jueves, 2 de diciembre de 2010

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 29


-«Allí ha desembarcado Goded, pero la guarnición se ha puesto a las órdenes de un General de la Guardia Civil; éste se ha apoderado del Parque de Artillería, ha armado a los milicia­nos y ha hecho presos a los generales y jefes de la guarnición.»
Me puse luego en contacto con el General Cabanellas, de la quinta región, de Zaragoza. Le pregunté si estaba al corriente de la sublevación, me contestó que sí pero que aún no había tomado determinación alguna.
-«Le doy dos horas de plazo para responder, al cabo de las cuales, si no he obtenido respuesta, daré por hecho que está usted en contra del Gobierno.»
La sexta División estaba bajo las órdenes de Mola. Este se había hecho cargo del mando luego de arrestar a los Generales Batet y González de Lara.
La séptima División, Valladolid, no respondió al teléfono. Posteriormente supe que el General Saliquet acompañado de unos paisanos armados y tras un breve tiroteo en el que hubo algunos muertos, se había hecho cargo del poder.
La octava División era La Coruña; al frente estaba Salcedo, quien me comunicó que no sabía nada del movimiento. Me enteré más tarde de que el Coronel Martín Alonso, secundado por otros jefes, habían arrestado a los generales Salcedo y Ca­ridad y los habían fusilado dos días después.
Finalmente hablé con Asturias; desde allí el Coronel Aranda me dio a conocer su posición: sabía del estado de la situación política y se había puesto a las órdenes de Mola.
Poco más tarde supe que el General Queipo de Llano se había hecho cargo del poder en Sevilla.
Tras estas conversaciones telefónicas, comenté con Saravia: «Esto no es lo de Asturias. Es el comienzo de una guerra civil.»
El día 20 de julio se reunió el Consejo de Ministros en el Ministerio de Marina. Les informé sobre mis gestiones ante las ocho divisiones y el resultado de las mismas.
Mientras tanto, en Madrid, los cuarteles eran asaltados por los milicianos. En el Campamento de Carabanchel una colum­na de milicianos tuvo un enfrentamiento en el que murieron el General García de la Herrán y fueron hechos prisioneros gran número de jefes y oficiales. Comenté a los ministros, además, que Saravia me había dicho que el movimiento revolucionario para contrarrestar el del ejército tenía organizados muchos ba­tallones clandestinos con mandos políticos. Yo consideraba que por no ser político no podría entenderme con ellos y presenté la dimisión, que fue hecha pública semanas más tarde.
Hablé con mi mujer, que había quedado en Badajoz. El sar­gento de la estación de telégrafos se presentó en mi despacho para hablarme a solas:
-«Mi General, tiene usted intervenidas las comunicaciones telefónicas.»
El 21 de julio recibí la visita del Cónsul de Francia en fun­ciones de Embajador. Me informó que la Embajada se estaba llenando de personas que acudían allí en busca de asilo y que para poderlas evacuar en un avión que vendría de Toulousse solicitaba permiso del Ministerio. Hablé con el Comandante Mi­litar de Barajas y le di orden de que no pusiese dificultades para que los coches de la Embajada, con la bandera de Fran­cia, se acercaran al avión y subiesen sus ocupantes.»
Un día mi padre fue enviado por el Gobierno a presidir un mitin anarquista. Lo recibieron puño en alto cantando la In­ternacional. Sin inmutarse, bajo las miradas de fuego de los asistentes, esperó a que terminase la música con la gorra en la mano. Luego preguntó:
-«¿No tiene un himno la República?»
-«¿Quiere usted que se toque?»
-«Naturalmente.»
Durante la ejecución del himno se puso la gorra y saludó militarmente.
Durante su servicio en el Ministerio tuvo ocasión de salvar­le la vida a un amigo y compañero de promoción, el Coronel Fidel de la Cerda, quien había sido detenido por los milicianos.

martes, 30 de noviembre de 2010

BLANCO DE GUADALCANAL/Y ALOQUES DE BAEZA/ME CONFORTAN LA CABEZA



Por Quimiófilo

Hace ya algunos años, leyendo un conocido texto del erudito extremeño D. Vicente Barrantes(1), tuve conocimiento de los tres versos que encabezan estás líneas. Si no recuerdo mal, fue casi al mismo tiempo que, hojeando novedades en una librería madrileña descubrí el dicho comarcal en el que las mujeres de Guadalcanal salían muy bien paradas, y que, como tal vez recuerde el lector, decía así:




Cazalla, tierra de Dios
Constantina de galanes
Guadalcanal, buenas mozas
y en El Pedroso, olivares.(2)


En aquel momento tuve la impresión que el dicho anterior, era ese tipo de coplas de autor anónimo que canta el pueblo, que tanto entusiasmaban a Demófilo, padre de los Machado Ruiz, y a su buen amigo nuestro heterodoxo Micrófilo, y que alguien transcribió para que no se perdieran. En cambio, sospeché que los versos que dan nombre a este texto, que relacionan el que fuera famoso vino blanco de nuestro pueblo con los aloques(3) de Baeza, deberían pertenecer a una composición poética de carácter jocoso. Todo era cuestión de paciencia y tener un poco de suerte y hoy traigo a estas páginas digitales el texto completo de la composición que encontré hace más o menos dos años. Los versos formaban parte de un villancico(4) que aparecía en una recopilación de otro gran erudito extremeño, Bartolomé José Gallardo(5), y el poema completo, según la edición de 1863 dice lo siguiente:

1272.- VILLANCICOS: Aquí comienzan unos Villancicos muy graciosos de unas comadres muy amigas del vino. Agora nuevamente impresos.

Papel volante en 4º - l.g. en un pliego con una estampeta con tres figuras, una de ellas empinando una bota, en que bebe.

VILLANCICO


No me vea yo a la mesa
si no siempre el jarro lleno.
Poco bebo, mas quiérolo bueno.
Con tanto cada mañana
como una blanca de agua,
mato y enciendo mi fragua,
y estó alegre y vivo sana.
De vino contino hay gana;
por el pan poco me peno.
Para mi pobre comida
con un azumbre(6) estoy buena,
y entre la comida y cena
bien me basta una medida.
Despues para la comida
basta un pucherito lleno.
Blanco de Guadalcanal
y aloques de Baeza
me confortan la cabeza

con Yepes y Madrigal
Mártos y Ciudad Real
con lo de Torre-Jimeno.
Quien el vino me quitare
quitada tenga la vida;
nunca es pobre la comida
donde el vino no faltare
no hay dolor que se compare
con vello en poder ajeno.
Yo no siento igual dolor
que estar comiendo sin vino;
sólo en pensallo me fino
y lloro al mejor sabor.
Dios bendiga tal licor
qu’el agua hacerse cieno.
En mi fresca mocedad,
con cuya memoria muero,
siempre estaba lleno un cuero
para mi necesidad.
Mas ya por mi pobre edad
poco vale lo que ordeno.
En un jarrillo cualquiera,
boquituerto, desasado,
tengo de ir, por mi pecado,
á casa de la tabernera.
Y ella es tan limosnera
que remedia el mal ajeno.
Toma tocas y gorguera,
coñas(7), cuentas y sortijas,
y de esotras baratijas
madejas, telas, calderas.
De aspas y devanaderas
(8)
un jarayz(9) tiene lleno.

***
El vino y Extremadura, dos constantes en la Historia de nuestro pueblo que aparecen en innumerables escritos, aunque desde 1839 seamos oficialmente andaluces sevillanos. No discuto que la reordenación administrativa, que hizo que L. de Ayala naciera pacense y muriera sevillano, no esté justificada orográficamente, pero el peso de la historia es indudable. Así, como algunos andaluces emigrados se definen cataluces/andalanes, los guadalcanalenses desde el punto de vista regional nos podríamos llamar andameños/extremaluces, o sea híbridos, que no es mala cosa en estos tiempos de delirios identitarios.

Cuando estoy a punto de concluir este texto la prensa del día(10) informa que cuatro jóvenes guadalcanalenses acaban de inventar un programa para ordenador, que facilitará el pedido del condumio, y agilizará la gestión de los restaurantes, desde los omnipresentes teléfonos móviles. La modernidad que se entromete en el pasado. ¡Bienvenidos emprendedores guadalcanalenses! Si la prensa andaluza en general, y la sevillana en particular, diera más noticias como esta, significaría que Andalucía no solo es sinónimo de tradición, sino también del progreso, que trae el bienestar general.

Madrid, 26 de noviembre de 2010

----------------------
Notas.-
(1) En la página 237 de Aparato bibliográfico para la Historia de Extremadura, (Madrid: Estab. Tip. de Pedro Núñez, 1875-1877), 3 vol., del erudito extremeño Vicente Barrantes Moreno (Badajoz, 1829 – Pozuelo de Alarcón, 1898).

