miércoles, 17 de abril de 2013

CERTIFICADO DE ADHESIÓN A LA CARTA EUROPEA DE TURISMO SOSTENIBLE EN ESPACIOS NATURALES PROTEGIDOS



En el día de ayer, Don Francisco Gallardo García, Delegado Territorial de la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, hizo entrega a la Casa rural La Florida del Valle, del certificado de adhesión a la Carta Europea de Turismo Sostenible en los Espacios Naturales Protegidos.

Desde nuestra Asociación queremos dar la enhorabuena a Juan Luis y Mercedes, por el trabajo que vienen realizando desde hace años, en la conservación del medio ambiente.

lunes, 15 de abril de 2013

El patrimonio monumental de Guadalcanal - 6


a través de la Historiografía artística: Aproximación bibliográfica
                              Salvador Hernández González
                               Revista de Guadalcanal año 2004
        En la misma línea de aportación documental y desde publicaciones de la vecina Extremadura nos llegan referencias sobre algunas piezas artísticas ejecutadas para Guadalcanal por los artífices activos en aquella región y todas ya inexistentes, como el retablo pintado para la capilla mayor de la iglesia de San Sebastián entre 1514 y 1515 por Antonio de Madrid; la imagen titular del mismo templo, esculpida por Juan de Valencia entre 1565 y 1566; o el retablo mayor de la parroquia de Santa Ana contratado en 1571 con el escultor Antonio Florentín .
            Volviendo a los años de comienzos del siglo XX, éstos contemplan un primer ensayo de guía artística provincial, por parte de Manuel Serrano Ortega, quien en su Guía de los monumentos históricos y artísticos de los pueblos de la provincia de Sevilla nos dejó una visión panorámica pero excesivamente superficial e incompleta de nuestros monumentos:
            “Posee tres templos parroquiales, Santa María de la Asunción, Santa Ana y San Sebastián, siendo el primero muy notable por su época. Venérase en el primero la antiquísima imagen de la Virgen con el título de Guaditoca, del lugar donde tuvo erigida ermita, que debió ser morabito arábigo. La imagen a causa de los toques y repintes que ha sufrido en distintas restauraciones ha perdido todo su carácter de época“.
            Ya en la década de los treinta, las repercusiones que la tragedia de la Guerra Civil tuvo en el patrimonio artístico de Guadalcanal fueron analizadas por Hernández Díaz y Sancho Corbacho, quienes al evaluar las pérdidas y daños de obras de arte sufridas por los templos, nos dejan en su texto la que podemos considerar como primera descripción científica de dichos edificios, donde se analiza su planta, alzados, soportes, cubiertas y elementos decorativos, al tiempo que se apunta su cronología y filiación estilística y se incluyen reproducciones fotográficas (procedentes del riquísimo fondo de la Fototeca del Laboratorio de Arte de la Universidad Hispalense, recientemente digitalizado para salvarlo de su segura pérdida y ya consultable a través de Internet) de algunas de las obras destruidas o destrozadas, como es el caso, en la iglesia de Santa María, del retablo mayor y el de San José, las imágenes de San Francisco y del Cristo atado a la Columna, y algunas piezas de orfebrería; el San José que se veneraba en la iglesia de San Vicente; el Crucifijo de marfil y una pintura en tabla de la iglesia de Santa Ana; y los retablos mayores de las iglesias de San Sebastián y del Espíritu Santo.
            Ya en la postguerra y por parte de los mismos autores – junto con Francisco Collantes de Terán – se acomete un gran proyecto historiográfico sobre el patrimonio provincial, que por desgracia quedó inconcluso sin haber llegado siquiera a su mitad. Nos referimos al monumental Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla, modélico por su aporte de obras, noticias documentales, juicios estilísticos y material gráfico. Al seguir una ordenación alfabética por localidades, el texto de Guadalcanal fue de los últimos en aparecer, concretamente en 1953, dejándonos en sus páginas, junto con una breve síntesis histórica de la localidad, el estudio de sus monumentos. Así, se reseñan la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción (de la que destacan su interés arquitectónico en virtud de la combinación de elementos de diferente época y estilo), iglesias de Santa Ana (subrayando el interés de su torre y la decoración de azulejería