sábado, 7 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 100


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Pozo tercero de la Mineta.
Un torno de madera con sus cigüeñas de hierro.
Una maroma de cáñamo con sus garabatos de hierro.
Una zaca en el torno primero.
Otro torno y otras dos zacas en el pozo de abajo.
Dos picayos grandes de hierro.
Una azada pequeña.
Tres candiles.
Pozo de Adan.
Un torno de madera con sus cigüeñas de hierro.
Una maroma de cañamo con dos pares de garabatos.
Cincuenta piquetes de hierro.
Tres picayos de hierro.
Dos azadas.
Un martillo de hierro.
Cinco candiles.
Buytrones de Juan Gallego.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Diez barras de hierro en un buitron.
Otras diez barras de hierro en otro.
Otra parada de fuelles con sus cañones.
Dos ganchos largos de hierro.
Una espumadera de hierro.
Una horquilla de hierro.
Otra cortadera de hierro.
Buytron en que afina Juan Francisco.
Fuelles con sus cañones.
Ocho barras de hierro.
Un gancho largo de hierro.
Una cortadera de hierro.
Una horquilla de hierro.
En el Buytron de Morales.
Una parada de fuelles con sus cañones.
Nueve barras de hierro.
Dos garabatos largos de hierro.
Una espumadera de hierro.
Una horquilla de hierro.
Otro Buytron.
Una parada de fuelles con sus cañones de hierro.
Un gancho de hierro.
Una horquilla de hierro.
Una espumadera de hierro.
Un escoplo de hierro.
Otras diez barras de hierro viejas en otro buytron.

Hornos de fundiciones.

En el horno de Garay.
Una parada de fuelles con sus cañones.
Dos palas de hierro.
Dos espetones de hierro, uno chico y otro grande.
Un rodillo de hierro.
Una horcada y un garabato de hierro.
Un martillo de hierro.
Otro horno. En el horno de Gaspar Gomez, unos fuelles con sus cañones.
Dos palas de hierro.
Dos espetones, y un rodillo de hierro.
Una horcada, y un garabato de hierro.
Un martillo de hierro.
Una hoz de hierro para limpiar.

viernes, 6 de noviembre de 2009

¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur... 4 de 6


¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur que acogieron a los navegantes europeos en los siglos XVI-XVIII ?

Dra Annie Baert

Tomaremos un último ejemplo, el del peruano Máximo Rodríguez que, en 1774, estuvo un año en Tahití, desde el 15 de noviembre de 1774 hasta el 12 de noviembre de 1775, haciendo de intérprete para dos misioneros franciscanos, y redactó un interesantísimo diario[1], del que, para no cansar al lector, sólo se han extraído algunas de las numerosas citas que refieren diferentes robos :
1 de diciembre : « se separó un marinero para lavar alguna ropa, y entretanto le robaron una camisa (porque son grandes ladrones). »
8 de diciembre : « le robaron al patrón del bote una chupa con el pito de plata. »
23 de diciembre : « se retiraron algunos del paquebot para lavar su ropa y habiéndole robado a un marinero una camisa y unos calzones… »
3 de marzo : « Manuel [uno de los tahitianos que se había ido al Perú con el capitán Bonechea y al regresar a Tahití había abandonado la compañía de los españoles] había robado con su padre algunos cotones de bayeta y tocuyo y dos azuelas de mano »
9 de marzo : « estando cenando me robaron una sábana por la parte de fuera de la quincha »
3 de abril : « el marinero [Francisco Pérez, grumete encargado de ayudar a los padres] llegó con la noticia de haverle enseñado un yndio una sobre pelliz nueva… » y el 4 de abril : « registraron los Padres sus caxas […] infiriendo lo robarian quando se enterro el capitan [se trata del capitán Boenechea, que murió el 26 de enero de 1774 y fue enterrado en Tahití], no haviendo serbido ni aun en esta ocasion »
7 de abril : [en casa de Vehiatua, un cacique tahitiano], descubrí un libro en ydioma inglés, el que se intitula Tablas de Mathematica impreso por Thomas Page en Londres. Preguntele como lo habia adquirido y me respondió que lo havia robado uno de los suios »
9 de abril : « al marinero le robaron un pollo de once días haber nacido… »
16 de junio : « por la tarde se echaron menos cinco pollos chicos »
13 de julio : « encontré quando bolbí a mi hospedage se havian robado la batea de piedra
[2] […] y enterrado en la arena para despues llebarsela »
2 de septiembre : « nos restituyeron tres gallinas robadas »
5 de septiembre : « abrieron un boquerón a mi dormitorio y me robaron un pedazo de bayeta y la llave de mi arca »
1 de octubre : « estando rezando, se robaron cuanta ropa tenía en la caja »