(2) Mujeres de Guadalcanal, buenas mozas. pp. 133-134. (Guadalcanal, Revista de Feria, 2003).

(3) aloque.(Del ár. hisp. halúqi, y este del ár. clás. halúqi, del color del azafrán diluido).
1. adj. De color rojo claro; 2. adj. Se dice especialmente del vino tinto claro o de la mixtura del tinto y blanco. U. t. c. s. (DRAE, edición en línea).

(4) villancico.(De villano).1. m. Canción popular breve que frecuentemente servía de estribillo; 2. m. Cierto género de composición poética con estribillo; 3. m. Canción popular, principalmente de asunto religioso, que se canta en Navidad y otras festividades. (DRAE, edición en línea). Obviamente el término se usa en esta composición poética, en su primera acepción, y no en la usual de carácter navideño.

(5) En pp. 1229-1230 de Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos de Don Bartolomé José Gallardo. Tomo I. Edición de 1863 de la Imprenta y estererotipia de M. Rivadeneyra. B.J. Gallardo Blanco fue un célebre bibliógrafo, erudito y escritor extremeño nacido en Campanario (Badajoz) 1776 y fallecido en Alcoy en 1852.

(6) azumbre. (Del ár. hisp. aṯṯúmn, y este del ár. clás. ṯum[u]n, octava parte). 1. amb. Medida de capacidad para líquidos, que equivale a unos dos litros. U. m. en f. (DRAE edición en línea).

(7) coña. 1. f. vulg. Guasa, burla disimulada. 2. f. vulg. Cosa molesta. (DRAE edición en línea). Este término usado en plural en el texto se refiere claramente a la segunda acepción.

(8) devanadera.1. f. Armazón de cañas o de listones de madera cruzados, que gira alrededor de un eje vertical y fijo en un pie, para que, colocadas en aquél las madejas del hilado, puedan devanarse con facilidad; 2. f. Instrumento sobre el que se mueve un bastidor pintado por los dos lados para hacer mutaciones rápidas en los teatros. (DRAE edición en línea).

(9) El DRAE recoge la versión actual jaraíz que define como sinónima de lagar, que como es sabido es el recipiente donde se pisa la uva para obtener el mosto.

(10).- Véase el suelto “El móvil se convierte en camarero”, diario El País, edición Madrid, 26-11-2010, página 72.