del interior del templo), San Sebastián (interesante modelo del tipo de iglesias mudéjares propias de la Sierra), Espíritu Santo (con retablo mayor de interés), Concepción, San Vicente, y los restos de los antiguos hospitales de la Caridad y del Milagro, los vestigios del convento de Santa Clara, prosiguiendo con la descripción de las ermitas de San Benito, Cristo de la Salud y Nuestra Señora de Guaditoca, para llegar a la reseña de los restos de diversas fortificaciones, como el arco de herradura – hoy puerta de la sacristía de la parroquia de Santa María – que formó parte del alcázar musulmán de Guadalcanal y otros castillos que hubo dispersos por el término municipal, como los del Castillejo, Valjondo, La Ventosilla, Portichuelo y La Atalaya. Tan exhaustivo balance del patrimonio finaliza con el análisis de una muestra de arquitectura civil medieval tan excepcional como es la Almona y con la cita de las obras de arte que entonces poseían los herederos de Adelardo López de Ayala, integradas fundamentalmente por esculturas en marfil y pinturas de los siglos XVI y XVII .
            Tan básica fue la aportación de este Catálogo que sus descripciones y análisis han sido recogidos y seguidos prácticamente al pie de la letra durante décadas, ante la falta de una obra que lo pusiese al día incorporando los avances de la investigación histórico – artística. En este sentido, en diversas publicaciones, como por ejemplo la Guía artística ilustrada de Sevilla y su provincia de Antonio Casado Sellas de 1950 o la obra de Jerónimo Pou Díaz, Sevilla a través de sus pueblos, publicada en 1971, se extracta lo dicho por Hernández Díaz, Sancho Corbacho y Collantes de Terán.
            Habrá que esperar a comienzos de la década de los ochenta para que la Guía artística de Sevilla y su provincia auspiciada por la Diputación Provincial actualice y complete el inconcluso Catálogo arqueológico y artístico a la luz de las últimas aportaciones de la historiografía. Las descripciones de la Guía, algo más concisas que las de su antecesor, ganan en agilidad de lectura y en precisión a la hora de inventariar las piezas lo que pierden en aparato crítico de notas, mapas, planos y reproducciones fotográficas, que le daban al Catálogo un tono algo retórico y solemne muy en consonancia con los planteamientos de los historiadores de la postguerra. En el texto dedicado a Guadalcanal se aborda el estudio de la parroquia de Santa María, iglesia de Santa Ana, iglesia del convento del Espíritu Santo, ermita de Nuestra Señora de Guaditoca, antigua iglesia de San Sebastián, iglesia de la Concepción, portada del antiguo Hospital del Milagro y antigua iglesia de San Vicente. El mismo texto de la Guía se reprodujo, con escasas variantes en el Inventario artístico de Sevilla y su provincia, publicado por el Ministerio de Cultura entre 1982 y 1985 y que gozó de mucha menor difusión que la obra de la Diputación Provincial.
            Al igual que le ocurrió al Catálogo arqueológico y artístico, el texto de la Guía será ampliamente seguido por la amplia y variopinta gama de guías tanto locales como turísticas y de viajes nacidas al calor del turismo rural de las últimas décadas y de los fastos de la Expo 92, que al proponer al visitante recorridos por la provincia de Sevilla incluyen obviamente el de nuestra Sierra Norte, recomendándose, para el caso de Guadalcanal, la visita a sus distintos templos.
            En la misma línea de difusión y puesta en valor del patrimonio local se incluyen nuestros propios trabajos recogidos en diversos números de la Revista de fiestas de Guadalcanal, en los que a la luz de la bibliografía que estamos comentando revisamos el estado de la cuestión y trazamos una visión panorámica del devenir de algunos de los templos desde sus orígenes hasta la actualidad, aportaciones a las que en su lugar nos referiremos.


jueves, 11 de abril de 2013

El patrimonio monumental de Guadalcanal - 5


a través de la Historiografía artística: Aproximación bibliográfica
                            Salvador Hernández González 
                            Revista de Guadalcanal año 2004

                      Abriendo esta corriente de encargos en el Quinientos, Gestoso refiere como en 1515 el escultor Jorge Fernández concierta la ejecución de un Crucifijo para Pedro Ramírez, vecino de Guadalcanal, obra hasta ahora no identificada.

