sábado, 29 de agosto de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 68


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Que no se ha podido hacer fundicion por haber estado ocupado el fundidor en hacer el horno, y por no haber carbon de humo ni quien lo sepa alli hacer, y que ha inviado á Sevilla para que le provean de personas que lo hagan; y por agora se provee de alguno de roble.
Que vió la mina de Diego Ramos que está un cuarto de legua, y le paresce buena, y que lleva cantidad de metal, y limpio; é que de un pedazo de gabarro de cuatro libras que ensayó salió veinte y cinco realess y medio; é que ha traido veinte arrobas de metal de aquella mina.
Que se le han inviado de Sevilla fuelles, y almártaga, y otros materiales.

Relacion de los maravedis que ha valido la plata que ha procedido de las minas desde que el contador Augustin de Zárate las comenzó á administrar hasta la postrera reclamacion que se ha traido de Sevilla de lo procedido d ellas, es lo siguiente.

En tres dias del mes de diciembre del año pasado de mil quinientos cincuenta y cinco se libró á Pedro de Baeza, en nombre del tesorero Alonso de Baeza. Veinte mil ducados en plata apresciada; y caso que se tomó alguna de particulares, háseles pagado en dinero después que S. M. mandó se les diese….. 7.500000

En veinte del mismo mes y año, doscientos veinte y ocho mil cuarenta y ocho maravedis por dos planchas de plata que se enviaron á Sevilla con Martin Ortiz de Landa, para que las vendiese, que pesaron noventa y siete marcos, tres onzas, y vendiólas á dos mil trescientos treinta maravedis el marco, y en ello se montó lo dicho….. 228048.

En nueve de nero de mil quinientos cincuenta y seis años, setecientos veinte mil ciento sesenta y ocho maravedis, que valieron ocho planchas de plata que Sebastián Castellanos llevó á vender á Sevilla, que pesaron trescientos doce marcos, trez onzas y cuatro ochavas, á dos mil trescientos cinco maravedis en que montó lo dicho….. 720168.

En veinte del mismo mes y año, seiscientos ochenta y nueve mil cuatrocientos ochenta maravedis, que valieron las cuatro planchas de plata que se enviaron á Sevilla con Sebastián Godinez, que pesaron trescientos veinte marcos, cuatro onzas; y beneficiada, valió lo dicho…. 689.480.

En treinta de enero, trescientos setenta y cuatro mil setecientos veinte y cuatro maravedis, que valieron las cientos sesenta y dos marcos, seis onzas, cuatro ochavas de plata que se enviaron á Sevilla con Juan Bautista Palacios, y beneficiada, montó lo dicho….. 374724.

miércoles, 26 de agosto de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 67


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

A Agustin de Zárate y á los otros oficiales que estan en las minas he dado por escrito la orden que han de tener en el usar de sus oficios, que es lo que me ha parecido convenir al servicio de V.M. y provecho de la hacienda; y aunque he estado dándoselo á entender, y mirando cómo lo cumplian, no envío la copia dello hasta ver si con mi ausencia lo han hecho de manera que haya algo que enmendar; y visto esto, se tomará resolucion acerca de lo que V.M. manda sobre el desembarazalle de las cuentas.
Diego Delgado, clérigo, no ha ha llegado acá: tuve relacion que se le entendia bien de metales. Venido, se verá lo que sabe.
Fr. Gabriel, ermitaño, llegó á las minas á dos de este mes. Dejé orden á Zárate para que le provea de los carpinteros y materiales que ha menester para que haga su ingenio (1) Se hizo este ingenio para desaguar las minas, hasta que construyó otro Maestre Hanta, como se dirá después.
En el asiento de las minas han comenzado á enfermar asi españoles como alemanes, que es algun estorbo para en lo que se entiende.
Ramoin me ha escrito acerca de lo que ha hecho después que llegó á Aracena. Envío con ésta relacion de lo que dice.
A Juan de Añasco he escripto que vaya á lo de Valverde, y asista alli hasta dar oden y buen principio á la casa y pozos que alli se han de labrar.
Este correo vino ayer de Sevilla, y no se ha despachado hasta agora, á causa que fue menester enviar á las minas de Guadalcanal por el pliego de Zárate para que lo llevase. Guarde nuestro Señor la católica y Real Persona de V. M., con acrescentamento de mayores reinos y señoríos, como sus vasallos y criados deseamos. En Cazalla á seis de julio de mil quinientos cincuenta y seis.- Don Francisco de Mendoza.
Relacion de lo que Ramoin escribe en 3 de julio de mil quinientos cincuenta y seis, de Aracena.