Entre los objetos que son robados, algunos presentan un interés evidente : las prendas de algodón, material entonces desconocido en Tahití, que le hacía gran ventaja al tradicional tapa con que se vestían (las camisas, los calzones, la sábana o la sobrepelliz nueva), o los animales comestibles (pollos y gallinas), mientras que el atractivo principal de la « chupa » o chaqueta sería el « pito de plata » que estaba colgado de ella, cuyo uso por el patrón del bote habían podido observar. También se puede explicar el robo de las dos « azuelas de mano », interesantísimas herramientas.
Pero en el caso del « libro en ydioma inglés », que ni su ladrón ni su destinatario final (el cacique Vehiatua) podían leer, y cuyo contenido ni siquiera podían concebir (tablas de matemática, sin duda para los cálculos astronómicos y la observación del planeta Venus) hay que imaginar que les pareció deseable por su carácter misterioso o mágico, por la manera como lo manejaba o consultaba su propietario, y por el prestigio que había de otorgar a quien lo poseyera.
En cuanto a la batea de piedra, parece que venía de un marae, o lugar de culto, donde estaba dedicada a algún rito sagrado : podemos suponer que los « ladrones » temieron que Máximo cometiera algún sacrilegio con ella o, peor aún, la sacara del país — lo que hizo efectivamente, aunque a escondidas.

Para terminar esta revista (parcial) de robos, son de notar dos curiosas y paradójicas observaciones : la de Bougainville, para quien
« no parece que el robar sea común entre ellos. Las casas no están cerradas, y no tienen cerrojos ni guardias. Sin duda la curiosidad por objetos novedosos excitaba en ellos violentos deseos — además en todas partes hay pícaros ».

y la de Máximo Rodríguez, que cuenta que
« (el 10 de octubre) Me presentaron al ladrón […]. Luego que acabó su confesión, quisieron matarlo para arrojarlo al mar (castigo que dan a los ladrones) : supliqué con bastante esfuerzo en su favor y solo conseguí que commutasen este castigo en el de destierro. »
[3]

Bougainville, que sólo estuvo nueve días en Tahití y sólo vio lo que quiso ver, la sociedad ideal de antes del pecado, del amor libre y de la naturaleza — la Nueva Citérea — escribió prudentemente que « no le pareció » que el robo se practicara entre conciudadanos : no podía efectivamente afirmar nada al respecto después de tan poco tiempo. Supuso razonablemente que el carácter nunca visto de sus objetos podía despertar « deseos violentos », imposibles de reprimir en unos individuos a los que consideró como verdaderos niños, más o menos irresponsables. Pero tampoco descartó totalmente la picaresca, que se da « en todas partes ». En fin, no tomó realmente partido ante este misterio de los innumerables robos que tuvo que sufrir.
En cuanto a Máximo Rodríguez, a quien le habían robado « cuanta ropa tenía en la caja » y se había quejado de ello al cacique, refiere en un tono neutral el castigo usual en tales casos : se diría que aprueba la decisión, aunque parece apenado por la severidad de sus huéspedes, y no quiere ser responsable de la muerte de su ladrón.

¿Qué pensar de estos « robos », que provocaron sorpresa, incomprensión, indignación e irritación en los occidentales ? Sería simplista — e injusto — concluir que los isleños del Mar del Sur eran ladrones por gusto, o por naturaleza. La explicación de esta actitud constante tiene sin duda que hallarse en el estudio de las civilizaciones preeuropeas que, evidentemente, los navegantes no entendieron, del mismo modo que los polinesios no podían intuir los pensamientos de aquellos extraños recién llegados. Lo que salta a los ojos es que estamos frente a un malentendido mutuo, que pueden aclararnos los antropólogos.

2 - A la luz de los antropólogos

Diremos de entrada que, según Serge Tcherkézoff
[4], el acto de « robar » era la actitud normal que seguían los polinesios en diversos rituales, cuando hacían venir a los dioses-antepasados para conseguir sus beneficios, o para fertilizar de nuevo la tierra : los participantes tenían entonces que abalanzarse sobre los víveres, procurando cada uno arrancar un pedazo por la fuerza.
¿Dioses-antepasados ? La pregunta que se plantea es pues la de saber cómo vieron los polinesios a los recién llegados.
La aparición de seres tan diferentes suscitó interpretaciones y respuestas sacadas del mundo no humano porque lo cierto es que los polinesios no los tomaron por hombres como ellos, ni tampoco como monstruos a los que habría que rechazar o destruir. Pero no eran tan ciegos que no viesen las diferencias entre un europeo y la imagen que solían hacerse de los seres sobrehumanos. Por eso « los colocaron en los confines del mundo » : no eran ni dioses ni antepasados en el sentido propio, sino espíritus de una forma nueva, que debían de ser enviados por los dioses, representantes del gran creador Tangaroa.
Nació así un deseo de integración y de captar una parte de los poderes de aquellos seres, poderes que se manifestaban en particular por las armas de fuego, las herramientas y los vestidos.
Porque aquellos recién llegados venían del este, « estaban situados del lado del sol » ­: los tahitianos preguntaron a los europeos que observaban el cielo con sus instrumentos si venían del cielo o si sólo visitaban este astro durante sus viajes. En 1777, los polinesios de Atiu preguntaron al capitán Cook :
« ¿sois enviados del gran Tetumu, padre de los dioses y los hombres, el gran creador de todas las cosas ? ¿ sois sus gloriosos hijos, mitad dioses, mitad hombres ? »

