Teatro Alcázar.

lunes, 1 de octubre de 2012

LAS MILICIAS HONRADAS DE GUADALCANAL - y 2

Por Rafael Ángel Rivero del Castillo - Revista Guadalcanal año 2012


 “Señor.
En una de las hactas del mes de Nobiembre del año proximo pasado Su Magestad el Señor Don Fernando Septimo y en su Real Nombre esa Suprema Junta Central del Reyno, dispuso y comunico por orden expresa a todas las Juntas de Probincias y por estas a las de Gobierno, la formación de Cuerpos de Milicias honradas, en todos los pueblos y en los que solo debían entrar aquellos que por su situación no necesitasen de su trabajo diario, con el fin sapientisimo de velar ante la conducta de los Paysanos, la tranquilidad de estos y perseguir y aun exterminar a los facinerosos o malhechores; Nadie duda la felizidad que se experimentaria en todos los Pueblos con esta formacion de cuerpos o compañias de Milicias honradas.
Mi situación en el dia me obligaba por todos respectos, a ser uno de los que entre otros compusiese la milicia honrada y con efecto de la ciega obediencia que e prestado sobre las disposiciones del Monarca y su Gobierno y por conocer los muchos y buenos fines a que se dirijia su contesto, no me parecio deber retardar por un solo momento tan importante serbicio, para cuyo efecto practico la diligencia de presentarme y hacer seme alistare por su yndibiduo; pero quando juzgaba que esta orden por lo hermetica llamaria las primeras atenciones de las Juntas para hacer se verificase su formacion, veo con el mayor desconsuelo, que ya por la muchas ocupaciones de las Juntas Subalternas, y por lo que es mas, por las dos ymbasiones que a sufrido esta Probincia desde el veinte y quatro de Diciembre por los crueles enemigos que so capa de aliados han pretendido con tanto teson pribarnos de nuestra independencia y libertad, han sido causa para haber retardado y aun olbidado absolutamente la creacion de dicha orden, pues apenas se allan cuatro Pueblos en esta provincia que allan formado dichos cuerpos o compañías de Milicias honradas.
Los habitantes del Pays experimentan ya perjuicios incalculables. Los caminos no presentan a los viajeros sino el espejo de la yniquidad y latrocinio; el desviarse el ejercito de esta provincia sera causas para que no presenten los valles ni la selvas sino objetos de lastima y compasion, el ejercito se aleja y el ybierno se aproxima, y entonces ¿quantos no serán los que favorecidos de la opacidad del frio y olbidados de sus deberes, se entregaran desenfrenadamente a todo genero de maldades? La formacion de dichos cuerpos de Milicias honradas hera el medio mas seguro de hebitar estos desordenes, y asi conociendo su M. vien de zerca los vienes que se seguirian de su organizacion y penetrada de los mas sublimes sentimientos por el vien publico, me dirijo a su Real presencia por medio de esta representacion haciendo ver la necesidad que ay y vienes que se producirian de su formacion y arreglo, a fin de que expida esa Suprema Junta las mas eficaces providencias y rigurosas ordenes para que se realice un plan tan util como necesario y entonces esta probincia reconocida bendezira en todos tipos al gobierno céntrico por dedicar sus dias a la felizidad de la Patria y de los Pueblos en particular.
    Dios guie a S.M. los muchos años que le desea esta monarquía.

                            Guadalcanal y Julio 30 de 1809

                                           El Buen Patricio.

viernes, 28 de septiembre de 2012

CRÓNICAS DESDE BENAZOLVE


Torre de la iglesia de Santa Marta, desde la calle San Claudio
Aprovechando que estamos disfrutando de unos días de descanso en Benazolve, pueblo donde nació mi esposa, queremos hacerles llegar una muestra de las diferentes calles y paisajes, con que cuenta el mismo.
Arroyo del Prado
Esta localidad pertenece al municipio de Ardón, en la comarca de Tierra de León, provincia de León, en la comunidad autónoma de Castilla y León.
Está situado sobre el arroyo del Prado, afluente del río Esla por su margen derecha.