Que há ocho dias que se trabaja en las minas, por haber sido los demas fiestas.

Que, por parecer de los plomeros, hizo seguir el pozo de la mina baja, y por ser peña, se hace poca hacienda, y no se descubre la venta en él.

Que en la cata alta comenzó á labrar un pozo, y de medio estado hasta uno comenzó á dar metal en cantidad, y parescer de que llevaba caja; y después tornó á enflaquescer y faltar la veta del todo, y que ahondando mas tornó á dar metal, é ansi anda variando, y que estan sacadas dél hasta ciento y cincuenta arrobas de metal, y del de la baja cincuenta; y que cerca del pozo alto han abierto otro que comienza á dar metal, y lleva buena muestra.

Que lo que está sacado destos pozos y de otros es hasta tescientas arrobas de metal, y lo tiene en buena guarda.

lunes, 24 de agosto de 2009

TRES DE SEPTIEMBRE, CONCIERTO EN LA PLAZA (Fabulilla de un tiempo ido)



Por Antonio Burgos.


Revista de Guadalcanal año 1969

Sonaba el primer cohete, cuando el reloj de la plaza (“anno domini” escrito con letras de plantilla de latón, brocha gorda y betún) aún no había dado las once. “Curro”, aquel perro de Norberto, primo lejano del de los Limones, se escondía bajo la cama con el primer estallido que verían los gitanos acampados en el eucaliptal (entonces laguna) de la estación, a la espera de aquel otro cohetazo que –horas después- señalaría el comienzo del rodeo mientras en el Coso aún ponía Eduardo ladrillos para la cocinilla de “El Tío Mateo”.


Empezaba la Feria. Pípolez de tiros largos. Rajamantas con el sidol recién dado a la tuba. Jeringos y humazo en la esquina del Palacio –sin bombillas ya, sin el Galgo y los bailongos domingueros, sin la botella de madera pintada de gris que hacía de giraldillo sobre el quiosco del Chato-, veladores del domingo del besamanos de septiembre sacados a la terraza del Casino, algunos tomando “el nene” que inventara don Marciano, otros liados con el anís “Flor de Jara” de Manolo Porras (en el recuerdo de aquel “Flor de la Sierra” que bebió la columna de Varela que entró por el túnel de Hamapega), primera convidada de la Feria cuando no existía la cocacola ni había cerveza de grifo en el Cebollino (entre otras cosas porque no lo habían fundado), y en la “Caseta de Recreo” se cerraban tratos en torno a una botella de San Patricio.


Don José Llinares (la guzzi aparcada junto a la Capilla de San Vicente, los calcetines blancos asomados en las piernas cruzadas) lo veía todo como cualquier noche de verano, como cuando todos se iban al “Cine Moderno” de Víctor (“Víctor Jaurrieta Garralda” en sus anuncios en esta revista) y él seguía allí mientras los Botis acababan con las bombillas en las esquinas del convento.


- Pues a la caseta de arriba han traído una orquesta con vocalista, que está en la parrilla del Cristina.
- ¿Y tocarán eso del bayón de Ana?



Todos lo habíamos escuchado ya. Solo Juan Luis, el hijo de don Modesto, pudo ver la película por el ventanillo del palomar con los zuritos traídos de “Toribia”. Y después sonaría –echada las cortinas- el bayón de Ana en la caseta de arriba.

Pero en la plaza, el tres de Septiembre, el día de la prueba del alumbrado, sonaba todo lo más “Katiuska” en la banda municipal, los atriles plegables extendidos en corro ante la puerta del Ayuntamiento (Y a propósito de banda. Rajamantas inventó el pluriempleo en Guadalcanal. Aparte de la tuba hay que contar su palo con argolla para coger perros sin vacunar; la cosa, lagarto, lagarto, de enterrador; los pregones de pérdidas de pulseras y precios de tomates en la recién inaugurada plaza de abastos... O sea, que si llega a estar en Madrid, hoy día tiene ya un seiscientos y un chalet en la sierra.)