como lo hicieron los nativos de Gaua (Vanuatu) con el capitán Quirós en 1606 :
Vino un hombre […] y según los ademanes que hizo y el modo de hablar debía de preguntar : « ¿Dónde venís ? ¿Quién sois ? ¿Qué buscáis ? o ¿Qué queréis ? » Y como si fuera así, dijo un nuestro : « Venimos de Oriente, somos cristianos, a vos buscamos y queremos que lo seáis ».
[5]
------------------------
[1] Máximo Rodríguez : Españoles en Tahití, ed. de Francisco Mellén, Madrid, 1992, Historia 16, Crónicas de América n° 69. El subrayado es mío.
[2] Se trata de una excepcional fuente de piedra negra, de unos 150 kgs de peso, que le entregaron la víspera unos caciques a Máximo como regalo para el Rey Carlos III, y está actualmente en el Museo Nacional de Antropología de Madrid (F. Mellén : « El “umete” de piedra del marae Taputapuatea, de Punaauia (Tahití) », in Revista Española del Pacífico, n°11, año X, 2000, pp. 181-188.
[3] Bougainville, in Le Voyage en Polynésie, op. cit., p. 40 ; M. Rodríguez, Españoles en Tahití, op. cit., p. 207.
[4] Serge Tcherkézoff : « Quand les Polynésiens ont découvert les explorateurs européens au XVIIIème siècle... », in Ethnologies comparées, Montpellier, 2002.
— Tahiti, 1768. Jeunes filles en pleurs. La face cachée des premiers contacts et la naissance du mythe occidental. Papeete, 2004, Ed. Au vent des Iles.
[5] Historia del descubrimiento…, op. cit., I, p. 297.

jueves, 5 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 99


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

En el pozo de la Traviesa.
q Un torno con su maroma de cáñamo, y dos garabatos de hierro.
q Dos picayos y un pico-marro, una azada y una zaca y un candil.
Pozo por cima del ingenio.
q Un torno con sus cigüeñas de hierro, y una maroma con sus dos garabatos.
q Dos picayos y una azada vieja, una zaca y un candil.
Pozo del ingenio.
q Un torno con sus cigüeñas de hierro, y una maroma de cáñamo y garabatos.
qUn pico-marro y un picayo, una zaca y un candil.
Pozo encima del Rico.
qUn torno con sus cigüeñas, y una maroma y garabatos de hierro.
qUna zaca y un candil, dos picayos y un pico-marro y una azada.
Pozo Rico.
q Un torno con sus cigüeñas de hierro.
q Una maroma con dos garabatos de hierro.
q Dos zacas.
q Diez y seis picayos grandes.
q Una azada, é dos candiles.
q Una hacha de hierro para aderezar picayos.
q Una cuña grande.
Poyo de la puerta.
q Un torno con sus cigüeñas de hierro.
q Una maroma con dos garabatos de hierro.
q Dos azadas y una zaca, y dos piquetes de hierro,
q un candil.
Pozo de Lozano.
q Un torno de palo con aspas de palo.
q Una media maroma con dos garabatos de hierro.
q Una zaca y dos picayos de hierro.
Pozo de la Cruz, que es de la Gran Compaña.
q Un torno de madera con sus aspas de palo.
q Una maroma de cáñamo con unos garabatos de hierro vieja.
q Dos picayos de hierro, y una azada de hierro.
q Una zaca de cuero para agua.
Pozo segundo de la Gran Compaña.
q Un torno de palo con sus aspas de palo.
q Una maroma de cáñamo con dos pedazos, vieja.
q Una zaca, dos picos, el un picayo y otro pico-marro.
q Una azada de hierro con que cavan.
Pozo tercero de la Compaña.
q Un torno de palo con aspas de palo.
q Una media maroma de cáñamo con garabatos de hierro.
q Un picayo y un pico-marro y una azada.
Pozo postrero de Gonzalo Delgado é Compañía.
q Un torno de madera con unas cigüeñas de hierro.
q Una maroma de cáñamo con sus garabatos de hierro.
q Una zaca de cuero para agua.
q Una azada, un pico-marro, y otro picayo de hierro.
q Una porra de hierro para quebrar piedra.
Otro pozo.
q Un torno con sus cigüeñas de hierro.
q Una maroma de cáñamo vieja.
q Unos garabatos de hierro.
q Una zaca de cuero para agua.
q Tres picayos de hierro.
q Una azada de hierro.
En el pozo de la Mineta.
q Un torno con sus cigüeñas de hierro.
q Una maroma de cáñamo con sus garabatos de hierro.
q Dos picayos de hierro y una zaca.
q Una azada de hierro.
Pozo segundo de la Mineta.
q Un torno de madera con sus cigüeñas de hierro.
q Una maroma de cáñamo con sus garabatos.
q Una zaca de cuero, y tres picayos de hierro.
q Una azada pequeña de hierro.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur... 3 de 6



¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur que acogieron a los navegantes europeos en los siglos XVI-XVIII ?