Antiguas y nuevas viviendas conviven en la actualidad

Los terrenos de Benazolve limitan con los de Ardón, Villavidel y Campo de Villavidel al noreste, Cabreros del Río al este, Villalobar al sureste, Villacalbiel, San Esteban de Villacalbiel y Villibañe al suroeste, Vallejo y Villagallegos al oeste y Valdevimbre y Farballes al noroeste. Está situada a 785 metros de altitud y actualmente tiene sesenta y un vecino.
Vivienda en la calle de la Escuela
Quien mejor que el escritor y profesor leonés José Luis Gavilanes Laso, para explicarles como es Benazolve:
Camino de la Fuente
En Benazolve no hay tren, ni proyecto de tranvía (como quieren en León los chicos de la alcaldía), ni pregón, ni filandón, ni tonto al rayar el día, ni matrona cuando al niño la cigüeña lo traía, con hogaza bajo el pico o con la bolsa vacía, ni trillos, ni segadores, bueyes ni caballería, ni grano que almacenar en sobrado, cuando había, ni quintos que sortear cual bolas de lotería, ni rueca de buen tejer, ni el figón, ni la herrería, ni tolva para moler, ni nieva como solía... 
Frontón de Benazolve
Típica casa en la calle Valdevimbre
Como plumas en las aves, mudan los tiempos, los días, y también las voluntades, aunque, por desgracia, no, violencias y fechorías entre los pobres mortales.

Casa restaurada en la calle San Claudio
Allá, por el siglo X, en el tiempo de Almanzor, llegó aquí la morería, destruyendo por doquier y haciendo enorme sangría, con fiereza, intrepidez, alfanje y algarabía, dando a Benazolve nombre, que es mora etimología. Su sentido corresponde a la dureza del hombre que en estos campos vivía, en perfecta analogía con lo recio de la tierra: dura, escarpada, bravía, plena de arcilla y de piedra. 
Fachada restaurada de casa antigua
Y dicen que hasta un harén en esta aldea existía, aunque no se sabe bien, donde el sultán lo tenía, con moras a tutiplén, que previa a su madurez el moro las digería con lujuriosa avidez, al compás de los rabeles, dulzainas y chirimías y aporreos de tambor después de mil correrías por la ribera de Ardón y otra villa, al mediodía, que por su mucho dolor, llamaron Villaquejida.
Iglesia de Santa Marta
Hubo judíos también, aunque muy pocas judías, porque insaciables las hambres por las plagas y sequías, a falta de otros manjares las gentes se las comían. Repuesta la clerecía, advino de sopetón una peste muy extendida, que era cólera de Dios por pecado en demasía. 
La Fuente
A modo de exculpación, como el hambre persistía, sin otra degustación, el pueblo santas comía: Margaritas, Azucenas, Martas, Dulces, Rosalías y en especial Magdalenas cocidas en la abadía, junto al Esla, por Ardón; y de tal forma engullían que ver era bendición cómo se satisfacían. Según, pues, la tradición, las magdalenas, judías y moras principalmente, por antaño y todavía, son el plato preferente, tanto a las gentes de aquí como en aldeas vecinas.
Casa y escudo de los Isla
  En tiempos de evacuación, porque el faquir exigía que Ala fuese sólo el dios a quien rendir pleitesía, del sur, desde Andalucía, a Benazolve llegó gente de mozarabía, con mozas a mogollón, que mozos pocos venían, por causa de la invasión que el Califato sufría. 

Fuente de El Caño
No hay grandes corriente, ni pantano de importancia, pero hay agua excelente que mana con abundancia, y desde Oriente, Occidente (y hasta dicen que de Francia) a recogerla aquí vienen sin importar la distancia.

