sábado, 11 de septiembre de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 30


Amigo Francisco, me deja Usted muy sorprendido —dijo Cervantes—, aunque no me extraña que con estos hechos se incremente el fervor religioso de las gentes y suceda lo que estoy viendo en Andalucía en los últimos años, la aparición de nuevas Cofradías de Semana Santa con sus nizaranis (59).

—Aquí en Guadalcanal —intervino Diego Funes— actualmente tenemos tres cofradías: la de la Veracruz, fundada recientemente, que está en la iglesia del Hospital de los Milagros; la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en la iglesia de San Sebastián, fundada en el 1504, y por último, la de la Soledad y Santo Entierro, que fundaron en 1508 y cuyas imágenes podrá ver en su Convento si finalmente mañana acudís como deseáis a visitar a los franciscanos. (60)

—Francisco —solicitó con interés Jerónimo Ortega— contadle a don Miguel, la historia del Cristo crucificado.

—Pues verá Vuesa Merced, mi abuelo Diego se marchó a las Indias en 1527. Mi padre que estaba con él, en uno de los viajes que hizo, trajo un regalo para mis tías que le había hecho su padre. Este regalo era un Cristo crucificado de tamaño natural. La imagen estuvo unos días en casa de mis tías, hasta que éstas hablaron con el párroco de Santa María, ya que ellas querían que se pusiera en el altar mayor en el lado del Evangelio y además pretendían que se sacara en procesión el Jueves Santo, por todos los familiares que estuviéramos residiendo en Guadalcanal. Cuando a el Cristo lo expusieron en la iglesia, las personas que lo vieron observaron que en la espalda había como un compartimiento cuadrado pegado y retocado. Eso fue motivo de levantar caramillos en el viento (61), diciendo que por ahí habíamos sacado el oro que la imagen traía. Nuestro temor era que le pudieran llamar el Cristo del Oro, pero no fue así porque al final le llamaron el Cristo de las Aguas.

—Amigo Francisco —preguntó sonriendo Cervantes— ¿qué hay de verdad de esa leyenda?

—Yo aún no había nacido cuando sucedió esto. Nunca llegué a ver el famoso oro, y mis tías nunca me contaron nada que pudiera aclararnos la veracidad de esta historia.
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(59) Nazarenos (Nota del Editor)

(60) Actualmente, tanto las imágenes de estas cofradías, como las surgidas posteriormente: Cristo de las Aguas y Cristo de la Humildad, se encuentran en la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción de Guadalcanal. (Nota del Editor)

(62) Chismorrear, levantar habadurías. (Nota del Editor)

jueves, 9 de septiembre de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL 29


El caso es que María Ramos, que así se llama pues aún vive, se fue a las Indias en busca de su marido Alonso Hernández, del que hacía un tiempo no tenía noticias. Después de buscarlo por todas partes, al final lo encontró viviendo con otra mujer, por lo que tuvo que buscar cobijo con unos amigos. María que es de una elevada virtud y piedad y además muy devota de la Santísima Virgen, cuando llegó el domingo, pidió a sus amigos un lugar y una imagen para rezar el rosario, cosas ambas, de las que en su extensa casa sus amigos carecían. Sin embargo le dijeron, que por alguna parte, debía de haber un cuadro que hacía muchos años les habían pintado de la Virgen del Rosario. María Ramos revolvió Roma con Santiago y al final, en un armario, encontró un envoltorio, donde muy difuminadas, se podían ver algunas manchas y sombras de lo que en su día pudo ser la imagen de la Virgen. Estiró la desmejorada tela con un bastidor de caña y colocó el cuadro en la habitación de paja que le habían dejado. Allí reunía desde entonces a la familia todos los días para rezar el rosario.
Sucedió que el día de San Esteban de 1586, cuando marchaba a visitar a una pobre vieja, un niño indígena les gritó: ¡Miren!; ¡Miren!. Y al volver la vista vieron que todo el cuadro estaba arrojando rayos de luz. Cuando entraron en la casa, quedaron sorprendidas al ver que habían aparecido con todo su colorido, las tres imágenes que existían originariamente en el cuadro. (58)
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(58) Efectivamente, este hecho sucedió en Chiquinquirá en el nuevo Reino de Granada en la Pascua de Navidad, el día de San Esteban (26 de diciembre) del 1586. En 1588 se formó un Tribunal Eclesiástico que examinó el Milagro. Curiosamente el poeta y sacerdote natural de Alanís, Juan de Castellanos, formó parte de este Tribunal. En 1623 María Ramos tomó el hábito de las Dominicas Terciarias, muriendo pocos años después. (Nota del Editor)