Dra Annie Baert

Mientras en su carta del 11 de julio de 1607, escrita en Manila, el capitán Luis Váez de Torres añade el siguiente detalle :
« diferentes Embarcaciones llegaron serca de las Naos hablando nos, y tomando lo que les dabamos pidiendo mas, y hurtando lo que estaba colgado de las Naos, tirandonos botes de lanzas… »
[1]

El capitán Torres es pues el único en referir robos por parte de los nativos de Rakahanga, mientras los demás cronistas se centran en la tentativa de adueñarse de los remos de la barca o, más grave, de la lancha, en lo que corría manifiesto peligro la vida de los tripulantes.

Es de notar también que hubo una isla donde no se produjo ningún latrocinio, cosa tan nueva para los navegantes que fue referida en sus relatos. Cuentan el capitán Quirós y el piloto González de Leza que, en abril de 1606, en Taumako (Islas Salomón) :
no hubo « jamás falta de cosas nuestras, con quedar en su arroyo cuando se lavó la ropa una y dos noches, las ollas y las calderas de cobre »
« ya tenían noticia de los españoles por lo que auia suçedido en Santa Cruz con el adelantado Aluaro de Mendaña. […] allando siempre en ellos mucha verdad, porque pudiéndonos vrtar alguna erramienta o ropa, que se nos olvidaua, no lo hazian, antes nos la boluian… »
[2]

Esta « verdad » que se observó en los nativos de Taumako debió de ser el fruto de la experiencia : habían sabido por sus vecinos de Santa Cruz que aquellos extraños seres tenían armas peligrosas y no querían que se les tomara nada, y obraron en consecuencia.

En las islas Tuamotu (Polinesia francesa) :
Evidentemente, no sólo los españoles fueron víctimas de robos : en 1616, el holandés Jacob Le Maire navegó por este archipiélago y, en Takaroa, los nativos
« cogieron los clavos y todos los objetos de hierro que encontraban en la cubierta …[…] trataron de sacar la barca fuera del agua y hasta se adueñaron de dos de nuestros hombres, pareciendo querer llevarlos…»
[3]

Aunque en los ejemplos precedentes, parecía que los nativos tomaban lo que tenían al alcance de la mano, cualquiera que fuera su utilidad, éste es el primer indicio de un robo preciso, el de objetos de hierro, cuyas virtudes habían descubierto, quizás, gracias al paso de los navíos del capitán Quirós, diez años antes.

en Tahití (Polinesia francesa) :
En 1767, le tocó la misma experiencia al inglés Samuel Wallis, en varias ocasiones. La primera fue el 19 de junio, al llegar :
« procuraron hurtarnos algunos de los objetos que estaban al alcance de su mano […] uno de ellos vino detrás [de uno de nuestros oficiales], le quitó el sombrero, se echó a la mar y se lo llevó nadando. »
el 21 : « los indios habían cometido tantos robos que no quise que se admitiera alguno a bordo. […] Envié las barcas a tierra a buscar agua : sólo trajeron dos barriles que llenaron los indios porque, para pagarse de su labor, habían decidido conservar todos los demás. »
el 26 : « nos hurtaron algunos baldes de cuero y un embudo »
el 27 : « los indios siempre trataban de hurtarnos alguna cosa […] uno de ellos logró cruzar un riachuelo y robar una hachuela »
[4]

Aquí se mezclan robos de artículos que podían representar una mejoría en la vida cotidiana (baldes, barriles o hachuelas) y objetos sencillamente atractivos por su aspecto estético o novedoso.

El año siguiente, Bougainville contó lo mismo. El 6 de abril de 1768,
« el alférez Suzannet notó que le habían robado una pistola, que llevaba en el bolsillo. […] Lo único que nos molestó fue que siempre teníamos que vigilar lo que llevábamos a tierra, y hasta lo que teníamos en el bolsillo, pues no hay en toda Europa ladrones más hábiles que la gente de este país. »
[5]

Si una pistola presenta un indudable interés para un ladrón de hoy día, los tahitianos de aquella época conocían sus efectos — los había usado Wallis el año precedente — pero es poco probable que el hombre que se la quitó a dicho alférez supiera usarla, ni imaginara el peligro que podía significar para él mismo.