Al fondo la torre de la iglesia de Santa Marta, en la calle Real
Tampoco hay campo de golf, ocio de la burguesía, ni urbanismo alrededor, negocio de plusvalía. Pero al saber que aquí había musulmana tradición, vino de la morería un libanés de ambición, pues del Líbano venía, y, si nada construyó, sí agrandó su economía, por comprar la tierra a dos lo que mucho más valía, ¡a Yunes castigue Dios, o Alá por tal fechoría!
Calle del Caño y Villalobar
Hay prados para pacer y cuevas con gran frescura para yantar y beber cuando la calor apura, y muchos días de sol y también buena sombría, y un arroyo retozón moderado en las crecidas, que nunca pierde el rumor de sus aguas cristalinas, incluso por la Asunción en años de gran sequía. 
Cueva donde se conserva el vino con cestos para traer la uva
Mas, no ha querido el Señor darle berros ni pamplinas, ni peces he visto yo, sólo ranas en la arena, dándole coro al rumor con sus cantos de sirena, cuando invitan al amor en noches de luna llena.
Cúpula de la cueva
Hay templo para rezar y liberar el pecado, mayoritariamente venial, y un sacerdote importado viniendo para ejercer oficio dominical u otro sagrado quehacer para ser administrado con licencia episcopal. De descanso y de reunión y ejerciendo como bar, tiene la aldea un local denominado El Peñón, 
Bar de la Asociación El Peñón, a la derecha el consultorio médico
que, si bien, no baña el mar, cual Gomera o Gibraltar, tiene juego y diversión para solaz expansión después del duro bregar. Y si no hay satisfacción, se parte a Villalobar, amada con devoción por ser villa fraternal. O a Valdevimbre, mejor, pues en la cueva de un cura dan vino con comunión, buen servicio sin usura, y si en la degustación sobrepasas en hartura y falleces de atracón, es gratis la sepultura y gastos de inhumación.
No hay copioso vecindario, mas vense con lucidez algunos nonagenarios e incluso de más de cien. Ni edificio de valía, pero sí gente de bien, barrio de abajo y de arriba, pequeña ermita
Ermita de El Cristo
 también y un escudo de hidalguía con flor de lis y lunel. 
Casa y escudo de la familia Ordas
Es el culto a Santa Marta, dulce hermana de María, cuyos atributos son la escoba y el cucharón, sujetando con cadenas la cabeza del dragón, la que a Benazolve da muy extendida nombradía, cuando a finales de julio se festeja cuatro días, con escabeche, con queso, vino, baile y alegría.

Y ya, como colofón, pues ya es hora de acabar, homenaje y oración por un hombre quiero dar, con todo mi corazón, vecino de este lugar. Siendo viudo y jornalero, con prole que alimentar, en Puente Castro mataron los que en civil guerra juzgaron quién debía de vivir o había que fusilar.
Calle San Claudio, donde conviven las nuevas y viejas viviendas
 Dicen que ofendió a la Iglesia o agravió a la autoridad, infracciones que hoy en día son sólo de lamentar. Y si de cristianos vamos tan a menudo al altar, por amor de Dios, hermanos, debemos de perdonar. Si a los delitos de sangre no se debe muerte dar, menos son los de palabra la causa para matar. Han pasado ya los tiempos de ver, oír y callar. 
Antigua casa del Cura
Quiera Dios se hayan perdido, quiera Dios no vuelvan más. Sólo al final de los días, Él nos habrá de juzgar, con la gloria para siempre o la nada, nada más. Que el infierno ya es la vida, si a ella has venido a parar.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

LAS MILICIAS HONRADAS EN GUADALCANAL - 1




Por Rafael Ángel Rivero del Castillo - Revista Guadalcanal año 2012

         

En 1808 en plena Guerra de la Independencia Española del invasor francés, la Junta Central, fiel al Rey Fernando VII, expidió un reglamento por el que disponía la creación en todo el territorio de cuerpos de “Milicias Honradas", que deberían constituir una especie de ejército auxiliar que realizase servicios de guarnición y retaguardia, liberando así de los mismos a los cuerpos del ejército activo debido:
 “…al gravísimo empeño en que se halla la nación para liberarse de la esclavitud que la amenaza y que sufre ya su amabilísimo Monarca y toda su Real Familia por el más astuto, pérfido y poderoso de los tiranos”.

