sábado, 31 de julio de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 9


Tendría que conocer a mi padre —habló Jerónimo Ortega— me ha referido centenares de veces esa batalla.

Cervantes retomó la palabra.

—Tu padre es Pedro Ortega Valencia, ¿verdad? —preguntó sin dejar pausa para la respuesta— puedes estar orgulloso de él, ya que he oído contar sus hazañas y creo que no han sido valoradas como debieran (19), espero que sepan rectificar y le agradezcan todo lo que ha hecho por la Corona.

Jerónimo Ortega se levantó y emocionado y agradecido por sus palabras de afecto abrazó a Cervantes. Después volvió a ocupar su silla y comentó:

—Pues al final sí le han concedido a perpetuidad la hidalguía, que antes sólo iba a ser para él y para mí, así que ahora mi hijo, que se llama como su abuelo, podrá mantener el título (20) y le han dado el rango militar de Mariscal. Por otro lado, con fecha 17 de julio de 1572 recibimos carta de la Corona, donde se especifica que todas las preeminencias que corresponden a mi padre, me serán reconocidas. El 17 de febrero de 1573, mi padre firmó la escritura de renuncia a mi favor.

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(19) Nace en 1520 en Guadalcanal En 1548 ya está en Panamá. El 30 Mayo de 1563, desde Aranjuez, se le nombra Alguacil Mayor de Panamá. Con Álvaro de Mendalla como general de la Armada, Pedro Ortega Valencia como Maese de campo y capitán de la nao Almiranta, asistido por el alférez Andrés de Morales. Para mandar la nao capitana a Pedro Sarmiento de Gamboa, cosmógrafo. El 11 de mayo de 1568. Encuentra la isla de Gaumbata, de 400 leguas de circuito, había más de un millón de habitantes y más de 300 hombres de guerra. La llama Guadalcanal. El 5 de Octubre de 1593, se presenta ante el Escribano Receptor de la Audiencia de Quito, Pedro de Molina, para hacer información mediante testigos de los servicios prestados a S.M., a fin de solicitar una pensión para él y para su hijo. En 1598, había muerto Pedro Ortega Valencia. (Nota del editor)
(20) El Consejo de Indias dio permiso al hijo de Jerónimo el año 1598, para poder desplazarse a España, hasta cumplir los catorce años y poder suceder a su abuelo en el virreinato de Perú. (Nota del Editor)

viernes, 30 de julio de 2010

GUADALCANAL PUEBLO VIVO - 5

Llegamos a la 5ª entrega de GUADALCANAL, PUEBLO VIVO, que con la colaboración de GUADALKANAL MEDIA, les estamos ofreciendo.

Podemos ver la iglesia de San Sebastián y acompañaremos al Cristo de las Aguas por las calles de Guadalcanal.




jueves, 29 de julio de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 8



Me supongo que también te diría tu padre, que la mano que le amputaron fue la derecha. Y como dice el dicho: “no hay mal que por bien no venga”, la que yo perdí luchando en Lepanto, como puedes ver fue la izquierda, si hubiera sido la derecha, ahora tendríamos problemas.
El joven Francisco palideció como el sol de otoño y tras muchos esfuerzos, consiguió sacar un murmullo de voz, que le permitió decir:


—Excúseme de nuevo don Miguel, en ningún momento me pasó por la imaginación que ese Miguel de Cervantes fuera vuestra merced.

—Me lo figuro, —prosiguió Cervantes— además, como me iban a admitir en el setenta en la compañía de Diego Urbina, en Roma, si me hubiera faltado precisamente la mano derecha. Por aquellas fechas frecuenté la casa del cardenal Aquaviva. Además, bien que pude celebrar la boda de nuestro rey Felipe II con doña Ana de Austria, ese mismo año.

Jerónimo Ortega que llevaba tiempo queriendo intervenir, aprovechó la ocasión de que los demás se llevaban el vaso de vino a la boca, para preguntarle:

—Seguro que conoció a don Juan de Austria, hijo natural de nuestro Emperador y hermano del rey.