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 28

VI

El reloj de todos los españoles se detuvo en la madrugada de un 18 de julio. Llevábamos los Castelló poco tiempo en Badajoz. Mi padre era Gobernador de la Plaza desde hacía varios meses. Recuerdo algo de aquella ciudad en que mi hermana y yo, niñas aún, y sospecho que mi madre también, nos aburríamos soberana­mente.Como éramos criaturas, mi hermana y yo no teníamos consciencia de la que ocurría en nuestro país. Algo inquietante debía pasar desde hacía varios meses.Después vino la madrugada del 18 al 19 de julio. Recuerdo a mis padres entrando en nuestra habitación:
-«Papá se va a Madrid.»
-« ¡ Qué bien ! » -grité palmoteando de alegría.
-«Ni te doy un beso ni nada. Dentro de pocos días estare­mos juntos en Madrid.»Mi padre había recibido una llamada del Ministerio de la Guerra, preguntándole si podían contar con su plaza y guar­nición;
-«En estos momentos tan confusos -fue su respuesta- ­tendría que consultar con Jefes, Oficiales y hasta Suboficiales.»
La tropa la tenía a su lado, pues recuerdo una canción en la que se hablaba de destituir a uno, fusilar a otro, desterrar a un tercero y que terminaba «queremos, queremos a Castelló». Las noticias que llegaban de África eran confusas. Se habla­ba de un levantamiento militar, sin que se supiese si era impor­tante o no, si estaba a punto de ser sofocado, o si podría ex­tenderse a la península.Segunda llamada, de madrugada, de Miaja, Ministro de la Guerra:
-«Ponte en camino para hacerte cargo de la Capitanía de Madrid.»Mi padre tenía el mando de la primera División Orgánica, por no haber titular en ese puesto desde que el General Virgilio Cabanellas, en marzo de 1936, había sido nombrado inspector.
-«Luis -le dijo mi madre-. ¿Te vas a marchar solo? Llé­vate a Matallana.»Matallana era uno de sus ayudantes; el otro, Puimariño, había solicitado permiso días antes para ir a Sevilla.
-«Puimariño, ya sabe usted cómo está la situación, yo pue­do darle permiso para la provincia de Badajoz o Madrid, pero Sevilla no entra dentro de mi jurisdicción.»
-«Es que tengo unos asuntos muy importantes de familia que resolver» -explicó.
-«De acuerdo, Puimariño, usted se va, pero conste que si le ocurre cualquier cosa, se ha ido usted sin mi permiso.»
-«Muy bien, mi General.»
Puimariño se marchó a Sevilla para ponerse a las órdenes del General Queipo de Llano. Acompañado de Matallana, mi padre emprendió el viaje al amanecer. Al llegar a Carabanchel le dieron el alto en un cuartel:
-«¿Quién vive?»
-« ¡ General Castelló ! He sido llamado a Madrid por el Mi­nisterio de la Guerra.»El centinela le pidió la documentación.
-«Puede seguir» -le dijo al devolvérsela. Más tarde supo mi padre que estaba sublevado.
-«¿Por qué me dejarían pasar?» -se preguntaba siempre mi padre.Sin más incidentes llegaron a Madrid. Desde las puertas ce­rradas de la Capitanía les dieron nuevamente el alto:
-«¿Quién vive?»-«¡General Castelló! ¿Por qué tenéis las puertas cerradas?
-«¡Porque nos están tirando!»
-«¿Desde dónde?»-«De todas partes.»
-«¿Quiénes?»-«No lo sabemos.»
Siguió el coche su marcha hasta el Ministerio de la Guerra. Fue esta vez detenido por un grupo de milicianos. Al proseguir le preguntó mi padre a su ayudante:
-«Matallana, ¿se ha fijado usted en las fusiles que llevaban esos hombres?»
-«No. ¿Por qué, mi General?»
-«Son los fusiles nuevos del Parque de Artillería. Yo les había mandado quitar los cerrojos siendo Subsecretario. ¿Cómo están en manos del pueblo?»
Finalmente llegó ante la presencia del General Miaja, a quien encontró entre un nutrido grupo de militares y paisanos:
-«Vengo a ponerme a tus órdenes» -manifestó mi padre.
-«Soy yo quien tiene que ponerse a las tuyas, porque mien­tras venías te hemos nombrado Ministro de la Guerra» -reci­bió como respuesta.
-«¿Pero qué es lo que está sucediendo en España?»
-«Un alzamiento militar... Creemos que será algo sin tras­cendencia. Cuestión de pocos días, como lo de Asturias.»
-«Yo no puedo aceptar un cargo así en estas circunstan­cias, sin antes reflexionar» -afirmó mi padre.
-«Mi General, si le hubiésemos nombrado Ministro de Agri­cultura o de Comercio podría usted alegar su incompetencia, pero siendo usted militar y habiendo sido durante tres años Subsecretario de este Ministerio no puede decir que no está capacitado. Su no aceptación en estos momentos sería muy sos­pechosa.»
Y así se vio nombrado Ministro de la Guerra.
-«¿Cuál habría sido tu postura de haberte quedado en Ba­dajoz?» -le pregunté en cierta ocasión.
-«De ninguna manera luchar contra mis compañeros y con­tra los españoles. Cabían dos soluciones: una, marcharme con vosotras a Portugal y de ahí a Francia si me hubiesen avisado a tiempo, y la otra, sabiendo que quienes venían a tomar Bada­joz eran Yagüe y Castejón, ambos amigos, haber consultado con jefes y oficiales y haber rendido la plaza.»
Años más tarde le pregunté a Castejón:
-«¿Por qué no avisaste a mi padre?»
-«Porque tu padre era republicano, temí que nos traicio­nase. Además, yo no podía tomar tal determinación sin permiso, era un simple Comandante.»
-«No, mi padre no era republicano; sirvió con lealtad a la República como había servido a la Monarquía, pero era apo­lítico» -repliqué.
-«Tu padre me escribió a Marruecos ofreciéndome el cargo de ayudante. Le respondí que no contase conmigo, pues estaba muy conforme donde me encontraba y el me manifestó que dejaría vacante el puesto durante diez meses para que reflexio­nara. Le contesté nuevamente que era inútil, que estaba deci­dido a permanecer en Marruecos. No sé qué habría sido mejor para nosotros, pero no cabe lamentarse, los dados del destino estaban echados.»
-«Me vi, pues, obligado a aceptar el cargo. Se fue el Presi­dente al Ministerio de Marina y yo me quedé a solas con Sara­via, quien me informó que el levantamiento en África estaba frustrado. Le conté que camino al Ministerio había encontrado milicianos con fusiles sin estrenar. Me respondió que el Tenien­te Coronel del Parque de Artillería, señor Gil, había ordenado hacer en una fábrica civil 25.000 cerrojos de fusiles Mauser que habían sido colocados a otros tantos fusiles. Decidí hablar con las ocho Divisiones. Me puse en comunicación con la segunda División, pero no contestó. La tercera, Valencia, estaba al man­do de mi buen amigo Martínez Monje:
-« ¡ Hola, Luis! ¿Desde dónde me hablas? -y bajando la voz- ¿Desde Badajoz?»
-«No... desde Madrid. Me acaban de designar Ministro de la Guerra.»
-« ¡Tú, Ministro! »
-«Fernando, ¿estás a favor del Gobierno o en contra?» -pregunté.
-«Pues mira, como creo que esto es cuestión de unos cuan­tos días, he declarado el estado de sitio y estamos acuarte­lados.»
Hablé entonces con la cuarta región, Barcelona. Saravia, que estaba presente, me dijo:

domingo, 28 de noviembre de 2010

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 27


Las Cortes depusieron a Alcalá Zamora, nombraron a Azaña Presidente de la República y a Martínez Barrios Presidente de las Cortes. Casares Quiroga pasó a Presidencia del Gobierno conservando su cargo de Ministro de la Guerra.
El 14 de abril se lanzó una bomba debajo de la tribuna pre­sidencial; hubo tiros y un gran alboroto. Al desfilar la Guardia Civil mataron al teniente Reyes. En su entierro el General Po­zas, Director de la Guardia Civil, ordenó que se condujera el cadáver por la calle Serrano, mas las Comisiones presididas por Gil Robles lo llevaron por la Castellana en dirección al Pa­lacio de las Cortes. Hubo un choque violento entre la Guardia Civil y los Guardias de Asalto y, como consecuencia de ello, hubo muchos muertos y heridos. Enterado el Presidente del Go­bierno de estos incidentes, comenzó en la Gaceta a destituir a los jefes de la Guardia Civil que no eran afectos a la República; lo mismo hizo con los Guardias de Asalto.
En Alcalá de Henares, un Capitán de Caballería que iba en bicicleta vio en la calle cómo unos paisanos golpeaban a un hombre que estaba en el suelo. Al tratar de intervenir, fue agre­dido y para salvarse se refugió en su casa, en las afueras de la ciudad. El populacho lo siguió hasta allí; él se asomó por distintas ventanas para hacer creer que no estaba solo y co­menzó a disparar, para dar tiempo a que llegasen sus compa­ñeros del Regimiento. El alcalde dio cuenta al Ministerio de lo ocurrido y ordenaron al Jefe del Regimiento que se trasladase por carretera a Palencia. Tanto el Coronel como los Jefes y Oficiales se negaron a ponerse en marcha y el Regimiento fue conducido al nuevo destino por sargentos. Se les formó causa por sedición y el Tribunal que los juzgó dictó penas severas. Como yo era autoridad judicial, estudié el asunto con mi audi­tor y rebajamos las sanciones. La mayor pena impuesta fue de doce años; el Ministro me llamó a su despacho para advertirme sobre mi benevolencia y le contesté que como autoridad judi­cial no admitía insinuaciones de nadie.
También hubo un choque entre los alumnos de la Academia de Toledo y los ciudadanos. Se notaba ya la malquerencia entre paisanos y militares.
El 12 de julio se supo en toda España la noticia del asesi­nato de Calvo Sotelo. Sorprendió también la muerte misteriosa del General Balmes. El General Franco se trasladó a Gran Ca­naria para asistir a su entierro. Luego, en lugar de regresar a Tenerife donde estaba con mando, se fue a Casablanca y al día siguiente llegó a Tetuán. El 17 de julio se dio, a través del Mi­nisterio de la Guerra, la orden de acuartelamiento de las tropas en toda España. Las noticias que se recibían de Marruecos eran muy confusas sobre el levantamiento en aquel territorio.»