         De esta manera el día 22 de noviembre de 1808 la Junta Central desde Aranjuez expide el citado reglamento en cuyo patriótico preámbulo se incluía que…

“…la honradez, la unión, la fraternidad, el olvido de las injurias, el desprendimiento de lo que nos pertenece, o creemos que se nos debe, la paz interior y reciproca ante los ciudadanos, y en una palabra, todas las virtudes que constituyen el verdadero patriotismo son tablas que pueden únicamente salvarnos del naufragio que nos amenaza. Para conservar pues estas virtudes, para mantener la tranquilidad en todos los pueblos, y singularmente entre los más considerables, para imponer respeto a los bandidos, para aprehender a los desertores, y para evitar con el pronto e irremisible castigo la multiplicación de los delitos, ha dispuesto S.M. que en todos los pueblos del Reino que están fuera del teatro de la guerra se creen Cuerpos de Milicias Honradas, bajo el pie y reglas que se expresan en los siguiente artículos…”

         En dichos artículos se estipulaba:

·                    Que el número de individuos que integraran esta milicia debería ser proporcional a la población.
·                    Que las personas que lo compusieran debían tener rentas o salarios fijos para poder mantenerse con dignidad.
·                    Que la pertenencia a estos cuerpos no eximia de prestar servicio en el ejército en caso de necesidad.
·                    Que la oficialidad se reservaba a los más aptos al margen de su condición nobiliaria o su riqueza.
·                    Que estos milicianos no gozarían de sueldo, y el vestuario correría de su cuenta, mientras que las armas en cambio serían pagadas por toda la comunidad.
·                    Que la instrucción recibida estuviera a cargo de los capitanes generales y que estos la organizaran según las características de cada pueblo.
·                    Que dichos voluntarios quedarían sujetos a sus respectivas jurisdicciones en todas las causas y delitos que no fueran relativos al servicio de armas, en cuyos casos, pasarían a depender del capitán general de su provincia

En este contexto aparece una carta anónima dirigida al Rey Fernando VII por un guadalcanalense de la que se puede deducir que esta orden, pese a ser de vital importancia según nuestro anónimo paisano, no llegó a ejecutarse en todos los pueblos entre otros en Guadalcanal.

A continuación transcribo la carta, con la ortografía y gramática originales, firmada el 30 de julio de 1809 desde Guadalcanal por “El Buen Patricio” seudónimo utilizado por nuestro paisano para rubricar la carta.

sábado, 22 de septiembre de 2012

DOCUMENTACION SOBRE GUADALCANAL EN LA COLECCIÓN “SALAZAR Y CASTRO” DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA - y 2


Por Salvador Hernández González - Revista Guadalcanal año 2012


La documentación relativa a Guadalcanal es la siguiente, reproduciendo las fichas que figuran en el Catálogo de esta colección[1] y que relacionamos por orden cronológico:

Ø      1570.06.25. Úbeda.
Testamento otorgado por Juan Vázquez de Molina, secretario de Carlos V y de Felipe II, comendador de Guadalcanal y Trece de la Orden de Santiago.
Sigue el codicilo otorgado al día siguiente. Este señor falleció el 27 del mismo mes y año.
M-89, fº 107 a 127. El fº 128 está en blanco. Nº 55959 del inventario.

Ø      1591.09.15. Barajas.
Testamento otorgado por Francisco Zapata de Cisneros, I conde de Barajas, comendador de Guadalcanal y Trece en la Orden de Santiago.
M-64, fº 198 a 200. Nº 54463 del inventario.

Ø      Sin fecha.
Noticia del memorial de Pedro Zapata de Cárdenas, comendador de Dosbarrios, en la Orden de Santiago, al rey Felipe II, por el que solicita la encomienda de Guadalcanal en la misma Orden. En 24 de octubre de 1594 fue promovido a la encomienda de Guadalcanal.
Autógrafo de Luís de Salazar y Castro, obtenido del original del archivo del duque de Baena.
M-6, fº 180 v. Nº 46576 del inventario.

Ø      1597.01.18. Madrid.
Cédula del rey Felipe II a todos los comendadores de la Orden de Santiago, entre ellos Hércules Sfrondato, duque de Montemarchano y comendador de Guadalcanal, haciéndoles el llamamiento para que, con sus personas y lanzas que les corresponden, estén dispuestos para marchar a la guerra.
Nº 36173 del inventario.