—A don Juan tengo que agradecerle haberme dado la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Aquel día, ocho de octubre de 1571, iba embarcado en la nave “Marquesa”. Desperté enfermo y con fiebre y aunque me dijeron que siguiera en cama, fui incapaz de obedecer. Asumí el mando de un bote con doce hombres. Estuvimos toda la batalla de una nave a otra, llevando las órdenes del Almirante. Recibí primero una herida en el pecho, pero seguí en la barca. Una segunda herida en el brazo izquierdo, me lo dejó inutilizado… y ya veis —enseñándoles de nuevo su mano izquierda— así me ha quedado. Una vez acabada la batalla y conociendo su resultado, me evacuaron a Sicilia, donde curaron mis heridas en el Hospital de Messina.

martes, 27 de julio de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 7



En Sevilla ha pasado muchos años de su vida, ¿cuándo la pisó por primera vez? —preguntó ahora Diego de Funes.
—En el sesenta y cuatro. Había cumplido dieciséis años, y allí estaba cuando falleció la esposa de nuestro querido rey Felipe II, Doña Isabel de Valois, el tres de octubre de 1568, para quien escribí cuatro composiciones, en una antología de poemas.
—¿Cuándo comenzó a publicar? –dijo Jerónimo Ortega.
—Los primeros versos los publiqué gracias a López de Hoyo en el sesenta y nueve.
—Excúseme D. Miguel si le hago esta pregunta —sigue Francisco Muñoz— mi padre me contaba, que estando de viaje en Madrid coincidió con un juicio que hacían a un Miguel de Cervantes, por haber herido a un tal Antonio Segura. Me dijo que lo condenaron a la amputación de una mano y a diez años de destierro.
Cervantes se le quedó mirando fijamente durante unos segundos que a Francisco Muñoz se le hicieron eternos, después, esbozando una leve sonrisa para romper el momento de tensión que la cara del muchacho comenzaba a transmitir, levantó el brazo derecho y el izquierdo, se los acercó enseñándole ambas extremidades y por fin le dijo:


domingo, 25 de julio de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 6


Pliego dos
Seguía el parlamento en la cercana mesa. Ahora tenía la palabra el joven Francisco Muñoz, quien dirigiéndose a Cervantes, le comentó:
—Ahora me gustaría saber más cosas de Vuestra Merced y de su familia.
Cervantes, dejó el vaso sobre la mesa y asiendo un pedazo de queso de oveja en aceite, después de degustarlo, miró al joven Francisco y le dijo:

—Difícil es de saciar la curiosidad de los jóvenes, no creo que la vida de un recaudador de impuestos merezca la pena de contarla, pero tampoco quiero ser descortés con unas personas que también me están tratando. Nací en Alcalá de Henares, el mismo año que falleció Enrique VIII rey de Inglaterra, es decir, en el año del Señor de 1547, un veintinueve de septiembre y me bautizaron en la iglesia de Santa María la Mayor el nueve del mes siguiente. Mi padre fue Rodrigo Cervantes y mi madre Leonor Cortina.(16) Mi padre fue cirujano (17).

—¿Recuerda el primer libro que leyó?, —prosiguió su interrogatorio Francisco Muñoz.

—Antes de marchar para Córdoba, a mi padre le regalaron “El Lazarillo de Tormes” (18), que me sirvió para mis primeras lecturas. El tiempo que permanecimos en Córdoba asistí al colegio de los Jesuitas y me distraía como asiduo espectador de las representaciones del popular Lope de Rueda, varón insigne en la representación y entendimiento.