El capitán Cook en 1769 cuenta que desde el primer día, 14 de abril :
« los invitamos a subir a bordo, porque era difícil mantenerlos alejados del navío, y más todavía impedir que robaran todo lo que estaba a su alcance, en lo que mostraban una prodigiosa destreza […]. Manifestaron una gran inclinación por robar lo que llevábamos en los bolsillos y a pesar de nuestras precauciones, nos los vaciaron : al Dr Solander le quitaron el catalejo y al Dr Munkhouse la tabaquera. »
el 15 de abril : « uno de ellos, más audaz que los demás, derribó a uno de nuestros guardias, le arrancó el mosquete de las manos y se fue huyendo… »
el 2 de mayo : « cuando el señor Green y yo quisimos preparar el cuadrante, había desaparecido, aunque nadie lo había sacado de su caja y a pesar de su peso considerable […] nos preguntamos cómo habían podido llevárselo, porque un guardia había estado toda la noche a menos de cinco metros de la tienda donde se había instalado, junto con otros instrumentos, de los que ninguno faltaba, salvo éste… »
[6]

El robo del mosquete es similar al de la pistola del ejemplo precedente. En cuanto a la tabaquera, podemos suponer que lo que atrajo al ladrón no fue su contenido, ya que el uso del tabaco era totalmente desconocido en el Tahití de entonces. Pero hay que reconocer que su utilidad de « contenedor » podía presentar algún interés. Todo lo contrario de los instrumentos científicos de náutica : si alguien había podido observar al Dr. Solander sirviéndose de su catalejo y sentir el deseo de imitarlo, ningún tahitiano podía sospechar la utilización del cuadrante, porque nadie lo había visto aún fuera de su caja. Cook añade que además era muy pesado, lo que significa que el ladrón tuvo que hacer un esfuerzo particular, no sólo para burlar la vigilancia del guardia, sino también para llevarse aquel objeto tan custodiado como si fuera un auténtico « tesoro ».


[1] Historia del descubrimiento …, op. cit., I, pp. 264-266 ; Diario de Leza, ibid., II, p. 106-108 ; Relación sumaria de Don Diego de Prado y Tovar, y carta de Luis Váez de Torres, in : New Light on the Discovery of Australia, London, 1930, Hakluyt Soc., pp. 104 y 218 ; Relaciones de Fray Munilla y Fray Torquemada, in Austrialia Franciscana, op. cit., I, pp. 44 y 123. El subrayado es mío.
[2] Historia del descubrimiento…, op. cit., I, p. 286 y II, pp. 121-129. El subrayado es mío.
[3] Jean-Jo Scemla : Le Voyage en Polynésie, Paris, 1994, Robert Laffont, pp. xxxiv-xxxv. El subrayado es mío.
[4] Relación de un viaje alrededor del mundo, in Le Voyage en Polynésie, op. cit., pp. 4-17. El subrayado es mío.
[5] Voyage autour du monde, in Le Voyage en Polynésie, op. cit., pp. 38-40. El subrayado es mío.
[6] Diarios del capitán Cook, in Le Voyage en Polynésie, op. cit., pp. 65-74. El subrayado es mío.


martes, 3 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 98


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Se imprime á continuacion el inventario de varios efectos que habia en fines de octubre de este año de 1556 para la labor y beneficio de las minas, por lo que conduce á dar una idea de los instrumentos que se usaban para ello.

‘****

Relacion de lo que se entregó á Francisco de Chaves en las minas de Guadalcanal.

Secretaría de Hacienda. Minas. n.º 28.

21 de octubre de 1556.

En el asiento de las minas del Molinillo veinte é un dias del mes de octubre de mil é quinientos é cincuenta é seis años el señor Agustín de Zárate, contador de S. M. y su administrador de las dichas minas, dijo: que porque el señor don Francisco de Mendoza nombró por mayordomo é tenedor de todas las cosas menudas que se trajesen y fuesen necesarias para la labor de las dichas minas, y las tuviese en una pieza que para el dicho efeto se hizo á Francisco de Chaves, haciéndole cargo dellas, para que de allí las diese para la labor de las dichas minas; y porque la dicha pieza no estaba fecha, y el dicho señor contador ha estado malo, no se le ha fecho cargo general de todo lo que ha rescibido é hay en la labor de las dichas minas, y para que haya entero recabdo en todo, dijo: que mandaba é mandó que, presente el dicho Francisco de Chaves, se haga inventario de todo lo que hay en las dichas minas y en la dicha pieza, y de todo ello se haga cargo al dicho Francisco de Chaves, para que él como mayordomo y tenedor las tenga, y dé cuenta dellas conforme lo que sobre ello está proveido, y el dicho señor contador lo firmó.- Agustin de Zárate.