martes, 7 de septiembre de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 28


En el Mesón de El Toro sigue el animado parlamento.

—Don Miguel, es la hora de las Ánimas —advirtió Francisco Muñoz— si queréis ver al señor Freire, ahora tendréis la ocasión de encontrarlo en la iglesia de Santa María.

La respuesta de Cervantes sorprendió a sus compañeros.

—Saben, ahora lo que me apetece, es saborear de nuevo ese magnifico vino de Guadalcanal y seguir charlando con ustedes. Por cierto, joven Francisco, en Italia no tuve ningún hijo, pero en 1585 si nació mi hija Isabel (56).

Tras el sonido de las campanas de la iglesia, otro ruido menos afinado irrumpió desde la calle en el solitario salón que a estas horas ya solo ocupaban nuestros amigos, los poetas y una somnolienta mesonera. Un hermoso ejemplar de carnero con un inmenso cencerro abría la marcha de un rebaño de ovejas. Un gran perro acompañaba al pastor.

Francisco Muñoz, dirigiéndose a todos les dijo.

—Ahora que veo las ovejas, me ha venido a la memoria lo que me ocurrió el invierno pasado. Me había levantado pronto porque tenía que ir a visitar a un familiar a Fuente del Arco. Aún no era de día cuando atravesé el puerto de Llerena. A poco de pasar el cruce del camino que se dirige a la ermita de Nuestra Patrona, vi acercarse, lo que parecía un ejército con mil ojos reluciendo en la noche. Estaba a punto de dar la vuelta y salir corriendo, cuando me percaté de que era un rebaño de ovejas que se había escapado del redil y del que en la negrura de la noche sólo se veían sus ojos (57)

Tras las sonoras risas de los presentes, continuó Cervantes preguntando.

—Me decían Ustedes antes que han marchado muchos vecinos a las Indias y si eso es así me pregunto: ¿qué hacen ustedes aquí?

—Yo ya estuve allí —le respondió Jerónimo Ortega— en el año 1570 y también dos años después, y pienso volver junto a mi padre. Francisco y Diego se lo están pensando.

—La emigración ha disminuido mucho en los últimos años, —continuó Jerónimo Ortega— cambiando además el destino, últimamente está creciendo el número de personas que eligen Perú, la mitad de los que marchan van allí y el resto se reparten entre Nueva España y Tierra Firme.

—No sabía yo —dijo Cervantes— que Perú estuviera cogiendo ese auge, habrá algo allí que atrae a las personas.

—Muchas veces —añadió Diego— el destino se elige en razón de que allí esté ya algún familiar o amigo.

—Francisco Muñoz dirigiéndose a Cervantes le preguntó: ¿no le han contado lo que le sucedió a una paisana nuestra, que se marchó a las Indias.

—Sorpréndame, amigo Francisco.