            A mediados de la centuria, concretamente en 1564, el pintor Antón Pérez se compromete a ejecutar las labores de pintura y dorado del retablo que el entallador Francisco de Vega había realizado para una capilla “ que está en la iglesia de la villa de Guadalcanal “, templo que debe ser el de Santa María. El retablo en cuestión, de estilo renacentista, contaba con seis registros u hornacinas separadas por balaustres, por las que se repartían, en el primer cuerpo, las pinturas de San Juan Bautista acompañado por dos donantes, San Andrés y Santa Ana con la Virgen y el Niño, mientras que en el segundo figuraba el Calvario al centro y a los lados Santa Catalina y el apóstol Santiago.
            Dos décadas después, en 1584, el escultor Juan de Salcedo contrata la hechura de una Virgen con el Niño para la cofradía de la Vera – Cruz, que tampoco se ha identificado .
Al año siguiente Antonio Rodríguez de Cabrera concertaba con el renombrado escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo la ejecución de un retablo destinado a la iglesia de Santa María compuesto por banco, un cuerpo articulado por pilares de orden corintio y ático. La hornacina del único cuerpo albergaría una pintura de la Anunciación, mientras que el ático estaría presidido por la figura de Dios Padre.
            El hijo y homónimo del citado escultor, denominado “ el Mozo “ para distinguirlo de su progenitor, recibe en 1587 por parte de Alonso de Ramos, en representación del difunto Fernando de Ramos, el encargo de otro retablo, destinado para la capilla funeraria donde reposaban los restos del finado en la iglesia de San Sebastián, conjunto compuesto por banco, un cuerpo y ático, presidido por un grupo escultórico del Calvario acompañado, en las calles laterales, por las efigies de San Juan Bautista y San Benito . En opinión de Palomero Páramo, los únicos elementos conservados de este retablo son dos relieves con las figuras de los santos citados y un Crucificado, que hoy día forman parte de un retablo recompuesto con piezas de acarreo y conservado a los pies de la nave de la parroquia de Santiago en la vecina localidad de Llerena.
            Y cerrando este ciclo retablístico quinientista, en 1591 Luis de Porres, Abogado de la Real Audiencia de Sevilla y tutor de García Díaz de Villarrubia de Ortega, concertaba con Diego López Bueno y Francisco Pacheco, quienes se ocuparían de la parte arquitectónica y escultórica respectivamente, un retablo compuesto por banco, un cuerpo compuesto por banco, un cuerpo articulado en tres calles por columnas y pilastras estriadas, y ático. En el banco se representaba a los Evangelistas, flanqueando el tema de la Sagrada Cena, mientras que en la hornacina central figuraba la Asunción de la Virgen, acompañada en las hornacinas de las calles laterales por Santo Domingo y San Francisco, cuyas efigies eran rematadas por los bustos de la Magdalena Penitente y Santa Catalina Mártir, apareciendo la Trinidad en el ático y la figura de Jesús en el remate del retablo.
            Otro importante retablo documentado por estos investigadores sevillanos de comienzos del siglo XX e igualmente desaparecido fue el mayor del convento de Nuestra Señora de la Piedad o de San Francisco, contratado en 1702 con el ensamblador Cristóbal de Guadix y que articulado por columnas salomónicas, albergaría en sus hornacinas las imágenes de San Buenaventura, San Francisco, Nuestra Señora de la Piedad, el Ecce Homo y Cristo Crucificado. El artista se comprometía además a realizar otro retablo lateral en el que se colocaría la imagen del Santo Cristo Crucificado procedente de la ermita de San Benito.
            Siguiendo esta línea de investigación archivística, en la pasada década de los noventa la colección de Fuentes para la Historia del arte andaluz, retomando la tradición documentalista del universitario Laboratorio de Arte, ahora convertido en departamento de la Facultad de Geografía e Historia, no ha dejado de brindar referencias sobre intervenciones en el patrimonio monumental de Guadalcanal. Así, podemos citar el dorado del primitivo retablo mayor de Santa María entre 1703 y 1707 por Antonio Gallardo, maestro dorador vecino de Sevilla . En la misma tónica de exhumación documental, los Documentos inéditos para la Historia del Arte en la provincia de Sevilla publicados en 1993 por Fernando de la Villa Nogales y Esteban Mira Caballos aportan algunas noticia documental sobre el patrimonio de nuestra localidad, a saber: el retablo mayor de la ermita de Nuestra Señora de Guaditoca, obra realizada en 1675 por los maestros Francisco de Saavedra Roldán y Juan de Vargas, vecinos de Zafra; la pintura y dorado del mismo retablo por parte del pintor y dorador Antonio de Granada en 1678; el dorado del retablo mayor de Santa María, que como ya vimos se encomendó a Antonio Gallardo en 1703; otro retablo para la capilla de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario en Santa María, concertado en 1712 con José García Zambrano, maestro escultor vecino de Llerena; las reparaciones emprendidas en 1719 en la parroquia de Santa María por los también llerenenses Francisco del Toro y Antonio Gonzalez, maestros de albañilería y de carpintería, respectivamente; y el arreglo del artesonado y unas puertas nuevas para la capilla del bautismo de la iglesia de San Sebastián, tarea que se encomienda al maestro carpintero local Jerónimo Espino en 1778, emprendiéndose en el mismo año y para el mismo templo la reparación de la bóveda del baptisterio y otras obras menores por parte del alarife Francisco de Ávila. 