Primeramente se inventarió é hizo cargo al dicho Francisco de Chaves de lo que está dentro en la dicha pieza, que es lo siguiente:

Tres pares de fuelles con sus cañones de hierro.
Cinco pares de mangas de fuelles.
Tres pares de rodetes de fuelles con sus manijas.
Once picos-marros nuevos de hierro sin encabar.
Otros diez picayos grandes de hierro nuevos.
Ocho almadanas de hierro pequeñas y grandes.
Tres tercios y medio de carga de acero en cuatro seras.
Tres hachas de hierro pára hacer rajas, nuevas.
Una espuerta pequeña de tachuelas.
Media sera de clavos costaneros.
Dos argollas de hierro de un torno.
Una piqueta de hierro como cuña.
Una pala de hierro.
Doce lievas de hierro para fuelles.
Cuatro armellas de hierro de tornillo para puertas.
Una cuña grande de hierro.
Otra armella de hierro de tornillo.
Una herrada de palo para agua.
Una espuerta con unos pocos de clavos.
Dos tercios de clavos de alfarxia en dos seras.
Otro tercio de clavos costaneros.
Cuatro cercos de hierro para fuelles.
Otros dos cercos de hierro.
Diez azadas de hierro nuevas.
Una almadana grande de hierro con su cabo para quebrar piedra.
Sesenta é siete barras de hierro grandes y chicas, que se han puesto en fuslinas y buitrones, y estan requemadas.
Otras sesenta y siete barras de hierro nuevas, grandes y chicas.
Una piqueta y dos martillos de hierro.
Una maroma de esparto nueva.
Siete maromas de cáñamo viejas que se han quitado de los pozos.
Ocho madejas de cordel de cáñamo para fuelles.
Doce madejas de guita.
Dos azadas de hierro traidas con sus cabos.
Un picayo de hierro encabado.
Tres sogas de esparto nuevas.
Siete cueros de cernadas para zacas
Un bastidorcillo de palo con una rexezuela de hierro en cruz.
Otra barra de hierro.
Una lanterna de hoja de Milan.
Dos cueros de traer aceite, viejos.
Dos tinajuelas en que está el aceite para el gasto.
Otra pala de hierro.
Otras seis palas de hierro de las viejas.
Otra piqueta.

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur... 2 de 6

¿Eran « grandes ladrones » los isleños del Mar del Sur que acogieron a los navegantes europeos en los siglos XVI-XVIII ?

Dra. Annie Baert

Pero lo que no deja de extrañar es que lo robaran de entrada, además de otras cosas, si, como también dice Pigafetta :
« Por lo maravillados y sorprendidos que quedaron al vernos, estos ladrones creían, sin duda, ser los únicos habitantes del mundo »
[1].

Aunque parece que al cronista no le costó yuxtaponer su « perfidia » o su « hostilidad » y su sorpresa, éstas son dos nociones difíciles de compaginar para una mente del siglo XXI, para la que lo lógico sería que el asombro provocase una suerte de parálisis, y que la hostilidad viniese de amargas experiencias pasadas, en este caso inexistentes.
En las palabras del italiano, notamos la principal característica de aquel primer encuentro : unos, los europeos, sabían de la existencia de otros humanos en el planeta, a quienes iban buscando, mientras que los isleños sólo conocían a sus vecinos del Pacífico, y no imaginaban que hubiera otros océanos fuera del suyo, por inmenso que fuera, y otros pueblos diferentes de ellos.
Como el lector, que está tan sorprendido como lo estuvieron los guameños del siglo XVI, se pregunta si se repitió esta escena en los siguientes encuentros, tenemos que examinar otros relatos de otras jornadas, en Guam, pero también en las islas Salomón, Marquesas, Cook, Tuamotu o en Tahití.

En Guam :
Miguel López de Legazpi, en 1564, hizo también una escala en Guam, donde sufrió varios engaños, y los chamorros robaron el arcabuz de un soldado :
« espuertas de arroz que bajo una leve capa de cereal ocultan la carga de arena ; supuestos recipientes de aceite de coco que encubren un contenido de agua »
[2].

Tenemos otra relación de una escala en Guam, la del piloto mayor Pedro Fernández de Quirós, el primero de enero de 1596, cuando conducía hacia Manila la nao San Jerónimo, capitana de su antiguo adelantado Álvaro de Mendaña, recién fallecido en Santa Cruz (islas Salomón) :
« de la isla de Guam salieron muchas piraguas con sus velas y muchos de aquellos indios ladrones […]. Venian diciendo […] ‘herrepeque’ que quiere decir daca hierro, que esto es lo que venían a buscar por ser muy amigos de ello. […] Trajeron muchos cocos, plátanos, […] y todo lo dieron a trueque de hierros viejos. Fuéronse los indios, dos menos, que mató una arcabuz, por un pedazo de arco de pipa »
[3]

El lector nota aquí que los navegantes ya conocían la fama de los guameños, y venían prevenidos, por lo que fácilmente adivina que la razón del tiro de arcabuz fue un intento de robo, aunque no lo explicita el cronista.