Ø      Sin fecha.
Elogio de D. Luís Venegas de Figueroa, comendador de Guadalcanal y Moratalla, y Trece de la Orden de Santiago, repostero y aposentador mayor de Felipe II, su embajador en Alemania y otras partes, caballerizo mayor de la reina doña Ana, mayordomo del emperador Maximiliano II y su embajador a Castilla.
Autógrafo de D. Luís de Salazar.
Legajo 11. Carpeta 14, nº 28. Nº 75046 del inventario.

Ø      Sin fecha.
Tabla genealógica de la familia de Ayala, vecina de Guadalcanal (Sevilla).
Empieza en Lorenzo Gutiérrez de Morales, veedor y obrero mayor de la provincia de León en la Orden de Santiago. Termina en su tercer nieto Rodrigo Ventura de Ayala Sotomayor, que heredó de su tercer abuelo el mayorazgo de la obrería mayor.
D-28, fº 169. Nº 25181 del inventario.

Ø      Sin fecha.
Tabla genealógica de la sucesión del capitán Hernán González de la Torre, natural de Guadalcanal, conquistador del Perú, regidor perpetuo y feudatario de Lima y familiar del Santo Oficio.
Termina una rama en su tercer nieto Fernando de Córdoba y Sande. Otra rama termina en su segundo nieto Francisco Manrique de Lara.
D-29, fº 27. Nº 25286 del inventario. Nivel de descripción: Documento

Ø      Sin fecha.
Tabla genealógica de la familia de Sotomayor, vecina de Guadalcanal (Sevilla).
Empieza en el comendador de la Orden de Alcántara, Ximeno de Sotomayor. Termina en su octavo nieto, por varonía, Pedro Antonio de Ayala Sotomayor y Castilla, veedor y obrero de la provincia de León y caballero de Santiago en 1715.
D-34, fº 73. Nº 27588 del inventario.

Ø      Sin fecha.
Tabla genealógica de la familia de la Torre, vecina de Guadalcanal (Sevilla).
Empieza en Francisco López de la Torre. Termina en su nieto Francisco López de la Torre y Rodríguez Carranco, que hizo información de su nobleza en Guadalcanal en 1611.
D-35, fº 60 v. Nº 28013 del inventario.

Ø      Sin fecha.
Tabla genealógica de la familia de Ortega, vecina de Guadalcanal (Sevilla).
Empieza en Diego Díaz de Ortega. Termina en su cuarto nieto Alonso Damián de Ortega y Toledo Golfín, caballero de Santiago en 1721.
D-35, fº 84 v. Nº 28064 del inventario.

Ø      Sin fecha
Genealogía de Alonso de Ortega Ponce de León y Toledo, natural de la villa de Guadalcanal, Alférez Mayor del Cabildo de ella, y Sargento Mayor de el Regimiento de Dragones de Llerena, pretendiente del hábito de la Orden de Señor Santiago, en 1721.
Impreso en dos hojas, con notas autógrafas. S.l.s.i.s.a.
D-51, fº 112 y 113. Nº 29959 del inventario.



[1] Tales fichas se pueden descargar a través de la web de la Real Academia de la Historia: http://www.rah.es/biblioteca.htm

miércoles, 19 de septiembre de 2012

DOCUMENTACION SOBRE GUADALCANAL EN LA COLECCIÓN “SALAZAR Y CASTRO” DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

Por Salvador Hernández González – Revista Guadalcanal año 2012.

             Desde su establecimiento oficial en 1738, la Real Academia de la Historia se dotó con una biblioteca que, en virtud de la cuantía y calidad de sus fondos, se ha convertido en indispensable para el estudio e investigación de la historia de España y de la América hispánica. Estos fondos, reunidos por diversas vías (compra, donación de académicos, personas particulares, instituciones y editoriales), comprenden no sólo una gran colección de libros y folletos impresos (estimados en más de 400.000 volúmenes), sino también una rica colección de códices y documentación manuscrita que abarca desde la alta Edad Media hasta la actualidad y está formada por más de un centenar de colecciones de características y contenido muy diversos.