sábado, 27 de noviembre de 2010

RETAZOS DE LA VIDA DEL GENERAL CASTELLÓ - 26


Se lo dije al señor Azaña y éste me contestó:

-"Pues entonces no me conviene, designe a otro." Nombré al Coronel Capaz y ordené al Jefe de E.M. de Ma­rruecos le mandara que se presentase en Madrid. Llegó el Coro­nel y le informé sobre el tema. Le pregunté:
-"¿Qué necesita usted, mi Coronel?"
-"Nada. Me voy a Canarias, me proporcionaré una lancha motora, un intérprete y dos ayudantes."
Desembarcó en Sidi Ifni, y era tal su prestigio que toda la región se le presentó ofreciéndole su apoyo.
El Ministro se entusiasmó y me dijo:
-"¿Cómo se le puede recompensar?"
-"Ascendiéndolo a General; además, nos podemos ahorrar el expediente de ascenso, pues de estos hechos no están entera­dos más que el señor Azaña, usted y yo, y por ello le traeré el Proyecto de Ley que haya que llevar a las Cortes."
El Proyecto de Ley que llevó el señor Lerroux a las Cortes de la República, tan desobedientes y tan heterogéneas, emocio­nó a éstas y poniéndose de pie la Cámara entera le dio al Co­ronel Capaz el empleo de General por aclamación.
Esta votación han querido sumársela los aduladores del Ge­neral Franco a los méritos por él contraídos en los asuntos de España. Pero en este hecho no ha tenido injerencia alguna. Muertos Azaña y Lerroux, de la veracidad de lo que narro res­pondo yo.
Un día se presentó en mi despacho el prestigioso médico militar Gómez Ulla:
-"Mi General, el doctor Sloker, de fama mundial, ha sido en su juventud teniente de Sanidad Militar. Este Cuerpo desea que se le conceda la gran Cruz Blanca del Mérito Militar."
Se lo propuse al Ministro Lerroux y me contestó:
-"Extienda usted el Decreto."
El día señalado por la Comisión, en el Cuartel del Conde Duque en el que estuvieron alojados durante la Monarquía los Regimientos de Húsares y Princesa y, en la República, la Aca­demia de Medicina, se efectuó el homenaje.

Asistí a aquel acto para acompañar al Ministro. Tomó la palabra y dijo:
-"Señores Generales, Jefes y Oficiales, cuando acompañado del General Subsecretario, invitado para presidir este acto, su­bía las escaleras, mi imaginación ha retrocedido sesenta años, pues hace tiempo mi hermano y yo corríamos por este viejo caserón mal vestidos y calzados. Mi padre era maestro herra­dor. Figuraos mi emoción al dirigiros la palabra como Presi­dente del Consejo y Ministro de la Guerra y poner en el pecho del doctor Sloker esta gran Cruz."
Las últimas palabras del discurso las pronunció con tanto sentimiento que levantó una tempestad de aplausos.
El diario «La Nación» publicó un artículo en el que inquiría qué había hecho el señor Azaña de los millones sobrantes de la supresión de los Cuerpos armados. Le leí el artículo a Le­rroux:
-"Señor Ministro, días antes de cesar el señor Azaña le inculqué la idea de que los diez millones de pesetas sobrantes se ingresasen en el Tribunal de Cuentas."
El Ministro me indicó:
-"Contéstele así al periódico."
Al día siguiente volvió «La Nación» a preguntar qué había hecho el señor Azaña de los fondos reservados del Ministerio. Y otra vez hablé con Lerroux:
-"Como bien sabe, señor Ministro, a usted y a los otros ministros les entregué 13.333 pesetas que es la doceava parte de lo consignado en el presupuesto para esta atención."
-"Hágaselo saber al periódico. Como usted sabe, mi Gene­ral, el señor Azaña está preso en Barcelona y ésta es una cam­paña de insidia. Me place su actitud con un caído y me consuela saber que si el día de mañana me encontrara en una situación similar sin duda usted me defendería."
-"Cuente usted con ello, pues en estos casos administrati­vos llevo yo gran parte de la responsabilidad."
Al producirse la siguiente crisis entró el General Masquelet en el Ministerio de la Guerra con un gabinete de transición. Masquelet duró un mes.
Nueva crisis y nuevo Ministro: Gil Robles. Cuando tomó posesión del cargo le presenté mi dimisión y me dijo que, en discordancia con los ministros anteriores entendía que el cargo de Subsecretario de Guerra era un cargo político y, por lo tanto, había designado en mi lugar al General Fanjul, que era miembro de la CEDA. Manifesté entonces que podía entregar mi cargo en el acto, pero me pidió que continuase en él unos quince días a los efectos de que el General Fanjul se enterase de los asuntos del despacho.
Sobrevino una nueva crisis; se hizo cargo del Gobierno Portela Valladares, y como Ministro de la Guerra asumió el cargo el General Molero, que me dio como destino Badajoz. Este go­bierno convocó a elecciones generales. Se formaron dos gran­des bloques: el Frente Popular y la CEDA, Radicales y Agrarios. Fueron elecciones muy reñidas; triunfó el Frente Popular. Es­tos sucesos ocurrieron estando yo en Badajoz y fueron el pró­logo de la guerra civil.
Respecto de la votación, tanto en Badajoz como en Madrid los simpatizantes de las derechas se abstuvieron de votar; unos lo atribuyeron a que aquel día llovía copiosamente, otros a la apatía de los votantes. Se rumoreó que la FAI le propuso a Gil Robles que si les daba tres millones de pesetas se abstendrían de votar. Según cuentan, el señor Gil Robles les contestó que a él le sobraban votos. Entonces la FAI ordenó a sus secuaces de toda España que votasen a favor del Frente Popular. Se supo luego que fueron los que decidieron la votación.
A l designar el Presidente de la República al señor Portela Valladares para formar Gobierno, el cese de Gil Robles como Ministro de la Guerra estaba implícito. En ese momento Gil Robles, Franco y Mola tuvieron una ocasión única para hacerse con el poder, pero la ceguera de Gil Robles y su creencia en el triunfo les hizo perder esa ocasión. Después del triunfo del Frente Popular, Azaña asume la Presidencia del Gobierno y nombra Ministro de la Guerra a Casares Quiroga. Inmediata­ mente depusieron del mando del Estado Mayor central a los Generales Franco y Mola.