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(56) Efectivamente en las relaciones que tuvo con Ana de Villafranca, más conocida como Ana de Rojas, casada con Alonso Rodríguez, nació una niña a la que pusieron el nombre de Isabel. (Nota del Editor)

(57) En el capítulo XVIII de la primera parte de El Quijote, cuenta Cervantes un episodio parecido. (Nota del editor)

domingo, 5 de septiembre de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 27


El martes de carnaval de 1476 se enfrentaron el Comendador de la Orden de Santiago don Alonso de Cárdenas, para quien fue la victoria y el general de los vencidos fue don Enrique de Guzmán, duque de Medina Sidonia y conde de Niebla, el hombre más poderoso de Andalucía en aquella época.

—Aunque realmente los habitantes de la villa fueron neutrales en la contienda y se limitaron a ayudar a unos u otros —aclaró Francisco Muñoz. (53)

En la plaza, frente al Palacio del Comendador en obras, el arrullo del agua que manaba del venero horadado en el suelo, se vio de pronto interrumpido por el toque de Ánimas. La campana de La Orden (54), avisaba a todos de lo avanzado de la tarde.

En la ovalada explanada de tierra, circundada por cantos rodados de distintas medidas, se ve cruzar a dos ancianos que discuten mientras caminan hacia la iglesia de Santa María. Con su encorvada espalda por los años, el más alto de ellos se adelantó a su compañero, que apoyado en su bastón le seguía, sin que su ligera cojera fuera impedimento para su persecución. El propósito que llevan es hablar con el párroco para fundar una nueva cofradía, para la que van a solicitar la imagen del Cristo de las Aguas que existe en la parroquia. (55)

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(53) En la noche del martes de carnaval de 1476, sucedió este hecho que han comentado, que creemos interesante de ampliar. No se conoce la cifra de las bajas, pero sí quienes combatieron y el botín que quedó en manos de los vencedores: casi 200 caballos, más de 300 acémilas, 700 libras de plata y algunos collares de oro.
La victoria fue para don Alonso de Cárdenas, el comendador de León de la Orden de Santiago, que jugaba en campo propio, ya que Guadalcanal no era tierra de Sevilla como las otras localidades de la comarca, sino que pertenecía al señorío de la Orden de Santiago.
Todavía fue mayor de lo que esperaba Don Alonso la imprudencia del Duque, que entró en Guadalcanal cerrada ya aquella noche consagrada por los habitantes a la algazara, haciénles con la llegada de los andaluces enojosísimo el intempestivo hospedaje, que los vecinos debían de ofrecer a los soldados.
Llegó el Comendador con mil hombres, atravesó el monte sin guarda alguno; envió unos exploradores al pueblo, donde vieron que reinaba la soledad y el silencio. Entró el Comendador en la villa, dispuso un minucioso registro en busca de sus adversarios, e hizo sujetar con anillas de hierro los muchos cerrojos que tenían las puertas del pueblo, para que no escaparan.
Penetró él personalmente en la casa donde se hallaba el duque con veinte amigos jóvenes que habían estado cenando y bebiendo con él, echó abajo las puertas y empezaron el ataque y la defensa, en cuanto los amigos del Duque pudieron coger las armas.
“... ya resonaba por todas las calles terrible estruendo y gritería, los sevillanos se abrían paso peleando y corrían a casa del Duque, algunos guiados por la luz de los faroles, cargaban sobre los enemigos; otros valientes jóvenes, medio borrachos, no rehuían la lucha, antes más osados, como más ignorantes del peligro, atravesaban combatiendo las calles atestadas de enemigos bien armados. Entretanto, el Duque sin ser reconocido, quedó tres veces prisionero y otras tantas en libertad, luego que, según la costumbre española, declaraba haber entregado ya a otro su espada...”
Se rindió el caballero que le acompañaba, que era de Jerez, a fin de darle tiempo a huir y así lo hizo el Duque a quien iba guiando entre la oscuridad un leal vecino, que le tuvo que prestar su propio calzado porque a don Enrique le era imposible caminar de otro modo por aquellas asperezas. Encontraron a un jinete que cabalgaba hacia Alanís, que reconociendo al Duque le cedió su caballo.
H.ª de los Reyes Católicos B.A.E. vol. 70 (Madrid 1878) cap. 40: “De cómo el Duque de Medina... entró en el Maestrazgo...” pág. 596-597. (Nota del Editor)