            Entre estas colecciones de manuscritos destaca por su interés para la historia local la formada por don Luís Salazar y Castro (1658 – 1734) a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. Nacido en Valladolid de familia hidalga burgalesa, Salazar y Castro, nombrado caballero de la Orden de Calatrava en 1686, desempeño desde 1697 hasta su muerte el oficio de Cronista de Indias. Su dedicación a los estudios genealógicos le granjeó gran renombre ya en su tiempo, por lo que su casa se convirtió en centro intelectual de la corte de Felipe V. Su dedicación al estudio de la genealogía le hizo reunir una enorme colección de documentos que procede tanto de los que utilizó para escribir sus obras básicas (Historia genealógica de la Casa de Silva e Historia genealógica de la Casa de Lara) como de los que reunió en los archivos que visitó en toda España al ser designado informante de los expedientes de ingreso de los caballeros de la Orden de Calatrava[1].

Esta colección, que ingresó en la Academia de la Historia en 1850 procedente de la Biblioteca de las Cortes, está integrada por más de 1.600 volúmenes con 78.584 documentos (manuscritos, originales y copias e impresos) y crónicas medievales y de los siglos XVI y XVII[2]. Si bien su recopilador reunió este fondo para llevar a cabo estudios genealógicos, posee gran valor para la investigación de los más diversos aspectos de la historia de España en general y de sus poblaciones en particular, pues la documentación recopilada por este erudito investigador comprende temas como la heráldica y genealogía (testamentos, fundaciones de mayorazgos, capitulaciones matrimoniales, etc.), órdenes militares, gobierno y relaciones internacionales de los reinos de Castilla y Aragón, fueros y privilegios del Reino de Valencia, crónicas de los monarcas españoles, etc.

Si tomamos en consideración la vinculación histórica de Guadalcanal con la Orden de Santiago y el protagonismo del estamento nobiliario en el gobierno de esta institución religioso – militar, nuestra localidad aparece en esta colección Salazar y Castro a través de varios documentos que afectan en su mayor parte a algunos aspectos del señorío santiaguista en la Baja Edad Media y a la sociedad local de la Edad Moderna. Así se asoman a esta documentación los nombres de algunos de los titulares de la encomienda de la Orden de Santiago en Guadalcanal en la Edad Moderna, cargo que ejercían con marcado carácter absentista al no residir en la localidad, pues las escrituras otorgadas por estos comendadores suelen estar otorgadas en otros lugares muy distantes. Este es el caso de Juan Vázquez de Molina, secretario de Carlos V y Felipe II, quien residía en su magnífico palacio renacentista de Úbeda; Francisco Zapata de Cisneros, I Conde de Barajas; Luís Venegas de Figueroa, Aposentador Mayor de Felipe II y embajador en Alemania; y Pedro Zapata de Cárdenas, promovido a la encomienda de Guadalcanal en 1584. Otros documentos de esta colección atañen a la genealogía de diversos personajes y familias de la localidad. Así encontramos al capitán Hernán González de la Torre, que intervino en la conquista del Perú, donde alcanzó el cargo de regidor perpetuo de Lima; Alonso de Ortega Ponce de León y Toledo, Alférez Mayor del Cabildo de Guadalcanal y Sargento Mayor del Regimiento de Dragones de Llerena; y las familias Ayala, Sotomayor, de la Torre y Ortega.



[1] SORIA MESA, Enrique: La biblioteca genealógica de Don Luís de Salazar y Castro. Universidad de Córdoba, 1997.
[2] VARGAS ZUÑIGA, Antonio (Marqués de Siete Iglesias) – CUARTERO HUERTA, Baltasar: Índice de la Colección de Don Luís de Salazar y Castro. 49 vols. Real Academia de la Historia, Madrid, 1949 – 1979; VARGAS ZUÑIGA, Antonio (Marqués de Siete Iglesias): Don Luís de Salazar y su colección. Real Academia de la Historia, Madrid, 1973; “La Colección de Don Luís de Salazar y Castro”, Hidalguía nº 95 (julio – agosto de 1995), págs. 557 – 562.