lunes, 8 de abril de 2013

EL PATRIMONIO MONUMENTAL DE GUADALCANAL - 4



A través de la Historiografía artística: Aproximación bibliográfica.
                         Salvador Hernández González
                         Revista Guadalcanal año 2004.

Ya a mediados del siglo XIX, nos encontramos con ese monumento bibliográfico de la historiografía española que es el Diccionario geográfico – histórico – estadístico de Pascual Madoz, obra modélica entre las de su género y que ciertamente debió aprovechar el material recogido por Tomás López. En su obra, Madoz atiende a aspectos tan variados como la situación de la localidad dentro del marco provincial, distancias a los centros administrativos de los que depende y localidades vecinas, situación del casco urbano, límites municipales, red hidrográfica y características del terreno, abordando además la cuantificación no sólo de la producción agropecuaria, industrial, comercial y de los efectivos poblacionales, sino también del personal eclesiástico y edificios religiosos, que inserta dentro del marco descriptivo del urbanismo local planteado en su obra. En el caso de Guadalcanal, el autor cita de pasada las tres parroquias, el hospital de la Caridad, y las iglesias de los Milagros, San Vicente, la Concepción y el Espíritu Santo, las ermitas de Nuestra Señora de Guaditoca, San Benito y el Cristo, más el convento de San Francisco, que para entonces ya había sido derribado .
La segunda mitad de la centuria, marcada ya por el signo de la historiografía romántica, conocerá la proliferación de diccionarios histórico – geográficos que no suelen prestar excesiva atención al patrimonio artístico (salvo en el caso de los grandes monumentos de las capitales de provincia, generalmente), sin que se aborde el análisis sistemático de los monumentos ubicados en los pueblos, situación de desinterés que afecta igualmente a la provincia de Sevilla, cuya escasez de estudios sobre el arte en sus diversas localidades contrasta con la abundante nómina de trabajos sobre la capital, entre los que ocupa lugar primordial la producción de José Gestoso y Pérez, auténtico punto de partida de la historiografía artística sevillana posterior.
            Esta situación de inercia va a experimentar un profundo giro a comienzos del siglo XX. Los nuevos planteamientos historiográficos, de acuerdo con la ilusión de un resurgimiento cultural y científico que hiciese superar el trauma de la crisis de 1898, reclamaban la necesidad de catalogar nuestra riqueza artística, como instrumento básico e imprescindible para su estudio y difusión. De acuerdo con este sano criterio, un decreto de 1 de junio de 1900 ordenaba la formación de un Catálogo monumental de España, usando de criterios más científicos, rigurosos y precisos, tarea que se haría por provincias y sería publicada por el Estado . Tan ambicioso proyecto nació marcado por la penuria tanto de medios como de personal cualificado para llevarlo a cabo, por lo que sólo aparecieron, muy irregularmente, los catálogos de unas pocas provincias. El de Sevilla, encomendado al arquitecto Adolfo Fernández Casanova y terminado en 1909, fue uno de los que quedaron sin publicar, estando depositado el manuscrito original en Madrid, concretamente en la Biblioteca del “ Instituto Diego Velázquez “, organismo especializado en la investigación de la Historia del Arte y dependiente del C.S.I.C.
            Paralelamente, la labor documentalista emprendida desde las primeras décadas del siglo XX por los investigadores sevillanos en el Archivo de Protocolos de la capital hispalense aportaban diversas referencias relativas a Guadalcanal. Iniciada esta labor de exhumación documental por el ya citado Gestoso y Pérez, su línea fue continuada por la labor personal de López Martínez y la de los investigadores agrupados en el entonces recién nacido Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla, con nombres tan señeros para la historiografía artística como Bago y Quintanilla, Hernández Díaz, Muro Orejón y Sancho Corbacho. En el caso de Guadalcanal, las noticias aportadas se centran en los contratos de ejecución de diversas obras de arte para los templos de la localidad, que por desgracia no nos es dado contemplar a causa del aniquilamiento sufrido por su patrimonio artístico en los trágicos días de julio de 1936. La mayoría de los encargos se suceden a lo largo del siglo XVI, época dorada para la actividad artística en Guadalcanal, cuando a causa de la inyección económica que supuso tanto los caudales procedentes de los emigrantes a Indias como la actividad de las minas de plata, se prodigaron las fundaciones piadosas polarizadas en torno a las iglesias, conventos y ermitas, para las que no se ahorraron medios en lo tocante a su ornato con preseas artísticas. 