En las islas Salomón :
Pero tenemos muchos ejemplos de lo mismo en otras islas del Mar del Sur, como lo acaecido en las Islas Salomón, en 1568. El 8 de febrero, al llegar los navíos de Mendaña frente a la isla que había de llamarse Santa Isabel, y antes siquiera de tomar puerto, el escribano mayor de la armada, Gómez Hernández Catoira, cuenta que
« subieron al navío como dos dozenas dellos. El señor general […] yzoles dar vna camisa y chaquira y bonetes y caxcabeles y otras cosas y ellos lo rrescibian bien, y andaban por la nao solicitos buscando que poder hurtar, y qualquier cosa que allaban la hechaban a la mar a las canoas y vno quiso tomar vna canpana y hecharla si no se lo quitaran ».

El general de la jornada, Álvaro de Mendaña y Neira, relata una escena idéntica, pero en primera persona :
« hizele dar vna camisa y a otros chaquira y bonetes y cascabeles y otros regalos. Andavan por el navio muy solícitos, buscando que poder hurtar ; y si hallaban alguna cosa a mano y puesta a mal rrecaudo, la arrojavan de presto a la mar para que los demas la tomasen de los canaluchos […] ; yo le avia dado [a un principal] vn cubilete de plata con vino, que aunque no quiso el vino, se llevo el cubilete »
[4].

En las islas Marquesas (Polinesia francesa) :
Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor del entonces adelantado Mendaña, relata así la primera visita a bordo, frente a la isla Magdalena (Fatuiva) :
« comenzaron a andar por la nao con gran desenvoltura, echando mano a cuanto podían aver […] ; empezaron a mostrarse importunos, y enfadado el adelantado de sus demasías, les decia por señas que se fuesen ; pero ellos no querian mas antes con más libertad echaban mano a cuanto veian : unos cortaban con cuchillos de cañas brevemente pedazos de nuestro tocino y carne, y queriendo llevar otras cosas, el adelantado mandó disparar un verso… »

Luego, surtos ya los cuatro navíos en la bahía Madre de Dios de Santa Cristina (Tahuata), tenemos otra anécdota :
« habían entrado en la nao capitana cuatro muy gallardos indios y como al descuido cogió el uno una perrica que era el regalo del maese de campo y dando una voz se echaron todos al agua con un brío muy de ver y nadando la llevaron a sus canoas. »

El día siguiente, en la misma isla,
« envió a los indios el maese de campo con botijas a buscar agua, pero ellos hacian señas que las cargasen los nuestros, huyendo con cuatro de ellas… »
[5]

Es de notar que, en estas líneas, el capitán Quirós no utiliza los verbos « robar » o « hurtar », sino expresiones como « echar mano » o « llevar », cuyo sentido es obviamente el mismo. En el caso de la « perrica » del maese de campo, se supone que no sentiría pena por ese hombre, al que odiaba tanto que siempre se negó a escribir siquiera su nombre entero. Pero no pudo manifestar la misma indulgencia cuando se trató de « nuestro tocino » o de las « botijas », pues lo que estaba en juego era sencillamente la supervivencia de los navegantes.

En las islas Cook :
En la isla de Rakahanga, el primero de marzo de 1606, nos dice el relato del capitán Quirós, jefe de la jornada, que los nativos trataron de adueñarse de uno de los navíos y de los remos de la barca :
« a la zabra se llegaron muchos indios y atada al bauprés una cuerda, pretendieron llevarla a tierra. Otros muchos, zabullidos en el agua, ataban sogas al cable, y tiraban por el ancla […]. Vinieron muchos a nado y se asieron fuertemente a los remos de una barca procurando con toda fuerza quitarlos a quien los bogaba… »

Lo que confirman varias relaciones, como la de don Diego de Prado y Tovar :
« la lancha […] se llegó más a tierra, surgió […]. Los indios […] pareçiendoles bien aquella embarcaçion se çabulleron y sacaron el fierro y por la maroma tiravan la lancha a tierra… »

la del piloto Gaspar González de Leza :
« fueron a tierra y truxeron una grande soga y zambulléndose uno dellos dio buelta al cable de nuestro patache y daban grita a los de tierra que tirasen […] y esto hizieron por muchas veçes […] viendo nuestro General que el viento venia de la mar y estáuamos con peligro, mandó se hiziese a la vela […] antes que esto se hiziese ya los indios andauan con nuestros orinques, llevándolos para tierra, a nado, con mucha eficacia… »

la de Fray Martín de Munilla, vicario de los franciscanos de la jornada :
« los yndios auian ya ydo a tierra por una beta (cuerda) que luego la trajeron y entendiendo auian de llevar con ella la lancha a tierra la ataron por la proa y comenzaron a alar por ella muy rrezio y uisto que no podian se zabulleron algunos debajo del agua y amarraron la dicha beta al cable »

la de Fray Torquemada, un franciscano que seguramente recogió los recuerdos de varios tripulantes y los incluyó en su Monarchia Indiana (Sevilla, 1615) :
« pareciendoles cosa facil procurauan echarla [la zabra] a fondo, aunque viendo que era imposible, traxeron de tierra vn cabo largo y atandolo a la proa de la zabra intentauan lleuarsela a tierra : viendo que los [españoles] procurauan cortarlo, se apartauan vn tanto y amarrauan el mismo cabo al cable del andana [de la ancla]…»