La Feria empezaba de pronto, a un golpe de vara de Paco el alcalde. Cohetazo va y cohetazo viene, y chimpún del pasodoble por la calle de don Juan Campos (aún sin la Cruz de Alfonso el Sabio, pero ya venerable en su despacho de misteriosas piedras minerales de la calle Camachos), hacia la calle Concepción. Joaquinito Rivero me preguntaba –devoción hecha vida- por los nardos que mi madre mandaba para la procesión de la Virgen. Sonaba “Manolo Mío” en la banda, y todos íbamos detrás hacia la Feria. Todo había empezado con un cohete. Y como aún no se oía el estrépito de la sirena de “las burras cachondas”, “Curro”, el pero que tenía Norberto, creía –escondido bajo la cama- que la feria había terminado

domingo, 23 de agosto de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 66


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I


(Se mantiene la ortografía de la época)

De los pozos de la parte de Martin Delgado tengo escripto á V.M. como del que se hace hacienda lleva su veta fija, y al presente parece que será durable yo he hecho poner doblada gente en él, y que se den prisa á sacar metal.
Por las relaciones de las fundiciones que se han fecho, que Zárate ha enviado á V. M., se habrá visto como han respondido; y aunque cuando los pozos van hondos, no suele ser el metal de tanta ley, ni se puede hacer tanta hacienda, todavía, con haber hécho doblar la gente que trabaja en el de Martin Delgado, creo irá prosiguiéndose el mismo provecho que hasta aqui ha dado; y lo mismo sería en los de la mineta, si la veta dellas afijase, como parece que la de aquel ha hecho, y coislo afirmán que será.
Yo voy haciendo pesar el metal que se saca en estos dias de lo de Martin Delgado, para que se pueda tomar tiento mas cierto de lo que saldrá de aqui adelante; pues comunmente el metal de aquel pozo responde casi de una manera. Sobre estas cosas, y sobre las mas tocantes á estas minas, voy haciendo memoria en particular para informar á V. M.
Mándame V. M. que, habiendo bien pensado y considerado lo que convendrá hacerse con los halladores de minas, envie mi parecer, y ansimismo de lo que será bien que se haga con los halladores de Guadalcanal, y Aracena, y Valverde y Cazalla. En negocio es de mucha calidad, y que á cualquier nombre que se le ponga tiene grandes inconvenientes: yo pienso sobre ello como V. M. me manda. Mi estada por acá, si V. M. es servido, no hay para qué se alargue; antes conviene ir á hacer relacion de todo lo que á estas minas toca, y entonces iré resuelto en lo que se me manda; y podérselo hacer mejor por haber visto como responden algunas minas que se ahondan, y lo de las fábrica que se comienzaron en Cazalla, Aracena y Valverde.
Al contador Zárate mostré eI capítulo de la carta de vuestra Magestad, que trata de esto, para que envíe su parecer á vuestra Magestad.
El contador Almaguer me escribió que V.M. mandaba que envíase relacion de lo que pensaba cerca de un memorial que Miguel Pallas y Miguel Salazar, valencianos, dieron. Ellos vinieron á estas minas, y estuvieron en ellas con mucho gasto, como dicen creo que son hombres hábiles; y parecióles lo que á las otras personas de la Nueva España que hice venir aqui, en el el beneficio de los metales, como V.M. habrá mandado ver por los pareceres que envié. Quisieronse concertar conmigo en lo que toca a las fundiciones y afinaciones, y no lo hice porque estaba entendiendo en que se hiciesen ciertas esperiencias para que mejor y mas á provecho se beneficiasen los metales, y quise poner primero la orden que convenia, y después ver si la que ellos daban era mas á provecho, y si lo fuera, concertárame con ellos. La que trataron, y la que ahora dan en el memorial tiene muy grandes inconvenientes, así de parte de V. M. como de las suya: los gastos que dicen que esta hacienda hace son mucho menores, asi en el fundir como en el afinar.
Estase haciendo hornos, y los ingenios de madera: entretanto me pareció tornar á ver estas minas de Cazalla, y ver los montes de Constantina y Azuaya. Trataré que Constantina dé la madera que mas será menester, y que Azuaga dé sus montes alguna leña, porque no se gaste tanto el monte de Guadalcanal, y hecho esto volveré a las minas; y de allí iré á Aracena para estar desembarazado para poderme partir, dándome V. M. licencia para ello.

viernes, 21 de agosto de 2009

GUADALCANAL, EN DOS ANÉCDOTAS


José María Álvarez Blanco

En mi prólogo al libro “La lluvia infinita” (1999), del periodista Jesús Rubio Villaverde, decía que a la gente nacida en nuestro pueblo le sucedían continuamente multitud de anécdotas, cuando lejos de la villa mencionaban su nombre ante extraños. Todo por la Segunda Guerra Mundial que catapultó a la fama la isla del Pacífico descubierta por Pedro Ortega Valencia en 1568, y si ello fuera poco, y, desde principios de la década de los sesenta del pasado siglo, por el Centro Emisor de TVE (que no Antena, como dicen algunos) con su famosa manta. Dichas situaciones no sólo han ocurrido en el pasado, sino que siguen ocurriendo, como va a comprobar el lector inmediatamente, con dos situaciones curiosas, una reciente y otra en el último año del siglo XX.