viernes, 5 de abril de 2013

PASEO POR GUADALCANAL - 2

Para los que quieran pasar un buen fin de semana en Guadalcanal, hemos realizado un paseo por los alrededores del pueblo, para que puedan ver como se encuentra el campo, después de las últimas lluvias.

Sobre la alfombra verde, Guadalcanal al fondo... 
...lomas y cerros y la hierba húmeda y...
... el sonido del agua...

...caminos que casi han desaparecido...
 
... verdes olivos, cielo azul, pueblo blanco... 
...y el camino se convierte en estrecha vereda...

... y más adelante, se vuelve arroyo...
... y ovejas tranquilamente pastando...

... y de nuevo Guadalcanal, blanco sobre verde...

.... y la Sierra del Agua, al fondo...

Todo esto lo puede disfrutar, si nos visita este fin de semana... y si no, el siguiente... les esperamos.






EL PATRIMONIO MONUMENTAL DE GUADALCANAL - 3



A través de la Historiografía artística: Aproximación bibliográfica.
                         Salvador Hernández González
                         Revista Guadalcanal año 2004.

Esta abundancia de potenciales fuentes de información no debe hacernos perder de vista que la obra de arte es el documento primario e insustituible para su estudio por el historiador. De ahí que la historia del arte deba construirse no sólo con el trabajo de gabinete en el archivo y la biblioteca, sino obviamente con el análisis de la propia obra, de la que hay que estudiar todo un mundo de aspectos: tema, materiales, estilo, autoría, cronología, génesis, antecedentes, consecuentes, relaciones, influencias, etc., cuestiones que en el caso de Guadalcanal cobran especial interés dada su ya aludida condición geográfica y cultural de cruce de caminos entre Andalucía y Extremadura. Aspectos como la tipología de nuestros templos, soluciones arquitectónicas, repertorios ornamentales, patrimonio mobiliar como retablos, canceles, etc., artes figurativas como la escultura y la pintura, las artes suntuarias en sus diversas manifestaciones como la orfebrería, la rejería o el bordado, han sido desigualmente abordados hasta ahora por la historiografía artística en relación con nuestra localidad.
Por ello, antes de plantearnos nuevos retos y objetivos debemos presentar en esta ocasión, y éste es el objetivo de este artículo, un estado de la cuestión sobre la historia del arte en Guadalcanal, que nos dé idea de los monumentos y obras objeto de estudio, fuentes utilizadas, metodología y aspectos analizados, como un obligado punto de partida para estudios futuros de un rico patrimonio que poco a poco va saliendo de un largo abandono para su uso y disfrute por los ciudadanos.
Si tenemos en cuenta que la Historia del Arte, como disciplina científica independiente de la literatura, la historia propiamente dicha y la arqueología, se consolida a lo largo de los siglos XIX y XX, nos encontramos con que las primeras semblanzas que conocemos sobre el patrimonio artístico de Guadalcanal proceden – dejando aparte las fuentes propiamente archivísticas – de algunas producciones bibliográficas de dichas centurias, que sin ser obras específicamente dedicadas a las Bellas Artes, sí aportan referencias sobre nuestros monumentos, con valor puramente estadístico más que descriptivo. Este es el caso de algunos diccionarios geográficos y guías provinciales que, sin entrar en el análisis de los edificios y su contenido artístico, aportan al menos la nómina de los monumentos existentes en la localidad.