[1] Ibid., pp. 80 y 227. El subrayado es mío.
[2] A. Landín Carrasco & L. Sánchez Masiá : « El viaje de Legazpi a Filipinas », in Descubrimientos españoles en el Mar del Sur, op. cit., II, pp. 457-458. El subrayado es mío.
[3] Pedro Fernández de Quirós : Historia del descubrimiento de las Regiones Austriales, Madrid, 2000, ed. Dove, I, pp. 156-157.
[4] Relación de Catoira, in Austrialia Franciscana, ed. de Celsus Kelly, Franciscan Historical Studies / Archivo Ibero-americano, 1965, II, p. 40 ; Relación de Mendaña, ibid., III, pp. 195-196. El subrayado es mío.
[5] Historia del descubrimiento …, op. cit., I, pp. 37-38 y 42. El subrayado es mío.

domingo, 1 de noviembre de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 97


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Ensayador.Rodrigo Lucas, ensayador; ha de ganar seis reales cada dia. . . 204.

Guarda de fuslinas. Francisco de Arriaza; cinco reales cada dia. .170.

De buitrones. . Diego Diaz Rico, cinco reales cada dia… 170.
ídem. Diego Vargas, cinco reales cada dia...170.

De hornos de fundicion. Juan de Ayala, cinco reales cada dia. 170.
Idem. Alonso Martin, cuatro reales cada dia...136.
Idem. Pero de Arriola, cuatro reales cada dia… 136.

Escribano de fundiciones. El escribano que ha de estar en lugar de Martitr Perez, difunto, en las fundiciones, seis reales cada dia… 204.

Que tiene cargo del carbon, leña, teja, ladrillo y cal.- Pero Alonso, cuatro reales cada dia… 136.

Que tiene cargo de coger maestros y peones, y cuenta con lo de Mérida y Cazalla. Gerónimo Lobo, escribano, siete reales cada dia… 238.

A este respeto se les ha de pagar los dias que sirvieren; y Martin García, clérigo, no ha de tener de ahi adelante mas de tres reales de salario cada dia. Fecha en Constantina á seis de octubre de mil é quinientos é cincuenta y seis años.- Don Francisco de Mendoza.- Está corregido con el original. Francisco Pantoja.
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Las cosas que se han de añadir en la instruccíon que se dió para el labrar la plata de las minas en Sevilla, que agora está á cargo de Diego Lopez y Hernando de Almansa, Veinticuatro de Sevilla.

Hecha la plata moneda, se ponga en la caja, y no se pileda librar en el tesorero de la casa de la moneda por el depositario.
Que el dicho Hernando de Almansa, como veedor, tenga especial cuidado de que esto se cumpla, y de que siempre se traiga el dinero á la caja para el cumplir las libranzas.
Que el dicho depositario, cuando sacare algun dinero para enviar al administrador de las minas de Guadalcanal ó á otra parte, se asiente en el libro que está en la caja la cantidad de dineros que se sacare; y para que tenga efecto, y dentro de ocho dias traiga la carta de pago del dicho dinero; y se asiente en la margen de la partida de dinero que asi se sacó, cómo se trajo la dicha carta de pago, y qué dia; y lo señalen ambos de su mano; y lo mismo se haga y cumpla en los dineros que el dicho Diego Lopez sacare de la dicha ca para comprar algunas cosas para la fábrica de las dichas minas.
Item : que se compre una caja de hierro, donde esté el dicho dinero á recabdo.
Item : que se vea el lugar donde se ha de poner la plata cuando se le lleva de las minas; y la arca donde se ha de poner el dinero, para que sea cual conviene.
Que se nombre persona que haga lo que hacía Alonso Alvarez.
Que hagan juramento tan solamente una vez de que no tienen ni ternán parte en la escobilla ellos ni otros por ellos, y se quite lo del jurarla cada vez que se beneficia ó vende la dicha escobilla.
Que se mezcle la plata de Martin Delgado y Gonzalo Delgado para el beneficio de hacer la moneda.
Que el librar sea en el depositario de Sevilla, y no en el administrador de Guadalcanal, y que hable la libranza con todos los oficiales.
Hase de sacar el memorial que dio Pero Luis de lo que hacía antes que se le diese la instrucción.

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