(54) Esta campana se compró siendo cura párroco Gonzalo Pineda, en el año 1530. (Nota del Editor)

(55) No sabemos el resultado de esta posible entrevista con el párroco de Santa María, pero no fue hasta el año 1867 cuando se fundó la Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de las Aguas y Nuestra Señora de los Dolores. (Nota del Editor)

viernes, 3 de septiembre de 2010

CERVANTES EN GUADALCANAL - 26


Pliego seis

Cervantes se acercó una pequeña olla donde la mesonera había traído un líquido caliente muy aromático, apartándose con el cazo una porción se la acercó a la nariz y pudo percibir un fragante olor.

—¿Qué es? –dijo Cervantes.

—Me lo acaba de mandar mi padre de Chanchamayo (Perú). —dijo Jerónimo Ortega. Es una especie de haba gris que a instrucciones mías y dada la ocasión especial que se nos brinda hoy con su visita, acaba de tostar en el fuego el mesonero, después la ha molido y cocido en agua del Pilar de la Cava, y el líquido lo ha colado y dejado en reposo.

Cervantes se acercó el vaso con el líquido negruzco. Por fin lo probó e hizo un gesto impreciso de no saber lo que estaba bebiendo.

—Tiene un sabor amargo, no lo había bebido nunca —exclamó. (50)

—Todos lo estamos tomando por primera vez —dijo Jerónimo Ortega. Y volcó sobre su garganta el tazón de barro rojo que sostenía.

De nuevo la mesonera se acercó a la mesa, esta vez provista de un plato con dulces, que ofreció a los cuatro hombres.

—Pruebe Don Miguel estos gañotes que seguramente no lo ha hecho nunca —dijo Francisco Muñoz.

El dulce que ofrecía Francisco, era típico de la villa y aunque normalmente se hacía en la Semana Santa, últimamente la señora Angelita, que vive en la calle de los Olleros, los seguía amasando el resto del año. El apetitoso manjar estaba frito en el aceite de oliva de la villa y regado con miel recolectada en la Sierra del Viento.

—No me dejan de sorprender, en verdad que tienen un sabor exquisito, me lo apunto para recomendarlos a mis amigos de Sevilla. Me han gustado la décima y el poema, —dijo D. Miguel— estos vecinos vuestros tienen buena péndola, no como Lope, que se parece a el sastre del cantillo (51). Bien, ahora lo que hace falta es que la mesonera abra la botillería y nos traiga un chinchón.

—Calle y que no le oiga nadie —le dijo Jerónimo— estando como estáis en Guadalcanal tenéis que probar el auténtico anís Flor de la Sierra que se destila aquí. En todo caso, si no le gusta el dulce, le permitiremos que se tome un cazalla seco, de la vecina villa de Cazalla de la Sierra.

—Bene quiden (52) —respondió Cervantes— saboreando con la mirada el liquido transparente que sus amigos le servían ahora en una pequeña copa de metal.

Mientras tragaba con lentitud para retener en su boca los aromas de flores silvestres que contenía el preciado licor, exclamo como un suspiro:

—Uhmm... pienso que en esta villa tan tranquila se ha de vivir muy bien.

—No lo crea don Miguel —dijo Francisco Muñoz— por tener hemos tenido hasta batallas dentro de nuestras murallas.

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50) En este momento Cervantes está asistiendo quizás a una de las primeras degustaciones del Cafeto en España, que a partir de 1600 se difunde oficialmente por Europa, conociéndose con el nombre de Café.