Vayamos con la primera.

Sabido es que la República de Panamá ha convocado un Concurso Internacional para ampliar el Canal, que es la base de su economía, ya que el actual se les ha quedado pequeño. Con tal motivo, durante estos meses, es constante la peregrinación al estado centroamericano de empresarios de todo el mundo relacionados con la construcción en todos sus aspectos (obras públicas por supuesto, pero también informática, bienes de equipo e instalaciones eléctricas de todo tipo etc. etc.)

Uno de los hombres de empresa españoles que acudió al país centroamericano fue el guadalcanalense Francisco González Jiménez, ingeniero químico, conocido popularmente en Guadalcanal como Paco González, que acudió al Agregado Comercial de la Embajada de Panamá en Madrid, Luis Peralta. Éste a su vez le puso en contacto con el organismo Extenda (Agencia Andaluza de Promoción Exterior). Una vez en Panamá, y después de las entrevistas con los funcionarios panameños Paco y otros empresarios españoles fueron invitados a cenar por el Delegado de Extenda en un restaurante con espectaculares vistas sobre el Canal. Según cuenta Paco, el paisaje era tal que “parecía que los barcos se podían tocar con la mano”.

Durante la cena, en el curso de la charla distendida, el Delegado que ya sabía, porque Paco se lo había dicho previamente, que su lugar de nacimiento era Guadalcanal, preguntó a otro español de los reunidos, un joven ejecutivo treintañero, en que parte de España había nacido. Cuando éste, de nombre Pedro, le respondió que en Guadalcanal, su cara de sorpresa fue inenarrable, y no menos la de Paco González, que rápidamente tras fijarse en la fisonomía de Pedro, le dijo:

- Oye, ¿tú no serás, Pedro Porras, hijo de María Dolores Porras?.
La respuesta de Pedro fue:
Sí, pero mi nombre es Pedro Núñez Porras.
Paco rectificó, y dijo:
- Si claro, tu padre es Pepe Núñez, arquitecto y ex-diputado en las Cortes por el PA.
A lo que Pedro Núñez Porras, al que sus íntimos llaman Perico, respondió, tras reconocer a Paco:
- Hombre claro, y tu eres Paco González, hermano de Rafaelín el médico.

La sorpresa del Delegado la puede imaginar el lector, ante lo insólito de la situación y de la aparente densidad de empresario por nativo de una población tan pequeña como Guadalcanal.

El empresario F. González, con Andrés Mirón y el
autor de estas líneas en el Bar el Botero hacia 1960
(Foto Santi)

Para completar el relato digamos que Pedro Núñez Porras (nieto del que fue notario Pedro Porras Ibáñez) es Ingeniero de Telecomunicaciones, que tiene una empresa de domótica, y en su calidad de propietario-director, también se encontraba en Panamá para ofertar sus servicios para obra de tan gran envergadura.

Al margen de la casualidad, y de la presencia constante y numerosa de guadalcanalenses en el continente americano, tendencia que se remonta a más de 500 años como acreditan los registros del Archivo General de Indias, lo que me parece más positivo de esta situación es el binomio Andalucía-Empresario emprendedor, derrotado siempre por hipergoleada por el Andalucía-Tradición, con las lamentables consecuencias que ello implica. No me extiendo más en estas consideraciones no sea que se me encocoren los posibles lectores que padezcan el virus de la fundamentalitis identitaria.


Y a continuación la segunda.