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(16) Fue el cuarto hermano de un total de siete: Andrea, Magdalena, Catalina, Luisa, Rodrigo y Juan. (Nota del Editor)
(17) Su padre fue cirujano-barbero. En 1552 estuvo en la cárcel por deudas. En 1553 se trasladó a Córdoba con toda la familia. (Nota del Editor)
(18) Se marcharon a Córdoba en 1553, el “Lazarillo de Tormes” fue publicado simultáneamente en Alcalá de Henares, Burgos y Amberes. (Nota del Editor)

viernes, 23 de julio de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 5


Bueno —contestó Cervantes no sin cierto rubor— la única verdad, es que voy tomando notas de aquí y de allá, pero todavía no tengo claro si será un libro a favor de los caballeros andantes o contra ellos. Precisamente en mi visita al Monasterio de Guadalupe, donde fui a llevar los grilletes tras mi liberación (12), vi la tumba de un personaje, cuyo nombre pudiera valer para mi novela (13)
En esos momentos se formó un revuelo en la posada y varias personas salieron corriendo hacia el corral.
Desde la ventana se podía ver, como varios hombres cogieron una manta de una mula de los arrieros y comenzaron a mantear a un hombre de baja estatura y prominente barriga.
—¿Qué hacen? -preguntó Cervantes.
—Ese desgraciado no sabe donde se ha metido -dijo Jerónimo- se ha puesto a comer como un descosido y ahora dice que no tiene dinero para pagar.
—Habría que acorrer a ese hombre, lo van a dejar acardenalado —les pidió Cervantes.
—A ese pobre, no le ayudan ya ni las Hermanitas de la Caridad —replicó Jerónimo.
—Mire D. Miguel, —continuó Francisco— ya tiene tema para su libro con esta historia del "panza gorda".
—Tomo nota (14) —respondió Cervantes
, es más, no pondré sólo esto ¿cómo se llamó antiguamente esta villa, en árabe?
—Según quiero recordar —habló de nuevo Francisco— Wad-al-qanal, fue uno de sus nombres.
..
—Muy largo es pero de alguna forma lo pondré. (15)
De nuevo volvieron a entrar los que habían participado en el manteo y todo el mesón se animó, corriendo el vino de mesa en mesa.


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(12) Las rejas del altar de este monasterio se hicieron con grilletes de cautivos cristianos llegados en agradecimiento a la Virgen, por haber escapado de los turcos. (Nota del editor)
(13) En el Monasterio de Guadalupe se encuentra la tumba de Ruy González de Quijada, cuya figura comenta Cervantes y de la que se habló como posible inspiración para elegir el nombre de Alonso Quijano, nombre del futuro Don Quijote de la Mancha. (Nota del editor)
(14)
Efectivamente tomó nota, y al final del Capítulo XVII de Don Quijote de la Mancha, describió el suceso como él lo había presenciado en el mesón de El Toro en Guadalcanal, poniendo de protagonista a Sancho Panza. (Nota del Editor)
(15)
No olvidó Cervantes esta conversación sobre el nombre antiguo de Guadalcanal. En el capítulo IX de la primera parte de El Quijote de la Mancha, sitúa el hallazgo del manuscrito del libro en un lugar llamado Alcaná (Nota del Editor)

jueves, 22 de julio de 2010

MUJER

Por Ramona Yanes

Es un pequeño homenaje a la mujer
maltratada. La repulsa a esos seres
que imponen su fuerza y, destrozan
vidas sin saber su valor.

Tus sueños derramaron,
alargaron tus noches.
Tus miedos prodigaron
te hicieron reproches.

Tu belleza sesgaron,
desgastaron tu esencia,
tu vida marchitaron,
y perdió resistencia.

Mujer de amor y vida,
sembraste bien por mal.
Y ahora estás herida,
por un arma letal.

El verdugo te acecha,
falto de compasión,
abriéndote una brecha,
justo en el corazón.

Y por mitad del asfalto,
tu rosa se desplomó,
tu cuerpo, de aliento falto,
dejó un reguero de dolor.

Y allí quedó tu alegría,
rota por el desamor.
De una mano que quería,
acabar con el amor.