            Ya a fines del siglo XVIII el interés despertado por la Ilustración en torno al estudio de la geografía, la historia y la arqueología había provocado algunos intentos de realización de diccionarios geográficos de España que diesen una visión panorámica de nuestros pueblos, abarcando aspectos tan variados como el medio físico, población, recursos económicos, urbanismo y edificios notables, como iglesias, conventos, ermitas, castillos o restos arqueológicos. Este es el caso del proyecto emprendido por Tomás López, geógrafo real de Carlos III, quien envió una encuesta a los párrocos de los pueblos pidiendo datos para la redacción de su nunca publicado diccionario, del que sólo han visto la luz y en fechas recientes los textos correspondientes a unas pocas provincias, entre ellas la de Sevilla. Pero como sucede en tantas ocasiones, la histórica adscripción de Guadalcanal a Extremadura escamotea su presencia en el volumen dedicado a la provincia sevillana , aunque como compensación, en las respuestas correspondientes a la vecina Llerena se contiene algunas alusiones a Guadalcanal, referidas a aspectos geográficos y paisajísticos evidentemente ajenos a nuestro tema . Otro proyecto, marcado igualmente por este afán descriptivo de la realidad local en vísperas de la crisis del Antiguo Régimen y felizmente llevado a término fue el Interrogatorio promovido por la Audiencia de Cáceres en 1790, en el que se recoge, atendiendo a cuestiones similares a las planteadas por el geógrafo Tomás López, la situación de las localidades extremeñas a finales del siglo de la Ilustración, y cuyos textos, conservados en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres, han visto la luz hace algunos años, como los correspondientes al partido de Llerena . De las poblaciones antaño extremeñas y hoy adscritas a otras regiones sabemos que también se han publicado sus correspondientes informes  , entre los que desde luego figura Guadalcanal, aunque no hemos tenido la oportunidad de poder manejar esta obra. Como tampoco hemos conseguido ver la descripción que de nuestra localidad hace en el siglo XVIII el franciscano Ortiz de Tovar, natural de Hornachos, en sus Partidos triunfantes de la Beturia túrdula, cuyo manuscrito, conservado en el Monasterio de Guadalupe, e inicialmente publicado por entregas en varios números de la revista Guadalupe, fue finalmente editado en un solo volumen, en el que al igual que en el Informe de la Audiencia de Cáceres, deben contenerse con seguridad datos de gran interés para las cuestiones que nos ocupan y de los que esperamos poder disponer para otra ocasión.

martes, 2 de abril de 2013

PASEO POR GUADALCANAL

Aprovechando la tregua que la lluvia nos ha dado hoy en Guadalcanal, les ofrecemos algunas fotografías de fuentes y regajos, que hemos sacado en la tarde del 2 de abril.

Junto a la Cruz del Puerto de Llerena el verdor y al fondo tierras
de Extremadura.

Guadalcanal, con la sierra del Agua, al fondo

Pilar de la Cava...

... y el antiguo lavadero del pilar de la Cava

Agua bajando por el camino del Piojito




Chorro de agua de la fuente de la ermita de El Cristo

Agua bajando de El Cristo

Nueva incorporación de agua al camino

Fuente de El Piojito


El agua llegando a la Clica...

...que entre rocas, desaparece al llegar al Berrocal Chico...

...y la volveremos a ver al incorporarse al arroyo San Pedro

Fuente de la calle Berrocal Chico

Fuente de la Plaza de España