Nueva York. Torres gemelas y Puente de Brooklyn
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10 de junio de 1999. Nueva York, Aeropuerto Kennedy. Aterrizan procedentes de Madrid una pareja madura de españoles, madrileña ella, guadalcanalense él, en un viaje turístico con el que van a celebrar sus treinta años de matrimonio, visitando varias ciudades de la costa Este de EE.UU. Tras recoger las maletas en la cinta, se acercan a la cola para ser revisados por el Immigration Officer. Como es habitual en estos casos, la norma es que el primero de la cola, espere al borde de una raya distante por lo menos cinco metros de la cabina, mientras que el que le he ha precedido realiza sus trámites. Pasa primero la mujer, que tras entregar el pasaporte tarda treinta segundos escasos en ser despachada. A continuación pasa el marido guadalcanalense, entrega el pasaporte, y el Oficial, un yanqui de edad madura próxima a la jubilación, lo abre por la página donde constan la foto y datos del pasajero, y bruscamente mueve la cabeza en un signo de sorpresa, escrutando la fisonomía europea del viajero, que no le cuadra con su lugar de nacimiento. El de Guadalcanal, pueblo de Sevilla, entiende al momento que el oficial de inmigración sólo sabe de la existencia de Guadalcanal, isla del Pacífico, y espera el desenlace. La gestión se demora y la esposa del pasajero, mira a éste con cara extrañada, preguntándose qué está ocurriendo. Por fin el guadalcanalense sevillano, para quien hablar inglés no es una de sus mejores habilidades, se lanza a pronunciar en su horrible acento, algo así como: A town in the South of Spain was first named Guadalcanal and then the famous island in the Pacific Ocean was named after the town in the 16th century, exactly in 1568. El oficial duda y, tras vacilar unos segundos, devuelve el pasaporte al viajero. Cuando, finalizado el trámite informa a su mujer de lo ocurrido, ésta responde, “desde luego las cosas que os pasan a los de Guadalcanal, no le pasan a nadie”.

jueves, 20 de agosto de 2009

LAS MINAS DE PLATA DE GUADALCANAL - 65


Continuación del libro editado por Miguel del Burgos en el año 1831, NOTICIA HISTÓRICA DOCUMENTADA DE LAS CÉLEBRES MINAS DE GUADALCANAL. Tomo I

(Se mantiene la ortografía de la época)

Yo tuve aviso de Sevilla que Juan Peres de Sotelo estaba mal dispuesto, y porque, por causa de aquello, no cesase la labor de la plata, escrebí luego al alcalde Salazar que en su lugar asistiese á todo lo que, conforme á la instruccion que que se habia enviado á Pedro Luis, habia de asistir Sotelo. Será necesario que, como tento ecripto, V.M. provea de tercera persona que sea desocupado y cuál conviene, que asista y tenga llave juntamente con ellos.
De la cédula sobre lo de la madera, he usado hasta agora lo mas blandamente que he podido, y han dado alguna asi los de Constantina como los de Cazalla; pero todavía creo habré de venir á rigor en lo que mas será menestar, porque se les hace de mal darla, y sospecho que elos y el cabildo de Sevilla han de suplicar de la cédula. Proveerá V.M. lo que sea servido para que en esto no haya falta. Guarde nuestro Señor la católica y ral persona de V.M. con acrecentamiento de mayores reinos y señoríos como sus vasallos y criados deseamos. En las minas de Guadalcanal, á treinta dias de junio de mil quinientos cincuenta y seis.- Don Francisco de Mendoza.

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Con fecha 2 de julio formalizó don Francisco de Mendoza Ordenanzas para el buen orden en la administacion de las minas, las cuales se asentaron en los libros de la contaduría particular de ellas; pero habiéndolas remitido á la Real aprobación, en cédula de 29 del mismo mes, se le contestó que se verian y consultarian; y en efecto, se verificó asi; y en vista de ellas, y de lo que pareció á los contadores mayores y otras persona inteligentes, se modificaron y despacharon en debida forma, en 30 de octubre de 1557.

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Carta de don Francisco de Mendoza, dando cuenta del estado de las minas de Guadalcanal, y sus agregadas.

Secretaría de Estado.- Correspondencia de Castilla, núm. 113

6 de julio de 1556.

C.R.M.- A primeros deste rescebí las que V.M. fue servido mandarme escrebir á veinte y tres y veinte y seis del pasado. La relacion que V.M. manda que se envía de lo que ha valido la plata que se ha procedido hasta agora destas minas, irá con ésta, y asimismo los gastos que se han hecho y libranzas que se han pagado, y de lo que queda, asi en moneda como en plata.
En la que escribí a V.M. á treinta de junio, dije que en el suelo y hondo de los pozos de la mineta, que es de la parte de Gonzalo Delgado, no habia metal, pero que los oficiales de minas tenian muy grande esperanza que habian de volver á dar en él; y asi ha sucedido, que lo han hallado, y rico, aunque al presente es en poca cantidad. Los alemanes que lo tienen á cargo estan contentos; parece que ha de ser buena cosa, y así lo afirman y dicen que creen que cuando aquello llegue al fondo que tien el pozo de la parte deMartin Delgado, ha de hacerse fija la veta como aquel la lleva; y por la peña que hallan, y por la manera del metal, que es mas fuerte que lo hasta aquí, parece que debe ir cerca. Pongo diligencia en ademar muy bien aquellos pozos, y si no dieran metal en cantidad para hacer hacienda, sacarase de lo que quedaba de respeto para el invierno, y siempre se seguirá lo hondo
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miércoles, 19 de agosto de 2009

Viva la Guardia Civil: ¿pero cómo?