viernes, 26 de noviembre de 2010

EL MÓVIL SE CONVIERTE EN CAMARERO


En el periódico El País de hoy, podemos leer esta noticia:

Tú me lo guisas, yo te lo pido. Cuatro amigos de Guadalcanal (Sevilla) han creado una aplicación para que los clientes de un bar vean en su móvil la carta, con información y fotos de cada plato, hagan la comanda e incluso pidan la cuenta. Todo sin hablar, directo a barra y a cocina.
No Waiter (sin camarero), gratuita para el cliente y el restaurador, también sirve de buscador de restaurantes y permite hacer pedidos a domicilio sin descolgar el teléfono. Entrar, pedir, ver los precios, confirmar (para evitar errores) y pagar, a golpe de tecla.

Sus creadores, los hermanos Pablo y Pedro Núñez y Javier y Antonio Llano, tienen una filosofía definida: con móvil, sin esperas. Como quieren ser un referente mundial, la aplicación está ya en español e inglés, y, si funciona, se traducirá a lenguas asiáticas.

El restaurante mexicano Amanecer, en Sevilla, es el primero en incorporar el sistema. Desde ayer, los clientes usan iPhones para hacer el pedido (en 2011 estará para BlackBerry, iPad y Android y se podrán hacer pedidos a domicilio). En este local los camareros usan PDA y sus dueños creen que No Waiter creará empleos al agilizar la rotación de mesas.

EL ÁRBOL DE LA PIMIENTA DE LA CASA DE LA CULTURA

La semana pasada pasé por la Casa de la Cultura y cuando observé lo bonito que estaba el árbol de la pimienta, sentí la necesidad de sacar estas dos fotografías, que aparecen en este artículo.

Este árbol centenario lo había traído desde Cuba uno de los Castelló que vivió en la isla y como otras cosas, trajo este plantón de la pimienta.


Hoy que he vuelto a pasar por allí, me he quedado sorprendido, ya que el centenario árbol ha desaparecido.

Es de suponer que este Ayuntamiento habrá pedido autorización para su tala, a la Consejería de Medio Ambiente, ya que no creo que un árbol de ciento y pico de años, se pueda talar de la noche a la mañana.

Con esta misma fecha vamos a informar a la citada Consejería de Medio Ambiente, de la tala de este árbol de la pimienta, del que no creemos existieran muchos ejemplares por la zona.