(51) Aquí se vuelve a notar lo poco que le agradaba Lope de Vega, el refrán se dice del que además de trabajar sin provecho, incurre en gastos. (Nota del editor)

(52) De acuerdo. (Nota del editor)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

EDIFICIOS MALTRATADOS - 1



Si existe un edificio en Guadalcanal que debería ser mimado, éste tendría que ser el correspondiente al Ayuntamiento de la Villa. Sin embargo, es uno de los más maltratados del municipio. Para muestra, un botón.

Construido a principios del siglo XX sobre el solar de lo que fue el palacio del Comendador de la Orden de Santiago, su fachada principal se encuentra en la Plaza de España y la trasera en los antiguos corrales del palacio, hoy ocupada por el magnífico paseo del mismo nombre.

En las Normas Subsidiarías Municipales figura como Nivel de protección II, por lo que cualquier obra deberá ser autorizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

En los últimos tres años se han realizado una serie de actuaciones en el edificio, que ignoramos si han sido autorizadas por Cultura, pero si miran las fotografías que forman parte de este artículo, observarán el maltrato recibido por este edificio del Ayuntamiento de nuestra villa.

En primer lugar podemos observar el plano correspondiente a la fachada lateral del Ayuntamiento, en él podemos ver la continuidad de los balcones y puerta a lo largo de toda la fachada. Sin embargo, como pueden ver en la fotografía actual, no sólo han cambiado balcones por ventanas, además la nueva fachada construida no coincide con la anterior, al igual que los aleros del tejado.

En esta otra fotografía del proyecto original podemos ver como debería quedar la fachada posterior y en la fotografía actual, como la han dejado. No necesitan comentarios.

La pregunta que nos hacemos es: ¿qué arquitecto ha firmado un proyecto en estas condiciones? Cómo es posible que un edificio emblemático de Guadalcanal pueda recibir este maltrato.

En la parte interior podemos ver lo que era un bonito patio de luces en el año 2006, en esta otra fotografía actual, vemos como ha quedado, después de instalar un ascensor en el mismo centro del patio. También en esta planta baja existía una sala de exposiciones, que ha sido troceada hace pocos días.

En esta última fotografía vemos el aspecto de la puerta principal de entrada, llena de papeles informativos (ha estado mucho peor en otras ocasiones). No entendemos que existiendo paneles informativos en el interior, haya que empapelar la puerta. Así ocurre que ya hemos visto la fachada del edificio de San Vicente, empapelada con las tapas que ofrece el bar que está instalado en su interior y en la fachada de la iglesia de Santa María, anunciando los actos de Nuestra Patrona.

CERVANTES EN GUADALCANAL - 25

Ahora me gustaría que oyera lo que yo he escrito —dijo el poeta.

—Naturalmente —dijo Cervantes.

O le falta al Amor conocimiento
o le sobra crueldad, o no es mi pena
igual a la ocasión que me condena
al género más duro de tormento.
Pero, si Amor es dios, es argumento
que nada ignora, y es razón muy buena
que un dios no sea cruel. Pues ¿quién ordena
el terrible dolor que adoro y siento?
Si digo que sois vos, Fili, no acierto,
que tanto mal en tanto bien no cabe
ni me viene del cielo esta ruina.
Presto habré de morir, que es lo más cierto:
que al mal de quien la causa no se sabe
milagro es acertar la medicina.

—Muy buenos versos —dijo Cervantes— ni Lope los hubiera escrito mejor, aunque no sea santo de mi devoción.

—Pues si le ha gustado la décima y el poema, puede quedárselos Vuesa Merced —le ofreció orgulloso el trovador.

—Gracias, buen amigo. Y si me preguntan, ¿quién digo que ha escrito este poema?

El poeta retirándose contestó:

—Diga que son de José Alba, un poeta de Guadalcanal. (49)

Cervantes se guardó la décima y el poema en su bolsillo mientras volvía a agradecer a su nuevo amigo el generoso detalle.

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(49) En el capítulo XXIII de Don Quijote de la Mancha, en la aventura de Sierra Morena, encuentran un librillo donde aparece este poema. (Nota del Editor)