ANTONIO BURGOS

ABC - Miércoles, 19-08-09

Llevaba en los azulejos de sus esquinas el nombre de un victorioso general al que nadie mentaba, porque en el pueblo siguió siendo siempre la calle Luenga. Entre la cal, era un largo venablo hacia las primeras tapias del campo, desde la herrería, desde la casa del maestro armero que arreglaba todas las escopetas del pueblo, desde la tiendecilla con olor a bacalao y a las sardinas arenques que dibujaban su perfecto tondo de plata en el interior de la barrica de madera expuesta como la obra de arte que era en un extremo del oscuro mostrador del papel de estraza.
Allí, en la calle Luenga, estaba la casa cuartel de la Guardia Civil. Una casa más del pueblo. Las mismas tejas, los mismos canalones de lata para su vertido de las lluvias, las mismas texturas de las sucesivas capas de cal pintando cuadros del Grupo El Paso sobre las paredes. En un balcón, el mástil de la bandera de España. En la puerta, el «Todo por la Patria». Y de plantón en esa puerta, siempre, un guardia, sin armas, con el asolanado verde de su uniforme, caminero de rondas por todas las fincas del término municipal.
Si la Guardia Civil estaba fundida con el pueblo era porque vivía en una casa como todas las de la villa. Una como alfombra de empedrado recorría los pasos de sus salas desde la puerta al corral, donde estaban las cuadras. Desde la puerta, donde hacía plantón el guardia cuyo nombre sabíamos y cuyo hijo jugaba con nosotros a las bolas, se veía ese corral, tan de pueblo, tan campero, con su pozo, de donde más que unos caballos para una descubierta parecía que iba a salir una cobra de yeguas para la trilla en la era.
Aquella vieja casa cuartel donde vivían los guardias civiles con sus familias quedó luego abandonada, cuando hicieron un edificio nuevo en el ejido de la feria, quitándole un trozo al lugar donde por septiembre ponían el mercado de ganados. Como en un chiste, los civiles estaban ahora donde los gitanos antes. Y el chófer del coche de correos, cuando pasaba por la esquina camino de la estación, repetía a los viajeros la misma broma: «Esta es la nueva fábrica de galletas».
En el cuartel nuevo los guardias civiles tenían ya agua corriente, no como aquella procesión de palanganas y cubos desde el pozo a los cuartos en la vieja casa. Cuartel nuevo... Nuevo hace cuarenta años. ¿Cómo estará ahora esa casa cuartel? Las que fueron flamantes tuberías serán desagües atorados, y las que parecían salas amplísimas cuando venían de la anterior miseria serán ahora, como en tantas otras casas cuartel, chabolismo patriótico. En la calle Luenga, los guardias vivían con las mismas incomodidades que todo el pueblo, pozo y letrina en el corral. Pero ahora ya nadie vive en el pueblo como los guardias civiles en lo que en su día fue nueva casa cuartel, con esas estrecheces, ese hacinamiento de niños y padres en tan pocos metros cuadrados, sin intimidad. Entras a las casas del pueblo y da gusto verlas. Pasas, en cambio, por la puerta de la casa cuartel de la Guardia Civil y salta a la cara ese general mal estado de habitabilidad de tantos acuartelamientos, más que antiguos, envejecidos.
Cuando la ETA asesinó en Mallorca a dos jóvenes guardias civiles, por toda España se oyó el noble grito que tantos hacemos nuestro: «¡Viva la Guardia Civil!». Sí, vale, viva la Guardia Civil: ¿pero cómo? ¿Pero usted sabe cómo vive la Guardia Civil en más del 50 por ciento de sus inhabitables casas cuartel? Más que tanto dar vivas a la Guardia Civil por su defensa de las libertades y de la democracia, ¿no sería más conveniente crear en la sociedad la mentalidad de que el Instituto se merece mejores condiciones de vida en sus casas cuartel? Y si cuando gritan «¡Viva la Guardia Civil!» encima te acuerdas del sueldo con el que tiene que vivir, es que se te caen dos lagrimones